La Verdad
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El violinista dialogante
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Carlos Escobar | 18-02-2018 | 17:16| 0
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La interpretación musical es una forma de conversación entre músicos y público. Un diálogo al que todos estamos invitados dado el carácter internacional del idioma que se comparte. Esto ha sido y siempre será así, pero la verdadera interacción entre solista y orquesta sólo aparece tras el Barroco de la mano de autores como, por ejemplo, Wolfgang Amadeus Mozart que con tan sólo diecinueve años compone una joya artística como es el Concierto para violín número 3.

El hecho de que esta obra de estilo tan galante del genio de Salzburgo la programe la Asociación Promúsica es una feliz excusa para invitar a Música Inesperada a Antonio García Egea, un violinista de primer nivel que, tras comenzar sus estudios en su Cieza natal ha completado su formación en los conservatorios de Murcia, Mozarteum de Salzburgo y Royal de Bruselas.

Conozco a Antonio desde hace casi diez años y seguir su trayectoria me ha brindado muchas satisfacciones cada vez que ha sido justamente reconocido con premios como el de Promúsico del Año 2012, precisamente por la asociación que organiza el concierto de mañana.

A lo largo de este tiempo, García Egea ha sido dirigido por maestros como Valery Gergiev, George Prêtre, Riccardo Chailly, Vladimir Jurowski, Lorin Maazel, Zubin Mehta, Omer Meir Wellber, Nicola Luisotti o Plácido Domingo, entre otros. Desde 2010 hasta 2016 formó parte de la plantilla de la Orquesta de la Comunidad Valenciana del Palau de les Arts Reina Sofía y en agosto de 2015, gana por oposición la plaza de violinista en la Orquesta Sinfónica de Bilbao, donde desarrolla su carrera artística en el momento actual.

A pesar de todo este curriculum, me gustaría destacar la “buena madera” de la que está hecho este murciano en cuanto a humanidad y personalidad. Por ello es un placer hablar de música con él y descubrir aspectos del Concierto para violín número 3 de Mozart: “A los terrestres se nos escapa como una persona tan joven pudo componer esta obra. Hay que pensar que es una obra difícil para un violinista por el sonido, afinación y articulación y que por ello la piden en el proceso de admisión de todas las grandes orquestas del mundo”.

Antonio explica que la elección de interpretar este concierto entre los cinco que compuso en la misma época Mozart, la hizo Promúsica, “lo cual me pareció muy bien. Es una obra que los violinistas estudiamos en el último curso de carrera, como ocurre con la Partita número 3 de Bach y para interpretarlo con una orquesta detrás, se necesita mucha madurez profesional”.

En el escenario junto a García Egea estará Il Concerto Accademico, la excelente formación liderada por la experimentada violinista Margherita Marseglia. El papel de director musical en el concierto durante los fragmentos tutti  donde la voz solista no toca, la hará el propio Antonio. Para los que asistan a esta velada musical, él nos recomienda que estemos atentos a un momento especial: “En el primer movimiento, casi al final del desarrollo, pondré mi sello personal con unos ritardandi casi imperceptible que dan calma a la música”.

Hablando de improntas personales, este tercer concierto para violín de Mozart tiene dos cadencias al final de los dos primeros movimientos muy características del Clasicismo y que elige el solista: “Hay casi tantas cadencias como violinistas virtuosos, pero creo que se salen del espíritu de la obra. Por este motivo tocaré las dos de Sam Franko, que son las que, a mi criterio, más se acercan a Mozart”.

Desde estas líneas, les animo a redescubrir, una vez más, a Mozart. Regresar a la época del clasicismo de la mano de Antonio García Egea y de Il Concerto Accademico es disfrutar de una manera de vivir la música con frases de ocho compases, con melodías salpicadas con apoyaturas y trinos, con discretos vibratos de cuerda, pero, sobre todo, con una forma de acentuar y construir música sólo posible si asistimos a una conversación con el propio Mozart.
Lunes 19 de febrero, 20 h. Auditorio Víctor Villegas de Murcia. Música nocturna de Madrid de L. Boccherini, Concierto para violín y orquesta nº 3 K.216 de W.A. Mozart, Romanza en Do mayor Op.42 de J. Sibelius y Cuarteto nº1 “Sonata a Kreutzer” de L. Janacek. Il Concerto Accademico. Antonio García Egea (violín). Entrada 12 euros. Gratuita para socios de Promúsica.

