La Verdad
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Autor: Mar Peté
“To be or not to be”
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Mar Peté | 18-02-2018 | 11:38| 0

hoihCon todo este lío en el que nos han metidos los políticos, resulta que es obligatorio posicionarse: constitucionalista, antiespañol o viceversa. Somos anti o somos fan de lo que sea. Y si soy muy de Facebook me tengo que pelear con los muy de Twitter, si soy de cañas no puedo ser de vinos, o eres de láser o eres de pelindris a lo loco, antiApple o antiandroide y así hasta el infinito.

Pues yo no tengo el cuerpo para estas guerrillas callejeras con las que nos quieren liar. Si es que es imposible tenerlo todo tan tan claro, porque si un día voy y digo: “Contigo pan y cebolla”. ¿Y qué, si mañana la cebolla se me atraganta? Pues eso, que el bocadillo me lo tendré que hacer de sintigo y sin cebolla. Para mí que hay días para todo, noches para lo que no era todo y fines de semana para lo contrario o más. Tal y como están las cosas, tampoco es plan de cerrarse en banda y a cal y canto contra la cara B de la vida, y ojo, que esta suele ser menos previsible y más recomendable, ¡si lo sabré yo…!

Lo cierto es que reconozco que para algunas cosas sí que soy muy de posicionarme y no hay quien me convenza. Entre un fin de semana de limpieza a lo Maruja total y un plan de planazo de lo que sea, nunca he tenido la menor duda: la escoba, el aspirador y el estropajo pueden esperar a una mejor ocasión contra una chupipandi metiéndome presión desde el grupo de WhatsApp, lo siento, pero es imposible resistirme. Hay momentos en los hay que estar sí o sí, porque igual va la vida y me da un giro total. Estoy muy segura que por pasar o no el plumero no creo que me cambie mucho el destino.

Hasta hace poco no me había dado cuenta de lo fan que me he vuelto del “amor-in-love”. Y lo supe cuando me noté la piel erizada viendo a la parejita de Operación Triunfo en ese te beso y te rebeso, en ese toco el piano y te hago ojitos, en ese te canto y me derrito… Y oye, que cada vez que sale la escena, me remuevo como una tonta. Vale, lo acepto, ¿que pueden ser un poco cursilones? ¿Que estaba cantado que iban a ganar y volarían para Eurovisión? A ver, ¿y qué pasa con eso? Quizá sea esa ingenuidad tan ingenua, esa juventud tan que ni han ido ni han vuelto aún de ningún sitio… ¿Será que nos están dando un aviso a navegantes? Y ya puesta, yo me pregunto: ¿Yo soy más del amor ilusionado o del amor hormonado? ¿Soy de enamoramiento made in OT o de hormona made in Hombres, mujeres & viceversa? Decidido, la música y el amor siempre han hecho mejores migas en mi intelecto que esa fusión entre hormonas, ninguna neurona y tantísimo instinto musculoso primario.

Y vuelta a tomar decisiones, y venga a tener que elegir: Barsa-Madrid, París-Nueva York, sushi-pizza, Juego de tronos-Friends, madrugar-trasnochar, vegana-McDonald, enamoradiza-aquí te pillo, aquí te mato… ¡To be or not to be, qué dilema! Pues yo no pienso cerrarme puertas ni me lo voy a jugar a los chinos cada vez que la vida me ponga en situación. Pero eso sí, no me hagas elegir entre tú y él, porque entonces ahí sí que la hemos liado. Lo sé, hay momentos que como tú ninguno; pero lo siento, él también tiene un puntazo que me tiene arrebatada. Tranqui, que con este corazón mío tan grande, seguro que tengo para todos, para ti, para él y para… ¡No me pongas a prueba que te asustarías de lo mucho que soy capaz!

Reconozco que a veces me he visto en situaciones en las que tengo que tomar una decisión, porque no puedo vivir siempre en un “happy day” eterno. Para esos casos mi truco secreto es infalible:

-Estoy fatal de los fatales, no paro de llorar desde que lo dejamos. Y encima hoy es sábado. Solo de pensar que él estará de copas y de risas me dan ganas de autoindependizarme debajo de la manta de mi sofá y embruselarme para no volver nunca jamás…- Así es una mejor amiga en duelo total.

