La Verdad

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The love of my life!

Cuando me ocurren cosas inesperadas me quedo bloqueada. Y si esas cosas tienen consecuencias insospechadas, prefiero tener a quien echarle la culpa para no sentirme la dueña de tanta desazón. Esta vez se la va a cargar mi dentista. Nunca he entendido cómo es posible que tres personas de la sala de espera tengamos la cita para la misma hora y como es absurdo, al final alguno acaba esperando, desesperando y más cosas que me callo. Esta vez me ha tocado la china a mí.

Y aquí estoy viendo pasar los minutos, soportando el insulso fondo musical, pasando las hojas para delante y para atrás de revistas cool horrorosas y apretando las mandíbulas por el dolor de muelas que llevo. Y cuando ya he hecho todas las tonterías posibles, saco el móvil a ver si este me ayuda a sobrellevar este slow time que me está matando. Nada, el mundo se ha confabulado contra mí, nadie me manda ni contesta mensajes…

-Bueno, voy a cotillear las fotos del whatsAap. A ver, estos que ponen la foto de un niño… ¿habrán firmado la autorización para el uso de imágenes de menores? ¿Y esta en plan pose caribeña? ¡No estará contento ni nada su fontanero cada vez que vea su perfil! ¡Ay pillina, qué haces tú aquí tan abrazada a tu chico en su foto! ¿Es un aviso a navegantas para que no se les ocurra wasapear con él? ¡Cuánta psicología y cuánta autoestima doméstica! A ti te borro, no tengo ni idea de quién eres. Esta, bloqueada, que se joda, ella me bloqueó a mí. Me salgo de este grupo o lo silencio, ¡uf, cuánto desocupado! Anda, ¡sorpresa…, qué haces tú por aquí!

Nunca he sido muy de creer en los fantasmas, jamás me ha gustado convocar a los que no están, pero claro, es que este, en la vida real, no se ha muerto, aunque yo un día lo diera por finiquitado en mi corazón. ¡La culpa de todo la tiene el dentista! Si me hubiera atendido a mi hora, yo no habría tenido ocasión de perder mi tiempo, no me habría dedicado a registrar en el baúl de los recuerdos y no habría sacado este conejo sorpresa de una chistera.

Quizá no sea casualidad que esté yo aquí aburrida desde hace una hora, es posible que sea una señal… ¿Y ahora qué hago yo con este desasosiego? Noto cómo de pronto se me remueve todo, me están viniendo miles de recuerdos al empujón, qué hago con las sensaciones que buscan por dónde salir para ponerme a prueba, y con estos deseos que estaban agazapados esperando mejores  tiempos… Eres el amor de mi vida, y lo sabes.

Recuerdo nuestras risas, la complicidad con la que fuimos tan felices, ese no hablarnos pero lo sabemos todo, aquellas mañanas de domingo que olían a flores y que siempre empezaban con besos y abrazos, cuando los domingos terminaban en domingos de guardar, de guardar en ese lugar de la memoria donde escondo aquello de lo que nunca voy a arrepentirme. Tiempos vividos, tiempos que acarician, recuerdos que dibujan mi sonrisa y pintan mariposas en la mirada. Ya no quiero que salga la enfermera y diga mi nombre, sueño con dejarme llevar hasta donde mi corazón quiera.

Es posible que llegue a viejecita y no haya visitado las siete maravillas del mundo, que no haya leído todas las obras de los clásicos, seguro que no voy a llegar a juntar tanto como para comprarme un descapotable, pero qué tranquila estoy. Sé que nuestra historia no me la he inventado, presumo de haber sentido el amor en cada palmo de mi piel, no me importa reconocer que te amé con locura, que me hiciste sentir la mujer más mujer que ha pisado este mundo. Somos unos privilegiados, todo el mundo se merece una historia como la nuestra.

