La Verdad

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Autor: Mar Peté
Tengo cuerpo de viernes
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Mar Peté | 10-12-2017 | 4:35| 0

descargaDicen que el primer día de la semana es el lunes, ¡pero qué equivocados están los que piensan así! Seguro que todos esos son un puñado de amargados que se pasan luego la semana penando y con cara de pocas bromas. ¿Y en qué me baso para tener las cosas tan claras? Pues muy fácil, yo cuando empiezo algo siempre lo empiezo por donde más me gusta, me da el subidón y se ponen las hormonas dispuestas a todo y a más. ¿Que el primer plato no me gusta? Pues empiezo por el postre y así, de paso, me libro de tener que compartirlo con nadie, que no hay cosa que más rabia me dé que ese que te suelta: “Una cucharadita, solo por probar…”. Pues si lo quieres probar, te lo pides. Si te gusta, te lo comes. Y si te lo comes, pues eso, engordas lo mismo que yo y no me dejas a mí con el remordimiento de meterme 1175 calorías y tú solo 25. Así que si vamos a pecar, que pequemos todos, y si no, ni te me acerques.

Bueno, a lo que iba, que empezar a contar la semana desde el lunes es todo un error, es lo mismito que sacar un billete al Caribe en plena temporada de huracanes o apartar la cebolla de la tortilla de mi madre, cuando todo el mundo sabe que ese es el secreto de las mejores tortillas del mundo. Como la semana tiene siete días para elegir, ¿por qué escoger el malo si podemos empezar por el mejor?

-Nada como los viernes, ¡es que tienen un glamour…! Las mejores cosas de mi vida han sucedido en viernes o en casiviernes, porque claro el sábado también tiene su aquél.

Mi vida se cuenta de viernes en viernes. Además mi cuerpo, que es muy sabio, lo nota. Y zas, solo con poner un pie al levantarme siento que se me pone el cuerpo golfo de viernes y entonces, ya sé, a ojos cerrados, cómo vestirme y la falda esa tipo guerrillero que me compré el otro día, toca estrenarla. ¡Y qué decir de los taconazos que me pienso calzar! A mí hoy no me amarga el día nadie, porque no me da la gana. Los viernes saben a risas, huelen a planazo seguro y mi piel se eriza solo de pensar en cruzarme contigo, en ese vernos sin mirarnos y con ese rozar tus labios sin despintar los míos.

Y yo cada viernes me lanzo a comerme la vida, a darme un atracón de calles y a quemar los garitos de copas hasta arrasar. Pero eso sí, un día aprendí a dosificarme, porque claro, si lo doy todo los viernes, ¿qué me queda para el resto del fin de semana? Tengo mi propio plan infalible: los viernes se hace un estudio de campo, se inspecciona a fondo, se tantea el terreno y, con todo eso, me reservo para el resto del finde. Analizo las posibilidades y me lanzo o me retiro a las trincheras si veo que la batalla no merece la pena librarla, esperando mejores acometidas para el resto del fin de semana.

También es verdad que no siempre he tenido las ideas tan claras, ¡qué va! ¡Ay, si la afición hablara! Reconozco que hay más de una y más de dos tardes de esas que mejor no rememorar. Lo bueno de estas cosas es que aquí, el que más o el que menos, ha pinchado en hueso y el pacto de silencio de los días de fracaso funciona… un día por ti y otro día por mí. En secreto, y con la boca pequeña, confieso que tengo un puñado de arrepentimientos con nombre de viernes, sábado y domingo. Pero es que claro, a ver a quién es el guapo que no tiene en su currículum festivo algún que otro tropezón desatinado. Aunque de algunos de esos errores me acuerdo, con otros mi memoria histórica se ha hecho selectiva y me ha ahorrado almacenar detallitos de color de ciertas ocasiones poco memorables.

-Hola…-me suelta uno al pasar a su lado.

Yo que lo miro. Yo que lo remiro. Y la cosa es que no me disgusta, pero de pronto se me enciende las alarmas y se pone en marcha el protocolo de emergencia. Giro mis tacones y sigo mi paso… hasta que siento que me agarra del brazo y me dice:

-¿No me vas a saludar? ¿Es que no te acuerdas de mí?