Y de pronto, justo en ese mismo momento, me saltan todas las alarmas del móvil y vas y me bombardeas con una romantinvitación con cena, velas y… ¡Horror, se me amontonan las emociones! ¿Mi amiga en duelo o mi amor platónico en modo cenita? Y entonces mi truquillo secreto entra en acción. Cierro los ojos, me dejo llevar y me pregunto: ¿Qué habría hecho la niña que un día fui? Resuelto. Voy, cojo mi pijama de Piolín, dos bolsas de palomitas, una tableta de chocolate y un capazo de amistad a rebosar. La decisión está tomada.

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¡Será el corrector!
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Mar Peté | 11-02-2018 | 10:49| 0

juegossexualesenpareja-jpg_99028046Pasadas las fiestas de Navidad, las rebajas y algún que otro sarao, el año amoroso con mayúsculas queda oficialmente inaugurado con la macrocelebración del bendito san Valentín y sus corazones atravesados por las flechas de Cupido. A partir de este día se da el pistoletazo para dejar fluir los sentidos, para que los sentimientos encuentren su propio espacio en mi tontuna mental que tan bien me sienta y para que, si no me regalaron algo de la lista de Reyes, aún pueda tener la ilusión de ese caprichito pendiente.

Reconozco que en más de una y en más de dos ocasiones yo he llamado amor a lo que el de enfrente llamaba calentón, jugueteo, cruce de intereses… Y claro, así me he quedado luego, con cara de gilicapullina. Pero esta vez no me van a pillar de panoli, que no, que estoy haciendo un máster sobre las cosas del querer, nada de ir de cándida para salir siempre trasquilada. Y en estas estoy, así que lo primero es hacer un estudio de mercado del enamoramiento para a ver cómo está el asuntillo.

-Mira, me ha mandado un mensaje, ¿qué le respondo?- le pregunto a mi compi.

-¡Pero si aquí pone: “Haver” si nos vemos pronto!- me responde pegando el dedo en la pantalla del móvil hasta atravesarla.

-¡Uy, pobre! Será el corrector…- le digo la mar de convencida.

-Mmm, ¡tú estás enamorada hasta las trancas!

Pues lo cierto es que quizá lleve un muchito de razón, solo la ceguera del amor me va a hacer que no le corrija esta ortografía, porque si no fuera por eso, le doy con un diccionario en la sesera y, por descontado, se queda sin cita.

Y contesto que sí y… horror, ¡me anuncia cena de sushi! A escondidas, en el bolso, me llevo un bocata de jamón porque esto de las algas y los pescados crudos me da repelús y con tanto anisakis por el mundo, capaz soy de que, después de la cena, cuando llega lo bueno, va y me da un correcorre y la fastidio. A mí el jamón ibérico nunca me ha traicionado y hoy, pienso serle fiel.

Y cuando llego… ¡el sushi sin preparar!

-¡Sorpresa! Nos ponemos un You tube y ya verás, es facilísimo.

Madre mía, este es hasta capaz de buscar en Internet un tutorial para amasar también la escenita del sofá. No sé, esto me empieza a oler a chamusquina. Ahora o nunca. Me quedo o me largo. Y de pronto, en la radio de su cocina Camila Cabello nos canturrea y zarandea con su deliciosa Havana, y zas, sus manos se pierden por mi espalda y mi voluntad, tan discreta como siempre, se esconde en mi bolso con la plena intención de no volver a salir de allí en lo que queda de noche.

La otra prueba del enamoramiento es infalible. Nada como sorprenderme acariciándole los pies ¡y sin calcetines! Jamás de los jamases he sido capaz de tocar los pinreles de un tío si su corazón y el mío no han hecho buenas migas; que no, que yo soy de las que como no haya tontitis amorosa, me da asquillo. Y aquí estoy, jugueteando con su dedo gordo, mientras que al mismo tiempo ando buscando a mi sensatez que, por lo visto, desde que este me ronronea ha dejado la plaza desierta y a cambio me encuentro con un buen puñado de locura aderezada con una pizca de imprudencia y un mucho de ese candor con el que solo el amor es capaz de colorear las ilusiones.