Hace tiempo que esto es ya otro cantar. Desde entonces soy más fuerte, encaro la vida desde lo alto. Aquel amor sin medida de entonces me ha llevado a lugares que ya quisieran muchos. Sí, después de ti seguí mi camino, hice un sendero que jamás habría recorrido si tú y yo antes no hubiéramos sido nosotros. Yo sé lo que es el amor, ese es mi orgullo, y el único culpable eres tú.

Vuelvo a mirar tu foto del perfil. Ya no me duelen las muelas. Sigues siendo aquel que un día conocí y del que me enamoré al instante. El tiempo y el azar, como niños traviesos y juguetones, acabarán ingeniándoselas para juntarnos. Entonces nada será igual y todo será como antes. Me gusta deleitarme en aquel amor, ese que ni el tiempo ha podido con él, ese que tengo guardado en un buen escondrijo. El amor que me impregna los sentidos y el que desde el silencio susurra mientras nos lleva a un lugar del que nunca nos marcharnos… The love of my life!

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En este lado y en el otro

Cuando por fin damos el salto en la vida y pasamos de la juventud a la madurez, nos esperan otras novedades: nuestra primera tarjeta de crédito, por fin mi independencia transita sobre mis propias cuatro ruedas y ya no necesito que me recojan o me lleven… Pero si de verdad hay algo que nos va a hacer pensar, disfrutar y creernos que ya somos adultos es cuando dejamos la cama de 90 y finalmente tenemos una de esas grandes en propiedad, una cama de las que si me pongo en diagonal aún me sobra colchón por todos lados.

Ese maravilloso trofeo que la vida un día me puso delante y me escrituró a mi nombre, fue mi propia cama kingsize. He de admitir que también aprendí con el tiempo que ese espacio también puede ser un arma de doble filo y de lo más peligroso. ¿O es que no es verdad que la cama es un importante foco de emociones? Muchas son preciosas, pero hay también de las otras, porque a ver quién es el guapo que no ha entrado un día a una cama y ha salido al día siguiente igual que entró, o si me apuras, hasta peor.

Si está vacía, malo, porque de pronto me encuentro ahí sola resola, y venga a hacerse grande, ¡si hasta parece que ha crecido de ayer a hoy! El bajón está asegurado. Pero aún es peor si resulta que no me puedo quejar, porque vale, lo acepto, hay quien ronca a mi lado, las sábanas ya están calentitas cuando me acuesto y los pies ya no se me quedan fríos, pero de lo otro qué, pues que nada de nada o peor que peor, ¿y ahora qué? Siempre nos quedarán los largos silencios, los cruces de horarios para levantarte tú y acostarme yo. Vamos, que es una penita que la conquista de la madurez de cualquiera en forma de cama grande termine en un pacto de silencio exento de la hormona de la pasión.

Pero una cama tiene dos lados, una cama tiene dos versiones de la vida, una cama nos invita o nos disuade, en una cama se puede entrar por derecho o por la puerta de atrás, en una cama puedo hacer el amor o puedo disfrutar del sexo. Cada lado tiene su sexapeal, y no hay nada que me excite más como es el saber qué misterio tiene cada uno de esos lados.

─Mientras no te conviertas en la oficial, mientras aún seas “la otra” en su corazón y en su mente, tienes asegurado al mejor amante, porque después…. Sabe que tiene que ganarse ese lado de la cama cada día, con el sudor de su frente. Él sí que está de paso, en cualquier momento llega otro que ofrece una propuesta inmejorable, sí, uno con ese  pequeño detalle que él no puede, no quiere o no le da la gana, y qué, pues que es tu vida y eres tú quien tiene la última palabra. Pero eso sí, como nunca sabes cuándo va a ser el próximo retozón… pues vive cada encuentro con él como si fuera el último de tu vida, por si acaso.