-Hay cosas en esta vida que prefiero olvidarlas…

Y sigo mi camino, despachada y con la memoria intacta. Que no está una como para que en un viernes le amarguen el resto del fin de semana con una mala reminiscencia tan torpe como minúscula, además de soporífera. Es cierto, hay mucho arrepentimiento de fin de semana, pero también hay mucho triunfo victorioso digno de ser evocado, aunque no relatado. ¡Y hoy es sábado!

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Enredando y sin atinar
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Mar Peté | 03-12-2017 | 10:11| 0

ojYa se acercan las fechas en las que los más valientes, o quizá debería decir los más incautos sabelotodo, van de televisión en televisión vaticinando lo que nos va a deparar el año que viene. Unos, en plan acojone, nos anuncian guerras químicas con finales del mundo incluidos. A otros les pone más el morbo del famoseo y basan toda su sapiencia futuróloga en amoríos y desamoríos de los personajes de más tirón del momento e incluso hasta osan desenterrar del olvido a alguno de esos de los que hace mucho no se sabe nada y así vuelve al candelero, aunque sea a costa de alguna catástrofe nuclear en su vida festivo-amorosa.Es curioso, porque los espectadores, yo incluida, escuchamos todos esos presagios con ciertas dosis de credibilidad, nos escandalizamos, algunos hasta los damos por imposibles, pero en el fondo llegamos a dudar por si pudieran realmente suceder aunque sea solo un poco, no vaya a ser que se cumplan las profecías y a mí, por incrédula, me pille fuera de juego y, como siempre, me pierda lo mejor o termine pringada en lo peor. Pero digo yo, ¿dónde están ahora que se está acabando el año todos esos que auguraban tales tropelías para el 2017? Pues me figuro que más de uno anda escondido y atrincherado en vista de que no dio pie con bola o quizá esté en la fila del INEM porque para este fin de año no creo que lo vuelvan a contratar como adivinador.

Yo no sé si alguno tuvo alguna visión sobre los disparates que iban a pasar en Cataluña, pero estoy muy segura que se habrá quedado corto y eso que aún nos queda por ver cómo salimos parados del 21-D. Pero vamos, si en su bola de cristal ve la cara de Puigdemont haciéndole ojitos, mejor será que la desconecte hasta la vuelta y que el personaje en cuestión se tome su cava y su turrón por tierras belgas, porque estoy muy segura de que el futuro, el presente y el resto de los españoles se lo vamos a gradecer y mucho.

Por lo demás, lo cierto es que las cosas no han cambiado demasiado de un año para otro, o eso parece. Los mangantes aún siguen, aunque ahora parece que merodean más por los juzgados que hace algunos años. Y la Preysler, ahí está ella tan contenta y tan estirada, de piel y de lo otro, como siempre.

La verdad es que con mis pronósticos aún no sé si dieron en el clavo o mi adivina personal desvarió tanto que ni ella misma sabía qué me decía cuando me soltó:

-De tu pasado, volverá. En tu presente estará, sin estar. Tu futuro… llevará su nombre.

Y ale, todo eso así, de sopetón y sin manual de instrucciones. Por culpa de eso llevo yo todo el año elucubrando a ver si ese futurible fuera a llevar la cara de uno que está más que pasado, aplastado y pisoteado… pero sin rencor, ¿eh? Lo cierto es que, a mil gracias, no he tenido la desdicha de cruzarme con su linda cara en todos estos meses.

-No seas bruta- me reprocha mi querida visionaria particular.- El futuro es más sutil, y cuando menos te lo pienses, ¡ya verás como le pones cara, nombre y lo que le haga falta!

Pues sí que estamos buenas, yo estoy ya en una edad que lo de las sutilezas como que no. ¡A mí lo que me gusta es ver y tocar desde el minuto cero!

