La Verdad

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Categoría: RELATOS CORTOS
¡VEN AQUÍ, QUE NO HAY 2 SIN 3!

La imagino a ella con su cuerpo lleno de banderitas pintadas de rojo y amarillo, con la camiseta de tirantes ajustada y toda eufórica recibiendo a su feliz hombre, mientras le grita:

–¡Pepe, ven aquí que esta noche no hay 2 sin 3!

El pobre, que se ha pasado todo el partido tomando un quinto tras otro, afónico de tanto fumar y gritar, de saltar y brincar y con más sudores en su camiseta roja que Camacho… Son las tantas de la madrugada, vuelve a casa con la adrenalina gastada de los miles de abrazos que ha repartido con todos los que se cruzaba, y la parienta despierta y con ganas de celebrar los cuatro goles:

–¡Ayyy Pepa, que no… que mañana lo celebramos!

Y ella que no está por la labor de condescender, ¡que hasta dentro de mucho no hay otra Eurocopa y vete tú a saber para entonces…!

–De eso nada Pepe mío, ¡que no hay 2 sin 3! –le dice moviendo las caderas a ritmo de Shakira.

Y él que se pone, y ella que ¡sube la mano y grita gol! Que nada, que aquello no está para penaltis ni para nada. Que le hace la ola y ni con esas, claramente está en un fuera de juego en toda regla.  Pero ella lo intenta y sigue cantando:

–¡Sube la mano y grita gol…!

Y él, con la barriga a reventar de tanta cervecita, intenta dar por terminado el encuentro con una explicación metafísica para despistar:

–Mira cariñito, te voy a contar lo que es un falso nueve: parece un delantero centro, pero está claro que hoy ha saltado al terreno de juego para ocupar otra posición.

Y lo mira y lo remira ¡que razón tienes!

–Vaya, toda la Eurocopa sin pillar lo que era eso del falso nueve, y con solo fijarme en tu entrepierna lo hubiera entendido. ¡Vamos, anda! ¡Ahora que necesito yo un buen ataque de un delantero centro y me viene este con un penalti a lo Panenka! ¡Gooooool!

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MAS DE MIL AÑOS

Ya se sabe que las mujeres tenemos la manía de planear nuestro futuro y de paso el de los demás; y a mi me encanta imaginarme ya viejecita como mi abuela, claro que, ella jamás dio qué hablar. Mira, en eso no nos parecemos, porque no sé cómo me las apaño que, sin quererlo, a veces corren ríos de tinta y se montan unos líos a mi costa… Aunque  lo que me apetecería, cuando las piernas me empiecen a flaquear, es estar en una terracita cotorreando con un grupo de amigas tan locas como yo, y disfrutar siendo un poco cascarrabias, pero eso sí, ante todo sin perder mi chispa y mi salero. Vamos, que me voy ligar a todos los del asilo y cuando los tenga muy encandilados, entonces aprovecharé para darles un buen repaso al dominó. Me saldrán arrugas y se caerá todo lo que aún está ahí tan bien puestecito. Entonces miraré a un lado y después al otro, y así podré decir sin temor a nada:

–        ¡Gilipolleces a mí! Al que no le guste que no mire, porque nadie me va a quitar lo bailado y aún me queda mucho por danzar.

Ya no tengo prisa porque aunque pasen mas de mil años no voy a dejar de hacer las cosas que quiero, porque ahora el tiempo se ha convertido en un regalo y lo detengo cuando me acaricias y lo dejo correr rápido cuando te marchas. No voy a permitir jamás que mis sentidos se duerman, que de lo pasado también se aprende y yo tengo muy buena memoria. Que hay amantes y amores para cada instante de la vida. Que hay mentiras que huelen a verdad y verdades que se callan porque saben a mentira.

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EL TAMAÑO SÍ IMPORTA

A menudo, y aún no sé por qué, me encuentro metida en la típica conversación en la que ellos y ellas se cuestionan la absurda pregunta de que si el tamaño importa. Comprobado, la primera reacción que tenemos las chicas es mirarnos entre nosotras y decir: Sí, si importa.

Pero no solo lo que se está usted imaginando no… porque lo curioso de este asunto, es que todo el mundo siempre piensa en el tamaño de lo mismo. Ellos porque se les encoje la entrepierna al hablar del tema y a ellas porque se les produce exactamente el efecto contrario.

¿O es que no importa el tamaño de mi trasero? ¿O el tamaño de la pechuga de aquella que lleva la camiseta a punto de estallar? ¿O el tamaño de sus ojos? ¿O el tamaño de las barrigas cerveceras? ¿O la largura de mi pelo? ¿O el tamaño de su cartera? ¿O el tamaño de su corazón?

Pues claro que importa, no tengo ni idea de quién dijo que no, supongo que sería algún erudito que intentaba justificar algo que la naturaleza le negó.

Y si no que se lo pregunten a él, que las puertas no se hicieron para cerrarle el paso, ni las camas para acurrucarlo, ni los zapatos para vestir sus enormes pies.