─Puede que lleves razón, pero ese lado de la cama también está lleno de horas de soledad, de esperas, de lágrimas, de a lo mejor…

Hubo un momento en el que de pronto me di cuenta de que ya iba siendo hora de dejar de jugar a la adolescente tardía, al menos de forma crónica, porque reconozco que de vez en cuando me hago alguna escapada de vaqueritos, cazadora de cuero y concierto roquero en garitos alternativos, que me encantan. Pero es cierto que me estoy volviendo la mar de formalita y toca tomar decisiones, entre las que, lógicamente,está estabilizar mi estado emocio-pasión-sexual.

─Pues sí, da mucho gusto saber que llegas a casa y hay alguien que te espera para cenar, que te cuenta de qué va la película que ya ha empezado, que tiende la ropa antes de que me dé cuenta de que la lavadora ha terminado, que es incapaz de dormirse sin pegar su cuerpo al mío, abrazarme y susurrarme al oído un buenas noches tan dulce, que los sueños maravillosos están asegurados.

─¡Qué bonito! La verdad es que así contado suena requetebién. Pero…─ le digo a mi ídolo de amiga bien casada.

─¿Pero? Peros hay aquí y allí. En este lado y en el otro. En tus manos está el que tú conviertas los peros en ilusiones, en viajes, en cenas sorpresa, en miradas cómplices, en escondites secretos, en canciones únicas, en noches inolvidables y, sobre todo, en que tú seas la indispensable, la insustituible y la incomparable.

La independencia que sentí con mi gran cama guarda infinitos secretos, sueños e ilusiones, y estén en el lado que estén, no olvido que vida solo hay una y yo no estoy como para sufrir, y menos en la cama.

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El otro lado de mi cama

En la vida hay muchas situaciones placenteras por excelencia, cada uno tiene y se adueña de las suyas, en mi caso es un masaje de arriba abajo y de lado a lado, entonces reconozco que me entrego y hasta, increíblemente, puedo llegar a decir: “Haz conmigo lo que quieras”. Aunque para mí hay otro placer que ocupa un segundo puesto, es ese instante en el que tras acostumbrarme a habitar una parcela unipersonal de mi cama, porque la otra porción del colchón está ocupada, y cuando ya me había conformado con ese metro escaso y raquítico que me había tocado en el reparto, llega el día en que, sin darme cuenta, estiro tímidamente una pierna, y cuál es mi sorpresa que no me topo con ninguna extremidad peluda, y la despliego un poco más con temor a que solo sea un espejismo, pero la realidad se impone, es cierto: ¡¡La cama enterita es para mí!! Ese día se convierte en un grito a lo Nino Bravo:

─¡Libreee, como el sol cuando amanece, yo soy libreee…!, y me lo creo.

Y con ese cuerpo de aventurera me lanzo a la vida. De pronto me doy cuenta que hoy no tengo que volver a ninguna hora deprisa y corriendo, simplemente porque hoy tú no vienes a comer, y además me llama una amiga y me propone plan de chicas con nocturnidad incluida e, increíblemente, no necesito consensuarlo ni con mi propio yo ni con nadie, total, esta noche en casa no me esperan… ¡Tu viaje de negocios es mi pasaporte a los mundos de Yupi!

Como en mis viejos tiempos descubro lo bien que se me da transformar un miércoles insulso en un sábado-noche intenso, con una chispa de ganas y un par de amigas que me sigan el rollo, está hecho. Vuelvo a vivir aquella sensación de llegar al trabajo por la mañana la mar de espitosa porque aún me dura el subidón de vanidad de la noche anterior, pero pasado el mediodía el bajón me espera agazapado, me queda intentar sujetarme en lo alto de los tacones a base de cafés, porque las tres horas escasas que he dormido y los años que ya he cumplido pasan factura… ya veremos cómo logro superar la juerga que me he corrido.

Por fin consigo tirarme al sofá, la cabeza me da vueltas, no hay nada peor que mezclar falta de sueño con cruce de sensaciones merodeando del cerebro al corazón y viceversa, a ver quién de los dos la lía más.