-Igual el futuro lo tienes más cerca de lo que te crees, pero como andas empeñada en enredar con el pasado…

Pues yo creo que un poquito de razón sí que va a tener, pero no pienso reconocérselo, que a esta le da el subidón y para el año que viene me echa algún conjuro y me chafa los doce meses siguientes.

Por aburrimiento me he puesto a revisar el 2017 de mi móvil, los whatsAaps, las fotos, los mensajitos y ya, cuando llegaba casi al lado oscuro del fondo de armario del teléfono, me aparece tu jeta. Bueno tu carita, tu sonrisa y tu mensaje de felicitación de las Navidades pasadas. Y de pronto me doy cuenta de que, desde entonces, a ese whatsAap le han seguido unos cuantos más. Y sí, lo reconozco, a los tuyos les correspondieron los míos y así hasta ayer mismo que nos llamamos para nada y para todo al mismo tiempo. Y entonces a mí me vienen a la cabeza las palabras de mi predicción del 2017: “De tu pasado volverá. En tu presente estará, sin estar. Tu futuro llevará su nombre.” Y me echo a temblar. Todo se me remueve y el corazón me va a trompicones. Me queda un mes para terminar el año, un mes para no enredar con el presente y atinar más con el futuro.

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Rojo sangre
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Mar Peté | 25-11-2017 | 10:50| 0

images3Lo acepto, es más, no me importa confesarlo, tampoco pienso disimularlo ni una pizca. Esta mañana me he levantado furiosa, iracunda, de mala leche e irascible hasta decir basta. Y eso que aún me duelen los pies y me tiembla la tarjeta del puñetero black friday, pero reconozco que no me pude resistir. Ni con esos miles de trapitos y caprichos de mis compras de ayer se me va a mejorar el humor, qué va. Lo grave de todo es que tampoco tengo intención de cambiarlo, por la simple razón de que mis motivos tengo para ello, ¡ya quisiera yo que no los hubiera!

Y la culpa la tiene, ni más ni menos, que este asqueroso 25 de noviembre señalado de rojo en el calendario y no por festivo. Está pintado de rojo sangre, de la sangre de todas estas mujeres anónimas cuyo único delito ha sido nacer siendo mujeres. Viene señalado de rojo por el dolor de sus hijos, de sus madres, de sus padres, de sus amigos, de sus compañeros de trabajo, de sus vecinos, de los que nunca las conocimos, pero que, por desgracia, tuvimos que ver su foto en un telediario.

Me niego a justificarlo por eso de que estas cosas siempre han sucedido, pero que como ahora salen en las noticias se oyen más… ¡Pues peor me lo estás poniendo! Me niego a creer que no hemos aprendido nada en todos estos años y que lo único que somos capaces de hacer es salir a la puerta de los ayuntamientos a guardar un minuto de silencio. Y me niego porque está claro que en algo nos estamos equivocando. ¿Por qué la mujer acosada es la que tiene que llevar un policía a su lado? Entonces, ¿qué es lo que tendría que llevar el acosador? Si a nuestras hijas les enseñamos que nuestra libertad empieza por la independencia económica, afectiva y emocional, ¿qué hacemos leyendo literatura mediocre en el que la sumisión femenina es el papel principal frente a la posesión de la masculinidad de un personaje empoderado frente al de la chica? Me niego a conformarme con cifras y porcentajes, esos números no nos van a devolver a Maruja, a Teresa, a Ana, a Cristina… Y lo que es peor, no me aseguran que el próximo año, este mismo día, no tenga que volver a sentirme igual de indignada que hoy.

Y ahora es cuando los neomachistas, llenos de razones, sueltan eso de que hay muchas que denuncian en falso, ¡¿perdona?! ¿Eso es razón para que no se les reconozca su dolor a las que denuncian con sinceridad? No señores míos, me niego a que las excepciones hagan granero.