A decir verdad, me queda superar una prueba irrefutable de que estoy enamorada. Cojo el móvil y reviso todas las fotos y selfies que me he hecho desde que este me tontea. Las agrando, las recorto, le pongo y le quito filtros… y no falla, en todas estoy bellezón nivel divina. Ese brillo en los ojos, esa mirada coqueta, ese postureo tan desvergonzado…

-No le des más vueltas, nena, estás colada hasta las trancas. ¡Pero si desde que le conoces ya no envías whatsApps, toda tú eres un emoticono de ojitos de corazón!

Hace tiempo que decidí que a mí el 14 de febrero jamás me iba a dar dolor de cabeza y, lo curioso del caso, es que desde que la borré de mi calendario de fechas innombrables, no ha pasado ni un solo año sin que mi corazón haya tenido algo por lo que retozar. Si es que no falla, unos se acuerdan de santa Bárbara cuando truena, pero yo, en cambio, como me paso todo el año convocando a san Valentín… pues eso, que el  buen hombre me está tan agradecido que aquí me tiene, comiéndome un bocadillo de jamón, bailando en la cocina, poniendo caritas de enamorada delante del móvil y abrazada al del corrector, que ya verás cómo, tarde o temprano, le pongo yo a este la ortografía mirando para Cuenca.

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Ex-cupido
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Mar Peté | 04-02-2018 | 11:05| 0

images-10Un año más, y sin posibilidad de escapatoria, ya están aquí las cuñas publicitarias convocando a Cupido, a san Valentín y a toda su corte celestial. Veladas románticas por aquí, cenas con velitas por allá y noches pastelonas sí o sí… A ver quién es el guapo que se atreve a buscarse una excusa y eludir la cita, vamos, que te la juegas de todas todas. A no ser que así tengas por fin el plan perfecto para dar por terminado oficialmente lo que para ti había finiquitado hace ya tanto que ni te acuerdas. Entonces ponte una reunión de trabajo o pídele a las fuerzas del universo que haya un partidazo de Copa, de Champions o de lo que se te ocurra y… ¡aleluya, por fin verás cumplidos tus sueños y tu pichurri te dará un patadón de ida y sin vuelta!

La cosa es que así contado hasta parece que voy de aguafiestas y de antirromanticismos. Qué va, yo por una cenita en restaurante francés y puesta de sol incluida en el IVA, soy capaz hasta de cambiar mi estado en el móvil y poner corazones entrelazados llenitos de purpurina. Pero lo cierto es que estamos muy necesitados de que se declare el día oficial de los ex. Exijo al mundo virtual y al Corte Inglés que podamos salir a la calle, reservemos mesa y celebremos que somos ex, ¿habrá cosa más morbosa que tener pasado? Vamos, que a mí me viene uno sin currículo sentimental y me faltan piernas para salir corriendo, porque  digo yo: ¡¿qué habrá estado haciendo este hasta ahora?! Yo ya estoy autorizada en esta vida para poder contar batallitas y hasta alguna que otra guerra de fuego cruzado. Y  lo que un día fue el dramón del siglo, curiosamente, el tiempo termina transformándolo en unas risas entre amigos y cervezas. Y si no me sonrío al recordar, seguro que me troncho la próxima vez que vea pasar al ex y me quede en shock al descubrir en lo que se ha transformado, porque no falla, no tengo ningún ex que haya mejorado, sino todo lo contrario, ¿será que mientras estaban conmigo era yo la que necesitaba gafas y ahora he recobrado las dioptrías que me hicieron perder?