Y cierro los ojos, todavía tengo esa sonrisa picarona que se me puso ayer cuando me arreglé para salir con mis amigas a quemar todos los bares. Se pasean por mi mente las miles de horas de risas, viajes e historias vividas con ellas en otros tiempos, y de pronto, como si una niña mala me hablara por dentro, me empiezo a comer la cabeza, ¿echaré de menos aquella vida loca? Y me acuerdo de la sensación que tuve esta mañana al estirarme todo lo que pude en la cama reconquistando el reino de esos metros cuadrados de colchón cedidos… Y me pregunto:

─¿El reinado de las maravillas de Alicia por un: te voy a dejar? ¿Así, sin más?

Y de pronto mi móvil ronronea, y sobre la pantalla apareces tú, tu sonrisa y tus ojos en un selfie sujetando un cartel que dice: “Guapa, te echo de menos”. Y a mí me da un vuelco el corazón, de un sopetón se me pasa el sueño, el cansancio y se me remueve todo por dentro. Y me doy cuenta de que estoy contando los días para que vuelvas, me parecen infinitos. Lo reconozco, también te echo de menos, mucho más de lo que puedo sujetarme.

Mi móvil vuelve a hacer ruiditos sospechosos… ¡no me lo puedo creer! ¡Pero estas chicas son incansables! Antes de lo que me imagino, me veo tirada en la cama luchando con la cremallera de mis vaqueros de niña alegre, y en un zas ya estoy subida a los tacones. ¡Más madera!

No sé muy bien cómo ha pasado, pero hoy ya no es ayer. Creo que hace rato que amaneció, y mi cabeza y mi cuerpo están para pocas decisiones, pero me parece que anoche decidí que me voy a tomar una temporada sabática contigo.

Y de pronto, estiro una pierna y me asusto, mi cama se ha hecho enorme, alargo el brazo y la almohada está fría y callada. Se me encoge el corazón. Mi mente ni sabe ni puede, tan solo escucho un corazón solitario, el mío, y siento un silencio desconfiado que me grita. El temido frío de las noches de farándula y frivolidad ha invadido todo tu lado de la cama sin permiso. Mi corazón, que es el más listo, no me deja dejarte, aún quiere seguir latiendo al compás del tuyo y mi piel aquí está, esperando tu calor.

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Sí, tienes novio

Hace poco me encontré con una amiga después de mucho tiempo sin vernos, y reconozco que de vez en cuando deberíamos de dejar de vernos las amigas porque estos reencuentros son una gozada. No hay nada comparable al momento: “Puesta al día”, porque lo mismo nos da hablar de líos de trabajo que de aquella otra que parece que fue casarse y que se la tragara el mundo, ¿la habrán secuestrado o solamente se habrá casado?

Pero el minuto de máxima expectación es cuando llega el tercer grado sobre cuestiones amoroso-sexuales. Porque claro, a las amigas-amigas no se les puede andar con rollos y circunloquios inconclusos como a una madre preguntona, qué va, a una camarada de juergas es imposible engañarla, aún nos queda en la memoria histórica compartida las miles de risas, lágrimas y noches hablando y hablando y volviendo a hablar de este, del otro, de aquel, de mi vecino, de tu primo y del compi de la facultad… ¡Como para intentar colarle una mentirijilla! ¡Pero si solo con mirarnos a la cara sabemos cómo andamos las dos en el asunto amoroso-erótico-festivo!

Y cuando ya no me queda nada más por saber me lanzo, porque estoy deseando saberlo todo:

─¿Tienes novio?

Después de un silencio, sonríe y no muy convencida y me responde:

─Creo que sí.

¡Creo que sí! ¿Y esto cómo se come? Quizá no ande mi amiga tan desencaminada, porque a ver quién es la lista que es capaz de saber con certeza cuando el tío que nos gusta asciende al grado de pretendiente.

─Si sus whatsapp son solo de fines de semana y un rato antes de salir… no pinta muy bien la cosa, quizá seas tan solo la opción B, cuando la opción A del sábado-noche le ha fallado.