Vale, ya tenemos un número de teléfono que no deja rastro en la factura, tenemos atención especializada en comisarías y juzgados, tenemos a la sociedad mucho más concienciada, pero ¿alguien me puede decir qué hacemos con el miedo paralizante que la bloquea para tomar decisiones y poner en marcha todo lo anterior? ¿Qué hacemos con ese temor a involucrarnos cuando oímos gritos en la casa de al lado? ¿Y con esos hijos acobardados y en shock emocional provocado por las lágrimas de su madre? ¿Y con ese tipo que no pega puñetazos, pero sí clava puñales en el alma porque es su amo y señor? ¡Ya lo tengo! Declaramos un Día contra la Violencia de Género y asunto arreglado.

Lo acepto, estoy culpando a todos y eso no es justo. Los que de verdad queremos que este día deje de estar señalado de rojo sangre en el calendario tenemos en nuestras manos la solución. Tan fácil como mostrar tolerancia cero a cualquier situación que en una relación entre un hombre y una mujer no hable del amor. O educar a nuestras hijas en el respeto a sí mismas, en que su dignidad no está en venta y, sobre todo, que su felicidad nunca dependa de nada ni de nadie, sino de ellas mismas y de su paz interior. Qué mejor que ayudar a nuestros hijos a ver en la mujer a una compañera y no a su rival, a una persona y no a una posesión, a alguien con quien compartir las alegrías, las penas, las ilusiones, los sueños, el amor y el desamor siempre desde el respeto y nunca desde el orgullo masculino, que, no sé yo muy bien, en qué se diferencia del femenino. ¡Y que todo esto sea prioritario!

Quizá este arrebato con el que me he levantado se me pase un poquito el día que me entere de que hay una “manada” enchironada para el resto de sus putas vidas, y no porque lo diga yo, sino porque la Justicia se lo explique a ellos y a todos los que se divierten con el dolor de otros.

Sueño y confío que el miedo y la impotencia nunca más marquen de rojo la hoja de un calendario.

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Indocumentados y sentimentales
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Mar Peté | 19-11-2017 | 10:23| 0

imagescaac2qk4Con tantas leyes y tantas normativas que hay para todo, a este paso vamos a tener que leernos algún tocho de Derecho para sobrevivir sin terminar en presidio. Yo soy muy fan de cumplir con las leyes vigentes y hasta con las que ya ni existen, por si acaso. Pero es que entre las de circulación, las de pagar a Hacienda y las de ortografía ya me doy por contenta. Y digo yo:

-¿Si todos nos supiéramos el código penal, civil o los que sean de pe a pa, entonces, qué pintaría tanto abogado encorbatado por el mundo? ¿O a ver de qué puñetas iban a comer los jueces si a todos nos da por ser ciudadanos responsables e intachables?

Lo cierto es que yo no tengo ningún interés en sentarme en el banquillo, ni de culpable ni de absuelta, que yo me lo paso mucho mejor sentada en las terracitas tomándomelas con mis amigos. Pero eso, si algún señor letrado de esos de toga y puñetas quiere algo de mí y me busca, me va a encontrar, pero mejor que me busque de parranda y a mi aire y mientras, que enchirone a otra, que yo soy muy legal para mis cosillas.

Sí, lo reconozco, en mi casa hay un armario nada más que para zapatos, pero ¿acaso eso es un delito? Quizá un poco de síndrome de Diógenes entaconado tengo, pero es que ni quiero ni puedo resistirme, así que si te dan tentaciones de hacerme un regalo, ahí tienes una buena pista… ¡que yo me dejo regalar!

Yo no sé qué es peor, si el armario de los zapatos o el mueble de los papeles. Toda una vida resumida en facturas, letras, escrituras, seguros de coche, documentos inclasificables, sentencias… ¡sentencias de qué!

-Y ese, ¿es tu marido?- le pregunta una amiga nueva a mi mejor amiga.

¡Quién ha osado proferir esa palabra en mi presencia! Hay momentos en los que decir marido produce sarpullido o pronunciar esposa activa las alergias. Pero es que claro, aquello de la parienta, como que suena mucho peor… Y entonces, yo le miro, le repaso de arriba abajo y me pregunto:

-Un marido… ¿y eso qué es lo que es?