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Acordes de fusión
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Carlos Escobar | 10-02-2018 | 21:37| 0
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Decir que Cammerata es una formación emergente cuando sus músicos son profesionales de primer nivel y formados académicamente en los grandes templos de referencia europea, es referirse a la capacidad de este grupo artístico para reinventarse cada temporada.

El próximo miércoles 14, la música clásica y el jazz tienen una cita íntima, como si de una velada de San Valentín se tratase, propiciada por Cammerata y en la que participan músicos excepcionales en el arte de improvisar movimientos entre acordes, como son los miembros de la Pablo Martínez Jazz Band y el chelista Barnabas Hangony “Batio”.

Hemos tenido la oportunidad de conocer las impresiones de estos músicos antes del concierto y lo primero que llama la atención es su vinculación al mundo del jazz habiendo completado los estudios superiores de música clásica, gracias a la influencia que tuvo aquello que escucharon en casa desde pequeños. Así el trombonista Pablo José Martínez Hernández (Bullas, 1989) nos cuenta que: “En la adolescencia comenzó mi afición al jazz de la mano de mi padre, que también es músico. Estudié jazz de forma autodidacta durante unos años y al terminar los estudios superiores en música clásica, me trasladé a Amsterdam para completar sendos máster de jazz en trombón tenor y en trombón bajo”. Por su parte Batio (Eslovaquia, 1974), desde niño, ya escuchaba jazz: “Mi madre es una gran aficionada que ponía los LP’s casi a diario mientras organizaba la casa. Cantaba con naturalidad, facilidad y perfecto ritmo todas las improvisaciones de cada músico o cantante. La admiraba y me gustaba mucho. Hoy le tengo que agradecer haberme abierto el tercer oído (sonríe)”.

Batio, además de tocar el violonchelo en la Orquesta Sinfónica de Madrid y la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, es miembro de la Orquesta BandArt y ya ha hecho muchos conciertos de fusión: “Me encanta. De hecho me dejan improvisar en una obra de Mozart la que tocamos con la BandArt”. Pablo además de dedicarse a la docencia, a la composición y a dar conciertos con la Pablo Martínez Flamenco-Jazz Band por toda Europa, colabora actualmente con la Orquesta Metropole de Holanda, formación mixta entre orquesta sinfónica y big band de jazz de gran prestigio y única en el mundo. No obstante, nos advierte que en el concierto con Cammerata “en realidad no habrá ninguna fusión a nivel estilístico, ya que vamos a tocar temas del repertorio estándar del jazz estadounidense acompañados por esta orquesta de cuerdas, pero será jazz a fin de cuentas”.
El programa propuesto por Cammerata tendrá dos partes, una con temas del propio Batio y otra de temas del repertorio estándar del jazz americano con el Pablo Martínez Quintet. Los temas seleccionados van a ser fácilmente reconocibles para el público y el propio Pablo señala que “el objetivo es que tanto público como músicos, pasemos una velada agradable, siempre buscando la belleza en la música”.

La armonía del jazz es una extensión de la armonía clásica, nos recuerda Pablo: “Una extensión en cuanto a que se ha llevado a otros terrenos estilísticos, pero no en cuanto a evolución. Los músicos de jazz no inventaron ningún acorde que no existiera anteriormente, hay doce notas y de ahí sale todo, la diferencia está en cómo se usen esos recursos”.

Es sorprendente que al transcribir las piezas de repertorio barroco, clásico o romántico en acordes propios del jazz, descubrimos que los compositores de estas épocas ya escribían música con alteraciones que consideramos modernas. “Es más, -aclara Batioen las partituras del Barroco, la línea de bajo está escrita con notas y una serie de números que se corresponden con grados (intervalos) de una escala o un acorde y que daban toda la libertad de improvisar al músico que las tocaba”.

Finalmente, les pido a Pablo y a Batio que nos sugieran las piezas que consideran ideales para improvisar. Los dos coinciden en que todas son ideales dependiendo de nivel y conocimiento de intérprete, pero que no hay nada como el blues para empezar.

¿No saben todavía qué regalar en San Valentín? Yo les sugiero adquirir un par de entradas para un concierto donde el jazz y la clásica compartirán una prometedora velada. Nunca se sabe hasta que punto una fusión tan apasionada es contagiosa.

Miércoles 14 de febrero, 20 h. Auditorio Víctor Villegas de Murcia. Cammerata, Pablo Martínez Jazz Band y Batio.