Decidido, es urgente revindicar el Día de san Ex-cupido y así, en una sola velada, nos desahogamos para el resto del año y quedamos libres de toda esa tirantez que nos persigue mientras cotilleamos las fotos de los contactos del teléfono y se nos aparece él. Lo siento, pero es que no me puedo contener. Ya sé que lo más fácil sería borrarlo, bloquearlo e incluso darlo por muerto, pero es que a mí lo fácil no me pone. Yo soy más de sufrir en bajito, porque eso sí, este no me va a ver llorar a mí ni queriendo, pues no somos nadie yo y mi orgullo, como para darle gratuitamente de comer a su ego y a sus testosteronas del rencor…

El día de san Ex-cupido me comprometo a concentrar toda mi mala sangre y mis peores deseos para que no me queden resentimientos por ahí sueltos y sin purgar. Acepto que a partir de esa cena no puedo maldecir a ningún ex hasta el año próximo. Pero eso sí, pienso echar por mi boca todos los maleficios que me dé la gana sin temor a que se vuelvan contra mí. Así que, a uno que yo me sé, estoy deseando que la próxima vez que le tire los tejos a una y esté en lo apasionado, entre beso y beso, se le escape mi nombre y no se dé ni cuenta. A otro que me viene ahora a la cabeza, nada mejor que tome de su propia medicina y que cuando vaya a peinarse note que el peine se le atasca en la frente y que el casco de la moto se tropieza con la cornamenta que le corona. Y por descontando, está mi ex por excelencia, a ti te deseo que cada vez que te creas que tu vida es mucho mejor desde que ya no estás conmigo, entonces, quiero que encuentres un pelo mío debajo de la almohada, una foto de nosotros dos riéndonos de tanto amor y que aparezca en tu pantalla mi último WhatsApp, sí, ese que te llené hasta el infinito de emoticones con ojitos de corazón y que tú jamás contestaste.

Pero oye, que yo hace tiempo con todos estos pasé página y hasta cambié de libro. Aunque lo cierto es que a veces a mis pordentros les sale la vena resentida y vengativa. Juro que os tengo a todos curados, perdonados y sin rencor, pero eso sí, jamás olvidados, que una recaída con un ex–cupido es lo peor de lo peor, por eso, lo mejor, y por vuestro bien, es  guardaros este pelín de resquemor.

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Solamente una vez
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Mar Peté | 28-01-2018 | 10:13| 0

llkAnda que no le gustan a mi abuela los boleros, para mí que son lo mismo que lo que viene a ser hoy una serie pastelona, pero en versión pasional y requeteaprisionada. Lo cierto es que cuando me figuro a mi abuelo susurrándole al oído un: “Bésame, bésame muuucho…”, o ese irresistible: “Dos gardenias para ti…”, a ver quién es la guapa que se puede refrenar ante tanto ímpetu, que yo bien que me los imagino ahí a los dos acaramelados, con esa mano ciñendo la cintura de ella y con su mejilla pegada a la de él.

Vistas así las cosas, quizá el secreto está en esto, porque ahí siguen, pasan los años y tan felices que se les ve juntos. La verdad es que no puede ser lo mismo un amor que comienza al ritmo susurrante de boleros, que otro que ve la luz con un machacón hip hop rapeado o con un tío perreando que te quiere a ti y a otros cuatro y todos tan felices, ¡es que no hay color!

Pero si hay un bolero por excelencia es ese que dice: “Solamente una vez se ama en la vida…”, y no veas la de veces que me he preguntado si la frasecita está acertada o si soy yo la que ando equivocada porque con mi currículo sentimental no estoy como para ir tarareando ese eslogan y abanderar con esa melodía mis altibajos amorosos. Aunque lo cierto es que desde hace muchos años no puedo evitarlo y de vez en cuando se me mete en la cabeza el runrún del dichoso bolero con ese “solamente una vez…” Y oye, que digo yo que esta insistencia tendrá su aquél, pero yo es que no se lo encuentro por más vueltas que le doy.

-Parece mentira que con lo expertilla que tú eres en estos asuntos, me vengas con esas -me reprocha una amiga versada en las cosas exotéricas y que siempre le encuentra su punto tridimensional a todo.

-¡Pero si es que yo no me he enamorado ni una ni dos, ha sido cientos de veces!

-Anda, cierra los ojos y cuando yo te diga “enamorarse”, dime quién te remueve la cabeza, el corazón y los pordentros.