-Pues es ese ser al que cada mañana le dices: ¡Buenos días! O ese personaje al que llamas para que se pase por el supermercado antes de que llegue a casa porque no quedan yogures. También es uno al que ya hace mucho no le mandas whatsApp picantes porque te los reservas para el grupo cañero.

Pues ante este planteamiento, lo cierto es que yo no sé muy bien si este es o no es un marido con todas las de la ley.

-Nena, un marido es ese que elegiste, te lo merendaste y lo enredaste hasta que firmó en la vicaría, en el juzgado y hasta en la hipoteca… ¡Adivina a ver cuál de esas tres firmas durará más!

La cosa es que los maridos también son los que te calientan los pies sin rechistar, aunque se les quede el trasero colindando con Alaska. También es el que nunca se acuerda del día del aniversario de boda, pero es capaz de adivinar si tienes los ojos abiertos en mitad de la noche sin encender la luz. Y desde luego, no hay nada como ser marido para distinguir el día en que estoy fatal y encima la tomo con él, pero en cambio, es incapaz de echarme una bronca porque sabe que un día malo lo tiene cualquiera, y su mujercita, también.

-Pues yo a este no le he hecho firmar nada. Y sin pedírselo me hace todas esas cosas y muchas más que no te cuento…

-Tú lo que tienes es un simpapeles.

Pues sí, mi nueva amiga tiene razón, no hay como tener un marido ilegal. Me encanta la idea, ¡un esposo sin papeles! Un espalda mojada del amor. ¡Un indocumentado sentimental!

-Decidido, prefiero un marido simpapeles en mi cama que un exmarido con papeles enredando en mi vida, ¡dónde va a parar!

Hubo un tiempo en el que, ilusa de mí, me creía que lo que estaba por escrito era más de fiar que un apretón de manos y mucho más que un acuerdo verbal. ¡Pero qué equivocada estaba! El papel se lo lleva el viento, el agua lo moja y el fuego lo quema.      O peor, ¡acaba ahí almacenado en mi cajón de los documentos! Pero que me diga alguien si cada apretón de manos, de cintura, de abrazo o de corazón dándome tu amor, no vale más que todos esos legajos que tengo abandonados y olvidados. Que venga un juez a decirme que no hay mayor compromiso que tu palabra con la mía o tu mirada contra la mía. Y entonces, y solo entonces, nada es comparable como sentirnos indocumentadamente casados. ¡Qué sabrán de sentimientos los dichosos papeles!

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Minutos de ilusión
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Mar Peté | 12-11-2017 | 10:24| 0

2jhc7ck¡Qué pocas cosas hay que no sean pecado, engorden, salgan gratis y que además den gusto! Es cierto que algunas veces pecar da más gustirrinín que coger dos kilos, porque aunque a esta altura de mi vida, he de reconocer, que me arrepiento de alguno de mis pecadillos, pero hay de unos cuantos que no tengo ni el más mínimo remordimiento, es más, confieso que si la otra parte se prestara, hasta sería reincidente.

Reconozco que sentarme en el sofá en plan maratón de series me atrae un montón, sobre todo ahora que la mantita ha vuelto a ser mi segunda piel. Pero para ser planazo total, nada como una tableta de chocolate en una mano y un capazo de palomitas en la otra… ¡si es que solo de pensarlo estoy segura de que ya he cogido varios kilos! Y claro, después qué, arrepentimiento, desesperación y directa al gimnasio para rebajar el soffing del weekend. No hay lágrimas más caras que las derramadas tras pasar por la báscula, porque primero me costó comer pero mucho más me va a costar el descomer. Es curioso, un atracón de palomitas dura a lo sumo un par de horas, pero para despegármelas del trasero, menos de dos semanas de autoflagelación en forma de sudor no me las quita nadie.