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Reencuentro vienés
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Carlos Escobar | 06-02-2018 | 22:53| 0
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El programa que está preparando la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia (OSRM) para el próximo viernes es de excepción y eso se nota en el fenomenal ambiente que hay en los ensayos. Nuestros músicos están en forma y los refuerzos que complementan la plantilla se contagian rápidamente de este espíritu de trabajo tan necesario para afrontar una de las grandes obras del repertorio sinfónico.

La ampliación de plantilla afecta a varias secciones y el viernes tendremos en escena a cinco flautas, tres oboes más un corno inglés, cinco clarinetes, cuatro fagotes, cinco trompas, tres trompetas, tres trombones, una tuba, timbales, percusión, campanas, campanas de rebaño, guitarra, mandolina, dos arpas y la nutrida cuerda, además del bombardino que tocará un miembro de la Orquesta Nacional de España y que sustituye a la trompa tenor (tenor horn) de la familia de las tubas, que tan difícil es de encontrar en estas latitudes.

Uno de los atractivos del programa es la presencia de Kristina Suklar, concertino de la ORF-Orquesta Sinfónica de la Radio Vienesa y una de las mejores violinistas en su puesto en Centroeuropa. Formada en la Universidad de la Música y las Artes de Viena con el profesor Werner Hink y en la universidad homóloga de Graz con el profesor Tibor Varga, ha obtenido numerosos premios como el del concurso Fidelio, el Anton Bruckner de la Orquesta Sinfónica de Viena o el prestigioso Gradus and Parnasum en la capital de la música.

Kristina ha sido concertino en la Pacific Music Festival Orchestra de Japón, en la Filarmónica de Zagreb, en la UBS Chamber Orchestra y en la Vienna Chamber Orchestra. Ella no tiene problemas para tocar en distintas orquestas ya que la ORF-RSO es la más internacional de Austría, con un repertorio muy variado y de distintos estilos como el clásico, romántico, operístico, de películas, contemporáneo…

Cuando le pido a Kristina que cierre los ojos y me cuente cómo sabe que no está a frente de su orquesta, realmente la pongo en un aprieto del que no rehuye: “Es una respuesta difícil de dar ya que depende mucho del repertorio que se toque en ese instante. En general, la ORF-RSO tiene el típico sonido vienés especialmente en las cuerdas, que podríamos definir como dulce y equilibrado en su conjunto, aspecto que está dentro de la tradición musical del país. Personalmente, estoy impresionada con el nivel de los músicos de la OSRM y, en especial, con la calidad de la sección de viento.”

Kristina Suklar está preparando con nuestra OSRM la Séptima Sinfonía de Gustav Mahler, a la que considera un reto para cualquier músico de orquesta: “Los movimientos primero y último son muy diferentes a los tres centrales. Para un músico es una obra difícil de entender al principio y requiere de un tiempo para lograrlo. Tengo que reconocer que no es mi sinfonía favorita entre las de Mahler, porque para mí es algo caótica si la comparamos con las demás”.

PROMS, Viena 2009

PROMS, Viena 2009

Muchos de los lectores se preguntarán cómo es que una violinista del nivel de Suklar está esta semana en Murcia: “Hace 18 años, estudiando en Viena, me dirigió Virginia Martínez en un concierto del diploma interno en el que yo interpretaba el concierto de violín de Beethoven. Después volvimos a encontrarnos en los Proms de Viena, donde toqué bajo su dirección el concierto para violín eléctrico de Adams. Me ha llamado para tocar con la OSRM y aquí estoy, encantada. Virginia tienes todas las cualidades de una gran directora y me gusta mucho trabajar con ella”.

Nacida en Serbia en el seno de una familia de músicos, Kristina nos cuenta que empezó en la música cuando con cuatro años le dieron un violín para ver que hacía y, al parecer, lo cogió tan bien que le dijeron que debía estudiar el instrumento.

En Viena, Kristina vive cada semana de una manera distinta según el plan de trabajo de la orquesta. Además de compartir el tiempo libre con su novio, le encanta bailar salsa, cocinar, aprender idiomas y viajar: “Bueno, y disfrutar de la compañia de mi perro”, añade la violinista.

Realmente, somos muy afortunados por vivir en una ciudad de ambiente musical como Murcia, pero la presencia de Kristina Suklar capitaneando a la OSRM, es un motivo para sentirnos orgullosos de nuestra orquesta y de la gran directora que la hacer crecer día a día.