Aunque a mi lo que más me llamó la atención del grandioso deportista Romay, aparte de su inmensa sonrisa que contagiaba alegría, fue cuando abrazó mi cintura para posar delante del fotógrafo, y es que necesité mis dos manos para que no tocara sin querer… lo que solamente se toca, cuando toca.

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SIESTAS CON SABOR A CHOCOLATE

Me cruzo con gente que se queja y mucho, todos se sienten insatisfechos. La una, que si el novio se ha largado con otra; el otro, que si mi mujer no me entiende; mi vecina, que si su marido es una prolongación del mando de la tele. Con razón cada día nos reímos menos y fumamos más. Y venga estrés y depresiones, los niños hiperactivos, las flores ya no huelen, los tíos son más gays y las mujeres más… ¡yo qué sé! ¡Todos histéricos porque no hay forma de coincidir unos con otros! ¿Y este es el mundo que vamos a dejar a nuestros nietos? Con lo bonito que es reconocer que no hay nada más genial que querernos mucho. 

Reivindico que con la llegada de la primavera vuelva el amor, la pasión y todas esas cosas que mantienen la mente sana. Y con el calorcito que nos espera que vuelvan también las siestas… esas siestas bañadas de caricias con sabor a chocolate, porque si nos descuidamos también nos las recortan y me niego a que desaparezcan igual que el toro de Osborne o los chiringuitos playeros, y mira lo que te digo, si hay que encadenarse en algún sitio me apunto, que últimamente hasta da glamour y todo.

Siempre me encantó aquello de… ¡haz el amor y no la guerra!, por cierto ¿se me escucha?

 

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MARAVILLOSAS MUJERCITAS

Cada 8 de marzo voy a cenar con una pandilla de mujeres orgullosas de serlo, se supone que es nuestro día, aunque nosotras no necesitamos muchas excusas para salir de fiesta. Nos damos un homenaje. Hablamos de hombres, como siempre. De sexo, como siempre. De nosotras, de la libertad, de amores y desamores, para no variar. De sueños, de miles de proyectos… y brindamos y a la vez reímos, lloramos, bebemos y comemos, nos retocamos los labios, nos vemos envejecer… y todo esto sin perder la sonrisa. Está demostrado científicamente: podemos hacer más de una cosa a la vez. ¡Así es la vida!

Esta noche brindaré por muchas de nuestras antepasadas que se atrevieron a decir en voz alta lo que ahora nos parece normal y evidente. Y también por ellos, esos hombres valientes que creyeron y vieron en la mujer una buena compañera de viaje y alzaron sus voces junto a nosotras.

 ¡Viva la madre que nos parió!

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AND THE WINNER IS….

Esta mañana me han despertado los rayos del sol sobre mis ojos y como si de los flashes de los paparazzis se trataran, me he visto deslumbrante ante las cámaras. Vestida como una princesa por Victorio & Lucchino, peinada y maquillada como las estrellas de Hollywood y con unos tacones de Manolo Blahnik ¡auténticos! Tengo ante mí kilómetros infinitos de alfombra roja. Con decisión doy un paso, luego otro, sin perder la compostura. Oigo voces y aplausos. Es bonito caminar sabiendo que mi esfuerzo se ha hecho realidad. Por fin me ha llegado el momento y escucho mi nombre:

–“The winner is…”– todos se giran mirándome y esperando que suba a recoger el Oscar quela Academiadela Vidame otorga. Paso de ser la eterna nominada a sentirmela WINNERpor excelencia.

Siento la admiración y el respeto de los que me rodean y al que no le guste, que no mire. Todos expectantes, cada uno en su sitio y… fuerte y claro resuena mi nombre una y otra vez: –And the winner is…– ¡lo conseguí! Oscar al mejor guión, a la mejor actriz, mejores actores secundarios; quizás demasiados, pero todos magistralmente entrelazados, aunque en ocasiones se me han amontonado y en qué me he visto para salir airosa del lío y encima, para colmo, todos terminan extrañamente emparentados entre sí.

Pero mi gran noche no ha hecho más que empezar. Oscar a los mejores efectos especiales… y no me extraña, menudos milagros hago con mis ojeras o con ese inoportuno granito que siempre brota el día de la cita esperada, ¿y esa sonrisa cautivadora cuando estoy a punto de llorar sin que se me note? Y por fin… Oscar a la mejor película y mejor dirección. Subo al escenario lloro, río y lo levanto sintiendo la fuerza del triunfo en mi brazo. Es toda la historia de mi vida magníficamente contada y dirigida. Sé que en cualquier momento necesito estar lista para cambiar de registro sin pestañear: igual soy madre que hija cariñosa, una perfecta profesional o una amiga comprensiva, una fiel esposa que una amante prohibida. Pero cuando el guión lo exige, es maravilloso poder ser también la mala de la película… 

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Sobre el autor Mar y Cleo

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