Y si después de comprarme un caprichito, gastarme los cuartos y dejarme la cuenta temblando para una temporada, no me da gusto, entonces, es que es para matarme. Reconozco que a veces soy un poco cabeza loca con la tarjeta, que se me calienta el monedero y zas, y veo unos tacones que me hacen ojitos, lo cierto es que soy incapaz de darles la espalda. También es verdad que últimamente estoy notando un no sé qué por dentro, igual que si estuviera entrando en esa edad en la que la palabra sensatez y prudencia empiezan a hacer hueco en mí. No sé si alegrarme por ello o echarme a temblar, ¿será que me estoy haciendo mayor? Bueno, sea lo que sea, la verdad es que mi banco y mi estrés emocional me lo están agradeciendo. Tanto, que en mi cuenta últimamente en lugar de números no hay nada más que emoticonos con ojos de corazón.

Pues sí, en vista de lo visto, que lo de pecar, engordar y gastar dinero tiene su peligro, he decidido usar toda mi energía en tener ilusiones. Y me encanta, porque he puesto en práctica una nueva terapia que me he inventado yo solita. Se llama el minuto mágico. Cada mañana, antes de poner en acción toda esta adrenalina con la que se despiertan mis huesos, guardo un minuto de silencio, y no por ningún muerto, qué va. Es mi minuto de la ilusión mañanera y pienso en algún trajín para ese día con el que me sienta removida por dentro, un lío que esté deseando poner en marcha y oye, que noto que me pone las pilas a cien. Así da gusto encararse con la vida, porque no hay gilipollas capaz de borrarme esta sonrisa que mi ilusión mañanera me dibuja y además es que me dura todo el día y, si me apuras, hasta parte de la noche, sobre todo si encima la cosa se complica para lo bueno, claro.

Pero si lo de la mañana está genial, ni qué decir tiene ese otro minuto de silencio que me guardo para la noche. Le llamo el minuto de la felicitación, y oye, que nada como rebuscar en el día alguna cosilla que haya hecho digna de merecer un puñado de parabienes, y qué, pues que ni una ni dos, ¡qué va! Yo me vengo arriba y no hay quien me pare, porque vaya puñado más gracioso de felicitaciones que me dedico cada noche sin cortarme ni un pelo. Y claro, a ver quién es la guapa que después de este subidón de autoestima no es capaz de dormir a pierna suelta, con la conciencia en modo avión y dispuesta a cualquier cosa, incluso a pecar un poco si es que se diera el caso. Pero es que pecar con remordimientos no sabe igual que caer en la tentación cuando una va sobrada, sobre todo, si es de ilusiones, emociones y con la tarjeta intacta.

Es posible que solo los tontainas vivamos de sueños, quizá algunos prefieran al pan pan y al vino vino, pero lo cierto es que yo solita me hago ilusiones, me las quito de la cabeza y me las vuelvo a creer y todo esto gratis y sin engordar. Y mientras, me lo imagino, me acuerdo de aquella vez o me figuro de cómo sería y a veces, aunque solo a veces, la vida me regala una ilusión convertida en realidad y yo, entonces, voy y la disfruto a sabiendas que no hay nada mejor que caer en la tentación de una ilusión deseada, soñada y conseguida.

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Sobre el autor Mar Peté
Contar historias, soñar ilusiones, sentir la vida, compartir sensaciones, descubrir secretos, atravesar lo prohibido... Porque vivir es reír y disfrutar, es contagiarse de la alegría. Porque detrás de cada experiencia siempre hay miles de caminos esperándonos y yo me niego a quedarme quieta. Y como no hay nada como ser el protagonista de nuestros errores y aciertos, de nuestras dudas y de nuestras decisiones, aquí estoy, dispuesta a pasar contigo estos relatos llenos de magia. Un día descubrí que escribir desde lo alto de mis tacones era mucho más divertido y entonces me di cuenta que desde aquí arriba la vida se veía tan bonita que decidí compartirlo. Quizá al leer mi blog te digas: "esto me pasó a mí", "anda, esto me suena", "qué bueno, nunca se me habría ocurrido", "¿será posible que estas cosas ocurran?". Con el deseo de que lo disfrutes cada semana con una sonrisa, de que te haga revivir sensaciones y, sobre todo, para que entre risa y risa, también te ayude a darle vueltas a la cabecita y después salgas a comerte el mundo, antes de que el mundo te coma a ti. ¡Bienvenido al blog "Desde mis tacones"!

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