 

Viernes 9 de febrero, 20 h. Auditorio Víctor Villegas. Séptima Sinfonía de Mahler. OSRM. Virginia Martínez (dirección musical). Charla preconcierto a las 19:25h.

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Una fiesta para los oídos (y IV)
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Carlos Escobar | 04-02-2018 | 10:18| 0
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Un atardecer de Maiernigg, 15 de agosto de 1905. Gustav Mahler entra en casa tras un intenso día dedicado a la composición. Se dirige a la terraza, donde Alma está sentada observando como juegan sus dos hijas, María (Putzi) y Anna (Gucki). Advierte que el rostro de su mujer refleja cansancio y cierto enojo.

Gustav.- ¡Hola familia! ¿Qué tal ha ido el día? (Besa de manera paternal a Alma en la mejilla y se dirige hacia las niñas para hacerles cosquillas y abrazarlas).

Alma.- (Con semblante serio). Te hemos esperado para comer.

G.- (Mientras retira una pequeña hormiga del vestido de María). Lo siento. Estaba enfrascado en mi trabajo.

A.- (Con tono sarcástico). Menos mal que en unos días volvemos a Viena. Cada día me aburro más aquí en Maiernigg.

G.- Pero Almita,… Esta casa, el bosque, el lago,… Mira cómo disfrutan las niñas. El otro día lo comentábamos paseando con ellas…  ¡Somos unos afortunados!. Y además, aquí tengo la tranquilidad necesaria para trabajar liberado del yugo de la dirección de conciertos y óperas …

A.- Si al menos, pasaras más tiempo conmigo. Estoy todo el tiempo sola en este caserón. Nadie viene a vernos porque todo el mundo sabe que no quieres recibir visitas. Tan sólo se atreve a asomar fugazmente la cabeza algún músico impaciente por conocer tu opinión sobre su trabajo … No me extrañaría nada que apareciese un día de estos ese Schönberg que acabas de conocer y que tanto te admira…

G.- (Quitándole importancia a la conversación). ¿Para qué necesitamos las visitas? Aquí estamos los cuatro muy bien. Ya llegaremos a Viena y saldremos a hacer vida social.

A.- (Con aires de ofendida). ¿Vida social? Las últimas veces que hemos sido invitados a cenar, no hablaste ni comiste nada. Ni siquiera contestabas a las preguntas amables de los demás comensales. No me extrañaría nada que este otoño nadie nos vuelva a ofrecer su casa…

G.- (Tumbado en el suelo manteniendo a Gutzi en el aire con los brazos extendidos). Tonterías, solo me comporto así cuando la gente insinúa que mi manera de dirigir es extraña. Esos estúpidos hablan de la tradición vienesa para referirse a la pereza y dejadez de los músicos. ¡Son unos idiotas!

A.- Pero Gustav, ¿no te das cuenta que los músicos son parte de nuestra sociedad y que no puedes hablar mal de ellos en público?

G.- (Dejando a la pequeña Gucki en su sillita y acercándose a cuatro patas hacia Putzi). Esos cretinos son unos mediocres. Piensan que la música es la vaca lechera que les da de comer y necesito una orquesta que se implique más. Además, hablar de ellos me da dolor de cabeza…

A.- Ves, otra vez con tus jaquecas. Pasas todo el día en tu caseta del bosque y ahora te duele la cabeza. Eso cuando no estás leyendo ensimismado, ese odioso libro que siempre llevas encima. Todavía recuerdo el día que nació Gucki. No se te ocurrió nada mejor que leerme en mitad del parto tus Críticas de Kant. No sé si eran peor los dolores del parto o esas parrafadas tan horribles….

G.- (Mirando a su bolsillo y comprobando con satisfacción que el libro permanecía allí). Almita…

A.- Y eso cuando no te ríes a carcajadas cuando lo lees. No sé que te hacía tanta gracia anoche…

G.- (Justificándose en un intento de calmar a su mujer). Estaba leyendo el Quijote de Cervantes. ¡Qué divertido es el capítulo de los molinos de viento! Si quieres te lo recito esta noche….

A.- (Observando como Gustav imita a un perro que empuja con el hocico a María). Eres incorregible. Quizás por eso me casé contigo en contra de los consejos de mi familia (sonriendo para ella misma) … y de la tuya.

G.- (Intuyendo que el temporal doméstico amaina). Por cierto, hoy he terminado de componer la nueva sinfonía.