Y dicho y hecho, la muy bruja de mi amiga me abrió los ojos y los chacras en un plin. Y sí, fue decir amor y de pronto, sentí que todo tú me asaltaste, me conquistaste y me usurpaste los sentidos. Al cerrar los ojos e imaginarte, de golpe palpité al son de un bolero y con el ritmo de un delicioso te quiero.

-¿Alguna vez volviste a decir a otro te amo lo mismito que se lo decías a él?

Esta vez sí que me dejó paralizada y con la lengua pegada al paladar. ¡Cuántísimas veces he querido volver a trastornarme como lo hice contigo! Me acabo de dar cuenta que la última vez que mi cabeza, mi corazón y mis labios dijeron te amo fue cuando tú, sin soltarme ni una palabra, me lo dejaste tatuado en el alma para siempre. He besado otros labios, pero siempre supe que no eran los tuyos. He acariciado otra piel, pero nunca volvió a ser la tuya. Me han peinado el alma, pero jamás la rozaron como tus dedos.

¡Ay abuelo que vas a llevar razón! “Que solamente una vez se ama en la vida, solamente una vez y nada más…”. Y la tonta de mí que me creía una experta en quereres y asuntillos del corazón y, mírate tú por dónde, que con tanta modernidad y tanto wasapeo nos olvidamos de la sabiduría con fundamento. Porque es que no falla, me imagino a aquellos cantantes, en blanco y negro, entonando esas cosas tan sentidas y poniendo hasta las trancas todos los sentidos en el alma y en el corazón.

Y otra vez que se me ha metido en la sesera el puñetero bolero, y para mí que esta vez ha venido, pero para quedarse, y yo encantada. A partir de ahora pienso enarbolarlo como el himno de mi querer y el que ose ronronearme y esté dispuesto a salir ileso de la contienda, no voy a tener más remedio que susurrarle algo así: “Y cuando ese milagro realiza el prodigio de amarse, hay campanas de fiesta que cantan en el corazón…”. Y oye, que si el tipo en cuestión va y me regatea con un: “Contigo aprendí que puede un beso ser más dulce y más profundo…”. Entonces sí, entonces reconoceré que me ha ganado por la mano, que aunque solamente una vez se ama en la vida, la vida ya se ocupará de hacerme amar todas las veces que hagan falta, que aunque vida sola hay una, y lo nuestro lo pienso llevar siempre conmigo, voy de bolerear con toda mi alma con el que se preste como si fuera la única vez en mi vida.

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Tontilusiones
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Mar Peté | 21-01-2018 | 11:21| 0

kkDicen que esto del amor está muy sobrevalorado, y si lo dicen por algo será, ¿no? También comentan que cuando uno encuentra el amor de su vida no lo cambiaría por nada, claro que eso está bien mientras la otra parte tampoco te cambie a ti por una que pasaba por allí… Pero con quereres o sin quereres, yo soy muy de sobrevalorar esas ilusiones tontainas que me gustaría verlas hechas realidad ¡y luego… ya veríamos cuánto valor les daría!

Yo por ahora te cambio una escena de príncipe trasnochado con rodilla hincada en el suelo y cara de agilipollado prometiéndome infinitas sandeces, que tú y yo bien sabemos que lo más probable es que no se cumplan, por una pintada en un puente de la autovía con tu nombre y el mío y un “TE AMO” en letras mayúsculas, ¡pero dónde va a parar! Si solo de pensarlo me da regustillo por dentro. ¿Tú sabes la de conductores que cada día pasarían preguntándose quién será la suertuda beneficiaria de tal muestra de amor infinito grafiteado para la posteridad? Porque no quiero ni pensar los cataplines que has tenido que tener para colgarte ahí asomado a la barandilla del puente, cuerpo al aire y poniendo en juego tu vida a cambio de darle vidilla a la mía. Vamos, ni media docena de whatsApps en un día de bajón llenos de corazones vale tanto como una pintada de autovía, ¡eso no me lo discute nadie! Fíjate que hasta estaría dispuesta a pedir oficialmente que se declarara monumento artístico internacional a esa pasarela para que así estuviera protegida y ningún descerebrado se le ocurriera pintarrajear encima.