Entonces ya me quedo más tranquila, porque últimamente me manda mensajes entre semana ¡y al mediodía! ¿Será que esto es lo que hacen los pretendientes cuando quieren pasar a algo más que a simples aspirantes? Yo por si a caso le contesto sus mensajes, pero a las dos horas de recibirlos, no vaya a pensar que estoy desesperada y acierte.

Claro que hay algunos que tras superar duras pruebas con mis amigas por fin ya han alcanzado el nivel de pronovios, que es lo más cercano a novio, pero ni por asomo es un prometido, que eso ya son palabras mayores. Este escalafón de pronovio es de lo más peligroso, porque aunque un día se deje su cepillo de dientes en mi baño, hay que tener claro que eso no significa que sea el único cepillo de dientes que ande disperso por su territorio comanche. Ahora, que entonces también es posible que yo también tenga algún que otro camisón disperso y a la espera de ser o no recogido, ya veremos.

¿Pero en qué se diferencia entonces un novio de un prometido? Fácil, cuando es novio, significa que los domingos aún puedo quedar con las amigas para comer sin tener que dar explicaciones a nadie de por qué no voy a comer a casa de los padres de mi chico. Ahora que como la cosa vaya a más y un día de pronto su hermana o su madre me agregue al grupo de whatsapp de la familia, ¡cuidado, que de ahí al altar ya no queda nada de nada! Irremediablemente he entrado a formar parte de las redes sociales intrafamiliares y a ver quién es la atrevida que no le da a aceptar a la solicitud de amistad del facebook de la futura suegra… Se acabaron las fotos locas y atrevidas, y desde ahora solo me podré etiquetar en los post de psicología de autoayuda, que es lo único de mi face que no hace sonrojar.

─¿Y cómo saber que ese al que tú presentas como prometido también coincide contigo en tus proyectos de boda?─ le pregunto a una de mis amigas que está ya en capilla a punto del sí, quiero.

─Hay una prueba irrefutable. Me di cuenta el día que dejé de cerrar la puerta del cuarto de baño, ahí supe que habíamos dado un gran paso en nuestro compromiso, pero el momento definitivo es cuando me lancé ym sin que me diera corte, le pedí que me comprara una caja de tampax. Y él, ni corto ni perezoso, fue y sin rechistar me los trajo. Me demostró que siempre estaría a mi lado cuando más lo necesitara.

Está claro que de pretendiente a novio hay un largo trecho, también está claro que cada una tiene su momento en la vida para decidir que ha llegado ese instante en el que tener compañero no es una mala idea. Y a mi amiga, que me miraba con cara expectante, le dije:

─Si tan solo con decir a los cuatro vientos su nombre sientes que tu sonrisa se agranda, te revolotean cosquillas por la barriga, entonces… Sí, tienes novio.

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Si toca pecar, pues pecaré

Me he levantado esta mañana con un run-run dentro de mi cabeza y por más que lo intento no consigo sacarlo de ahí. Seguro que es una señal de esas que después con el tiempo me pregunto por qué no hice caso, pero es que esta vez es muy fuerte, y yo poniéndome la radio a ver si otra canción me conquista el pensamiento y así consigo desterrar esta de mí, pero es que no hay manera, si es que hasta se me mueven las caderas mientras voy canturreándola por el pasillo de mi casa:

─La última noche que pasé contigo, quisiera olvidarla, pero no he podido… ¡y no quiero borrarla de mi ser!─ Y ahí me da el subidón y termino entonando a todo lo que da por si acaso se le ocurre salir por mi ventana la melodía y llegar, donde tenga que llegar.