A.- (Se levanta y se acerca a su marido, al que abraza de una manera efusiva). Oh, Gustav. Eso es fantástico. Estoy deseando escucharte tocar al piano los fragmentos del scherzo.

G.- (Cogiéndola por la cintura ante la mirada atónita de María). No se si te va a gustar la pequeña burla sobre el vals vienés que salpica el movimiento….

A.- Creo que no hay nada en ti que no me guste…

G.- (Tras un beso apasionado). Almita, ¿me ayudarás mañana con las partituras?

A.- Claro que sí. Sólo tienes que servirme un rico desayuno en esta terraza.

G.- ¿Un desayuno romántico con vistas al Wörtersee en el ocaso del verano….? No sé…. ¡Tengo tantas cosas que contarte! La próxima temporada será apasionante con la celebración del 150º aniversario del nacimiento de Mozart.

 

Mahler terminó la composición de la Séptima Sinfonía el 15 de agosto de 1905. La obra se estrenó tres años más tarde en Praga. En Murcia, tendremos la oportunidad de escucharla el próximo viernes 9 de febrero en el Auditorio Víctor Villegas. Quizás estemos ante el acontecimiento musical del año.

 

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Una fiesta para los oídos (III)
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Carlos Escobar | 01-02-2018 | 20:03| 0
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El verano de 1905 fue uno de los más felices para los Mahler. Desde la llegada a Maiernigg en junio, justo el día del primer cumpleaños de Anna Justine, la familia disfrutó de los encantos de la villa construida a orillas del lago. Gustav era poco amigo de recibir visitas con el fin de preservar la intimidad durante las vacaciones estivales. Los paseos vespertinos con Alma y las dos niñas llenaban de momentos dichosos al matrimonio, de manera que no echaban de menos a nadie.

Una de las mañanas en las que Gustav jugaba en la terraza con Maria Anna, cayó en la cuenta de lo diferente que transcurría el veraneo con respecto al año anterior. En aquel momento, Alma estaba convaleciente tras un parto laborioso y decidió quedarse en Viena para cuidar del bebé y recuperarse con tranquilidad. Mahler se marchó solo a las orillas del Wörthersee durante esas siete semanas de junio y julio de 1904 para componer con tranquilidad los Kindertotenlieder sobre poemas de Fiedrich Rückert, la Sexta Sinfonía y dos movimientos nocturnos (Nachtmusik) de lo que sería, más adelante, su Séptima Sinfonía.

Durante su retiro en Maiernigg, el maestro imaginó su nueva obra con cinco movimientos de los cuales los tres centrales escribiría de una forma libre y tendrían un claro carácter nocturno. La ironía sería el ingrediente común de los tres, especialmente del punzante, demoníaco y provocador scherzo, que aunque todavía estaba sin componer, llenaría de sombras al canto a la noche.

Para escribir la primera de las Nachtmusik de la Séptima Sinfonía, Mahler se inspiró en una pintura de Rembrandt que había visto en una visita al Rijksmuseum de Amsterdam. El cuadro era conocido popularmente como “La ronda de noche” y representaba una escena de una compañía de arcabuceros. A Gustav le impresionó el aire grotesco de unos personajes marcadamente desdibujados y que parecían desfilar al ritmo de su canción “Revelge”, que él recreaba interiormente como una danza rústica donde se entremezclarían cantos de pájaros y cencerros de vacas.

En Mahler, un compositor cuyo tiempo estaba por llegar, la ironía tan presente en esta Séptima Sinfonía retornaría a las salas del Rijksmuseum cuando se restauró “La ronda de noche”. La limpieza del oxidado barniz del cuadro, testigo del paso del tiempo, devolvió a la pintura su luz original que realmente evocaba una escena diurna.
continuará….

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Una fiesta para los oídos (II)
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Carlos Escobar | 22-01-2018 | 22:47| 0
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Los siguientes días en Maiernigg fueron muy productivos para Gustav. Parecía que el impulso recibido en las aguas del Wörthersee contenía suficiente energía para terminar los tres movimientos que completarían la séptima sinfonía. La estancia en la casa de Maiernigg junto a Alma y las niñas le daba la necesaria estabilidad emocional para que los veranos fuesen productivos. Además, la casita construida de obra situada en el bosque, tan solo a doscientos metros de la mansión, era un magnífico refugio donde componer en un ambiente tranquilo.