También soy de las que cuando me dicen: “¿Te vienes a…?”, antes de que acaben la pregunta, allí estoy. Reconozco que por un sarao, un plan sin plan, una fiesta y una barra de bar con musiquilla soy capaz de todo y de más. Lo cierto es que hasta mandaría todo eso a paseo, pondría en modo avión mi móvil y me disolvería en la nada, si es preciso, a cambio de tener contigo diez minutos sin hablar pero mirándonos a los ojos, de decirnos sin decirnos y entenderlo todo, que me faltasen las palabras y nos sobraran los motivos, por una chimenea encendida con calcetines de dibujitos y copa de vino en la mano, por sobrevalorar el amor hasta convertirlo en pasión, en revolcón y en vuelta a empezar. Fíjate si estaré tontilusionada que la cabaña en la montaña está ya reservada, las maletas las tengo hechas y aquí estoy, asomada a la ventana con la vista clavada en el final de la calle esperando ver tu coche a lo en Pretty woman y eso que ni tú eres Richard Gere ni yo soy una putita graciosa, pero ¿acaso puede haber algo más bonito que imaginar a cambio de tener el móvil apagado durante todo un fin de semana?

¡Y qué decir de un: “Para toda la vida”! ¿Pero si es que eso estaba muy bien para aquellos tiempos en los que nuestra esperanza de vida era una mierda? Que no puede ser, que no. La ciencia por un lado investigando para que algún día todos lleguemos a los cien años, la dólar-medicina empeñada en que cada vez parezcamos más jovenzanos y así nos dé por operarnos de todo lo que se pueda caer o arrugar y a base de silicona y botox volvérnoslo a poner otra vez para arriba y estirado… Pues eso, que yo no estoy en contra de querernos hasta las trancas y más, ¿pero así de intenso durante cien años? Solo de pensarlo se me cae lo que me había subido y se me estruja todo lo planchado. ¿No sería mejor cada par de años ir renovando los votos? Y oye, que no te digo yo que a lo mejor voy e insisto con el mismo, que una vez que ya nos hemos hecho a los ronquidos del uno y a los pies fríos de la otra… pues igual ya no estamos con el ánimo de actualizar el estado y andar reseteándonos con manías de alguien diferente. Pero al menos, cada dos años habría que desear ganarse la plaza, habría que volver a opositar, a concursar por los puntos, a hincar los codos para que nadie te quite el puesto, a querer volver a querernos, a buscar aquel puente de la autovía y ampliar el “te amo” con un “más que ayer”, a ganarnos el cariño de la otra parte con el sudor de la frente y con misma la pasión o más que cuando me tontilusioné la primera vez.

Pues entre ilusiones, quereres, amores y tontainadas de las mías, tan feliz que voy por la vida a dos palmos del suelo más los quince centímetros de mis tacones, que esos también ayudan en estos asuntillos de amoríos y pasiones.

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Sobre el autor Mar Peté
Contar historias, soñar ilusiones, sentir la vida, compartir sensaciones, descubrir secretos, atravesar lo prohibido... Porque vivir es reír y disfrutar, es contagiarse de la alegría. Porque detrás de cada experiencia siempre hay miles de caminos esperándonos y yo me niego a quedarme quieta. Y como no hay nada como ser el protagonista de nuestros errores y aciertos, de nuestras dudas y de nuestras decisiones, aquí estoy, dispuesta a pasar contigo estos relatos llenos de magia. Un día descubrí que escribir desde lo alto de mis tacones era mucho más divertido y entonces me di cuenta que desde aquí arriba la vida se veía tan bonita que decidí compartirlo. Quizá al leer mi blog te digas: "esto me pasó a mí", "anda, esto me suena", "qué bueno, nunca se me habría ocurrido", "¿será posible que estas cosas ocurran?". Con el deseo de que lo disfrutes cada semana con una sonrisa, de que te haga revivir sensaciones y, sobre todo, para que entre risa y risa, también te ayude a darle vueltas a la cabecita y después salgas a comerte el mundo, antes de que el mundo te coma a ti. ¡Bienvenido al blog "Desde mis tacones"!

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