Pero si es que esto es tremendo, porque yo me puedo hacer la tonta, y creer que se me ha metido en el coco esta canción por puro capricho del azar, pero nones. A ver, a quién quiero yo engañar haciéndome la melancólica con canciones vintage, si aquí lo que de verdad pasa es justito eso que dice la canción:

─Que quisiera olvidarte, pero no he podido, te llevo guardado como fiel testigo, de aquellos momentos que fuiste míiiiiiio…

¡Ay madre, que estoy mucho peor de lo que yo me creía! ¿Y si todo esto se curara planeando una cita con él? Mira que me conozco, que yo empiezo por pensar en quedar en tomar un café, sí, si solo es un simple café, y… Pero qué me está pasando, ale que ya se me ha llenado la cabeza de pájaros, amaneceres juntos, sábanas enredadas y ese olor tan tuyo, que me sigue y me persigue a todas partes.

─Pues sí, mi próximo pecado lleva tu nombre.

¿Qué pasa, es que una ya no va a poder ni fantasear? A ver, ¿pensar en nuestra última noche juntos me cuesta las perras? Pues no, es gratis. Y sobre todo, y muy importante, ¿acaso imaginármelo así, con ese trasero suyo tan suyo, y ese todo tan todo, a mí me engorda? Pues ale, ya está, si es gratis y no engorda, ¡al diablo con tanta mojigatería! ¡Qué hartita estoy yo de tanta barrera arquitectónica anti-sentimientos! Si es que de verdad, así no hay manera. Yo creo que este run-run machacón que a mí se me mete en la cabeza en forma de canción es por culpa de castigar tanto a mi corazón, y venga a decirme: no le llames, qué va pensar de ti si le mandas un whatsapp, no vayas detrás de un tío nunca… Y venga a prevenirme con mensajes para alimentar este puto orgullo femenino, y yo mientras con el orgullo sensible cada vez más debilitado.

─Adelante, llámale, que ya me guardo yo este fin de semana la tarde libre para que llores a chorro limpio y a gusto en mi hombro ─me consuela mi amiga especialista en estar ahí sin que le llame mi empatía.

Y cojo el móvil, y sin pensarlo ni un minuto, le quito la batería y voy y se la guardo en su bolso con orden de no devolvérmela hasta que esté curada de este brote de amnesia postraumática con nombre propio, apellido y pecado reconocido. Y como si me hubiera desprendido de miles de kilos, de pronto me siento libre, en lugar de andar, vuelo. ¿Es posible que una batería de móvil sea como un Red Bull? Me siento subidita y hasta me atrevo a cantar mientras enfilo la calle, y esta vez sí que lo tengo claro, es cierto, mi canción vuelve a tener tu nombre, tu cara y tu historia:

─¡Se nos rompió el amor de tanto usarlo!

Claro, que donde yo ponía amor, tú ponías otras cosas, y de tanto ponerlas fuera de nuestra cama, pasó lo que pasó… Por eso será que la última noche que pasé contigo, la he olvidado y sé muy bien lo que me digo:

─Porque cuando tú vas, yo vuelvo de allí, cuando yo voy, tú todavía estás aquí, crees que me puedes confundir y de qué vas, mirándome atrás. ¡Ay qué descaro! Y es que no me fío, sé que me tú me engañarás.

Y con este nuevo son desfilo por mi pasillo como una mujer nueva, dispuesta a comerme el mundo, y tendré muchas últimas noches, porque si se tercia y toca pecar, porque la vida promete, pues pecaré, que ya habrá tiempo de convertirme, y a mi pecado le pondré nombre y apellidos. Me tiro a la cama y bajo el volumen de la radio en un intento de dejar de mover las caderas bajo las sábanas.

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Con dinero o sin dinero, hago siempre lo que quiero

Por fin se acabaron las fiestas, los polvorones y villancicos bailados a ritmo de salsa. Y pensando que por fin ha llegado la verdadera paz…, pues va a ser que no, que esto sigue siendo un no parar, las calles atiborradas de gente con las manos llenas de paquetes, cientos de bolsas cargadas con no sé qué, ¡de lo más necesario, seguro!