Gustav se levantaba cada día a las seis de la mañana y se dirigía hacia la casita, donde se encontraba el desayuno preparado sobre la mesa. Nadie podía molestarle allí y Alma organizaba todo para que sus deseos se cumplieran a la perfección. Pobre del que se acercara a esta zona de la finca que estaba ligeramente sobrelevada. El compositor tampoco soportaba cruzarse con nadie de camino a la casita del bosque, lo que suponía un reto y un esfuerzo adicional para Agnes, la cocinera que le llevaba cada mañana el desayuno.

Agnes era una lugareña que procedía de Klagenfurt. Casada desde hace años, no tenía descendencia, por lo que trabajar en casa de los Mahler viendo crecer a Putzy y Gucci la hacía muy feliz. Tenía un pequeño defecto al caminar a raíz de un accidente en la infancia, pero se desplazaba con el suficiente sigilo para contribuir al ambiente de paz que tanto valoraban los dueños de la casa. Agnes no había trabajado anteriormente, pero su marido había sido despedido de la casa de los Schäfer, donde había cuidado del jardín en los últimos veinte años. Al parecer, una tarde de mayo, los perros del señor Schäfer comenzaron a ladrarle de forma compulsiva y esto se repitió cada vez que se acercaba a la propiedad, lo que generaba gran disconfor a la familia y al vecindario. Se trataba de una raza de perros muy particular ya que no servía ni para compañía ni para proteger la finca, pero tenía un fino olfato capaz de captar si un individuo intimaba con más de una mujer, lo que los enfurecía sobremanera, para satisfacción de sus dueños, que pensaban que eran canes que custodiaban con celo el hogar familiar.

Agnes era una excelente cocinera. Su madre era de origen suizo y le había enseñado a preparar jugosos platos y excelentes postres. Esa mañana preparó un exquisito pastel de la región típico para el día de San Juan, con el que su familia celebraba la llegada del verano. Cuando preparó la bandeja con el desayuno del señor Mahler, se dirigió a la casita siguiendo el recorrido tortuoso y alejado del camino para no cruzarse con el compositor, lo que era como firmar su sentencia de muerte. Los últimos metros eran los más complicados, ya que no existía ningún sendero y la inclinación de la pendiente obligaba a Agnes a equilibrar con mucha dificultad los vaivenes que su cojera transmitía al contenido de la bandeja.

En ese mismo momento Gustav se dirigía hacia la casita y no pudo evitar sonreír ante el empeño de su empleada en conseguir dejar el desayuno sin ser vista.  Avanzó con la suficiente lentitud para permitir que Agnes volviese por su secreto y a la vez peligroso camino.

Cuando entró en la caseta, un dulce olor a pastel envolvía la luz que entraba por la ventana. Como si se tratase de una auténtica mañana de San Juan. Gustav canturreó “Johannistag! Johannistag! Blumen und Bänder so viel man mag!”. Ya tenía en mente como escribir el quinto movimiento de su sinfonía. El pastel de Agnes lo había transportado a Nuremberg y a sus maestros cantores.

continuará….

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Una fiesta para los oídos (I)
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Carlos Escobar | 15-01-2018 | 19:51| 0
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Esa tarde de verano, Gustav llegó a Krumpendorf. Estaba cansado del largo viaje que había realizado desde Los Dolomitas y sentía un fuerte dolor de cabeza. Ya le quedaba poco para llegar a casa. Sólo debía esperar al bote que lo llevaría hasta Maiernigg, al otro lado del lago Wörthersee. Decidió sentarse para tomar el aire. Enseguida llegaría el otoño y con ello una carga de trabajo intensa para el director de la Ópera de Viena. Cada estancia veraniega a orillas del lago le permitía componer con la tranquilidad necesaria, pero ese año había sido poco productivo. Durante el verano pasado terminó los dos movimientos nocturnos de su Séptima Sinfonía, una obra planificada con una simetría arquitectónica. Entre los dos movimientos ya escritos de una forma un tanto libre, incluiría un demoníaco y provocador scherzo y la obra empezaría y finalizaría con sendos movimientos rápidos. Desgraciadamente, la inspiración se había disipado.

En junio de 1904 había sido padre por segunda vez. La pequeña Anna, llamada Gucki en la intimidad, crecía sana junto a su hermana María. Mahler era un hombre envidiado por su talento, por su posición y por su matrimonio con la bella Alma, una atractiva mujer diecinueve años más joven que él que renunció a su carrera musical para someterse a la voluntad y criterio de un marido que consideraba que con un compositor en casa ya era suficiente. Para Gustav, lo importante era disponer de tiempo y tranquilidad para componer y Alma estaba dispuesta a crearle esa atmósfera. Era el cuarto verano de casados y apenas se veían durante el día. Gustav pasaba casi todo el día enfrascado en su trabajo. Además, su obsesión por no recibir visitas y poder terminar su sinfonía junto al esmero con el que Alma cuidaba de la casa y de las niñas, distanciaba a dos seres a los que, desde el principio, sus propias familias les vaticinaban un pobre futuro como pareja.

Alma no había ido a recoger a Gustav a Krumpendorf. Probablemente él olvidó avisarle de que llegaría esa tarde. A sus 44 años, en su mente rondaba la idea de crear una gran obra puramente instrumental y poco autobiográfica. Estaba dispuesto a entrar en el desconocido mundo de las tinieblas para mostrar al resto de los humanos que con su forma de orquestar y de crear armonías podría expresar el dolor y la duda que genera nuestra condición de seres mortales. Había incluso previsto incluir nuevos instrumentos como un tipo original de tuba, una mandolina y una guitarra, pero no encontraba la manera de lanzar su sinfonía hacia el futuro.

De repente, se levantó y vio que su bote había llegado. Se dirigió a la orilla y saludó con cierta antipatía al barquero. Volver a casa era una derrota. La obra estaba tal y como la tenía antes de partir hacia Italia y el tiempo de veraneo se agotaba. Sentado en el bote, contemplaba resignado como la impresionante naturaleza que lo rodeaba era incapaz de inspirarle.

En el momento que el barquero comenzó a remar con vigor, Gustav reaccionó sobresaltado. Podía sentir el ritmo con el que ese hombre impulsaba el bote y la fuerza con la que, ahora sí, rugía para él la naturaleza. Ya sabía como comenzar la sinfonía. Estaba deseoso de llegar a la otra orilla del lago. En su corazón palpitaba la marcha sombría que en modo menor inundaría el Allegro inicial de su séptima sinfonía.

continuará…

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Albricias por Navidad
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Carlos Escobar | 04-01-2018 | 14:33| 0

img-5721_origHubo un época en la que a la primera persona que daba una feliz noticia se le compensaba con regalos. Estos obsequios, llamados albricias, en cierto modo eran esperados por el portador de la buena nueva.

El ensemble Cantoría no deja de sorprendernos con nuevos y atractivos proyectos en su segundo año de andadura artística desde su fundación en 2016. Este año ha sido especialmente productivo para el grupo vocal especializado en Música Antigua y además de la selección para el programa International Young Artist´s Presentation de Amberes (Bélgica), para las residencias de la Cité de la Voix de Vézelay y para el programa de ensambles europeos emergentes Eeemergin de 2018.

Este reconocimiento de Cantoría como grupo emergente europeo es excepcional ya que sólo otros cinco ensembles han sido seleccionados para este programa de actividades de promoción con residencias, de elaboración de soportes audiovisuales y de conciertos en distintos festivales internacionales.

Como comentábamos en otros post, el ensemble Cantoría surge a partir del Festival de Música Antigua de Sierra Espuña que organiza Early Music Proyect. Esta plataforma completa su incesante actividad de promoción artística con una ardua tarea de investigación sobre partituras de la época medieval y renacentista en nuestra región. Así, dos de sus integrantes, Ignacio López y Miguel Martínez han descubierto entre los documentos del Archivo Regional de la Región de Murcia tres obras completas de música sacra (la secuencia Dies Irae de un requiem y dos antífonas procesionales) junto a varios fragmentos de otras composiciones.

La Navidad todavía no ha terminado. Al menos, hasta que Cantoría ofrezca el último de sus cuatros conciertos navideños, no debemos desconectar de este espíritu que tanto ayuda la música a definir.

Mañana viernes, en el Palacio Episcopal, la soprano Isabel Alonso, el contratenor Samuel Tapia, el bajo Valentín Miralles y el tenis y director musical Jorge Losana, interpretarán villancicos pertenecientes al Cancionero de Uppsala, por ser en esta universidad sueca donde se encontró hace 100 años el único ejemplar de esta recopilación de villancicos. Conocido también como Cancionero de Venecia (lugar de su publicación en 1556) o Cancionero del Duque (por haber sido recopilado en la corte valenciana de Fernando de Aragón, Duque de Calabria), incluye 70 villancicos de pequeño formato y de distintos autores, de entre dos y cinco voces.