Confieso que yo en ocasiones me he dejado llevar por esa euforia nerviosa que da el ponerse la primera antes de que abran las puertas el primer día de rebajas, pero me da que era más por salir en las fotos y en la tele con esa cara de: Ahí llega la loca de las gangas… Aunque lo cierto es que muy raras veces he encontrado realmente chollos auténticos.

─A ver cuándo te vas a enterar de una vez, que lo bueno y de calidad está ya más que  apartado.

─Pues eso mismo digo yo─ le respondo a mi amiga, mientras remuevo pensativa mi café…

¿Quién va a ser la tonta que suelte al que reúne las 5 vocales? Amoroso, Estupendo, Inteligente… y como no se me ocurre nada más con la O ni con la U, pues me da igual, que sea Sexy y muy, muy Fiel. Y claro, la que tiene la suerte, que las hay, la que ha encontrado ese pedazo de chollo, pues no lo suelta, ¡es que yo tampoco lo haría!

─Pues no estoy de acuerdo contigo─ me contradice un buen amigo─. Vamos a ver, según tu razonamiento, los que estamos sin pareja, ¿qué, estamos de saldo? ¡Igual me pongo un cartel de descuento colgado del cuello a ver si me lleva alguien para su casa!

¡Y cuánta razón tiene! Yo me aplico aquella canción que canturreaba mi padre cuando íbamos en el coche toda la familia. Con dinero o sin dinero, hago siempre lo que quiero… Y con ese soniquete tengo claro que jamás bajaré mi listón. Que la que vale, vale, y nada de menospreciarnos, que no he llegado hasta aquí para que ahora por una tontuna transitoria me dé por ponerme de oferta.

Porque no, porque a mí me sigue encantando que el hombre que me quiera le dé mil vueltas a la sesera para ver cómo puede convencerme para llevarme a cenar… si supieran la de cenas que me he perdido por hacerme la interesante, bueno mi trasero y mi barriga al menos me lo han agradecido.

Me encanta seguir siendo esa de la pandilla a la que dejan la última para pedir salir, por la sencilla razón al temor al fracaso, por nada más. Ya sé que soy difícil, y mucho, ¿pero a caso, a alguno le gustan las mujeres fáciles de conseguir? Por mucho que pasen los años, en esto, desde los tiempos de mi abuela, no hemos cambiado ni una pizca. Si alguna vez por fin alguien se decidiera escribir un manual de instrucciones para la conquista femenina, me temo que este sería el primer capítulo.

Lo cierto es que en parte tengo yo un poco la culpa, con esta manía tan mía de echarle el ojo siempre a lo mejor y a lo más caro…, pero es que no lo puedo remediar. Por eso, las rebajas a mí, como que no me van. ¿Alguien ha visto alguna vez que se cumpla aquello de las tres B? Bueno, bonito y barato. Qué va, en cuanto es bueno y bonito, ¿qué pasa? Pues que todas lo queremos, y entonces es tanta la demanda, que el mozo en cuestión, se sube el caché y se hace el tío buenorro interesante y, cómo no, se le amontonan citas y hasta se lía con más de una… ¡a mí me lo van a contar!

Ya está, lo tengo decidido, nada de salir de compras, para qué exponerme a que me pisoteen o que otra más rápida, más víbora o más bruja que yo me lo quite. Pienso salir a la calle relajada, nada de prisas, voy a disfrutar de los infinitos días de sol y de este invierno que poco a poco promete acariciarme los sentidos. Cada sorbo de café caliente lo voy a saborear, no me voy a dejar llevar por la ansiedad de conseguir gangas, ni por el temor a perder algo, o porque otra lo vea primero. Y es que tengo claro desde hace mucho que lo que es para mí, para mí será.

Ahora para lo que soy la primera es para ponerme en la puerta, pero en la de mi casa si hay un buen plan para salir a disfrutar del día, ahora salgo en las fotos que quiero, porque es a mí a quien buscan las cámaras, ahora me da igual si estamos en rebajas o no, porque sé que: con dinero o sin dinero, hago siempre lo que quiero.

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Sobre el autor Mar y Cleo

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