Los villancicos que se interpretarán son “Dadme albricias, hijos de Eva”, “Riu Riu Chiu”, “E la don don Verges María”, “Me soy la morenica”, “Rey a que reyes adoran”, con temáticas referentes al nacimiento del Mesías prometido, la adoración de los Reyes Magos y textos del Antiguo Testamento.

 

Viernes 5 de enero, 20:30h. Palacio Episcopal de Murcia. Concierto de Navidad “¡Dadme albricias!”. Ensemble Cantoría. Entrada libre hasta completar aforo.

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Ímpetu proporcionado
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Carlos Escobar | 23-12-2017 | 20:00| 0
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La simbiosis entre Navidad y música que propone en diciembre el Cuarteto Saravasti alcanza su mayoría de edad. En esta XVIII edición del Concierto Extraordinario de Navidad son Haydn, Beethoven y Brahms los compositores que cierran los actos de celebración del XX Aniversario de la formación camerística murciana.

El programa incluye el célebre Quinteto para piano y cuarteto de cuerda en Fa menor, opus 34 de Brahms y la intérprete invitada para la ocasión es Marta Liébana (Madrid, 1985), una pianista formada en Getafe, Madrid, Helsinki y Amsterdam, que junto al Cuarteto Saravasti, ofrecerá una de las obras más importantes de la música de cámara.

Marta nos explica que este quinteto para piano y cuerdas es especial por su complejidad armónica, dificultad técnica y el genial balance entre cuerdas y piano: “No hace falta ser músico profesional para que los colores y lugares a los que Brahms nos lleva en este quinteto resulten sorprendentemente enérgicos, oscuros y sensuales. El oyente solo tiene que abrirse y dejarse emocionar”.

Esta composición tan singular hay que valorarla en conjunto y Marta Liébana destaca su ritmo y continuidad melódica: “Brahms era un apasionado de las síncopas y entrelazaba continuamente las melodías”. Esta profesora de piano del Conservatorio de Amsterdam, aclara que su papel es este quinteto no es ni principal ni secundario: “El piano es, desde mi punto de vista, otro cuarteto. La obra fue ideada inicialmente por el compositor como un quinteto de cuerdas, luego como sonata para dos pianos y, finalmente, como quinteto con piano”.

Marta Liébana ha llevado su música al Conservatorio Reina Sofía de Madrid, a la Fundación Botín y Teatro Ateneo de Santander, la Concertgebouw Kleine Zaal de Amsterdam y ha trabajado en la De Nederlandse Opera (DNO), Opera Studio in Amsterdam, la Opera op Zak y la Opera 2Day in The Hague, entre otras. En el quinteto de Brahms destaca el principio y el final del cuarto movimiento: “Un comienzo indeciso, frustrado y extremadamente contenido que abre paso a un bellísimo tema liderado por el chelo. En el final, que parece que nunca acaba, Brahms sorprende al pedirnos más tanto a los intérpretes como a los oyentes”.

Liébana es una pianista con una formación muy completa y variada. Fuera de nuestras fronteras, ha aprendido a lidiar con la presión inherente al alto nivel musical que la rodea, sin que esto le resulte un reto destructivo: “Allí los conservatorios son universidades respetadas a nivel nacional e internacional, donde es posible llevar a cabo cualquier idea o proyecto interesante. La administración no está para dificultar la cultura, sino para promoverla y esto se refleja en las ganas de los profesores y las instalaciones y facilidades que tienen los estudiantes. En España tenemos muy buenos músicos y profesores, pero poca gente interesada en promover la excelencia”.

Haber conocido a gente de todos los lugares y escuelas, ha sido algo extremadamente enriquecedor para Marta, que se siente más apreciada fuera de España que dentro: “Son lugares donde no tiene tanta relevancia con quién hayas estudiado, ya que si eres trabajadora y con ganas de hacer música, te dan oportunidades”.

Le he pedido a Marta que nos dibuje una pincelada de lo que es su vida como profesora en el Conservatorio de Amsterdam: “En las semanas que no hay conciertos o proyectos extraordinarios, toco los lunes y jueves en la Academia de Ópera de Amsterdam. Los martes, miércoles y viernes doy clase de piano y de piano complementario y los fines de semana acompaño a violines, violas y chelos. Aprovecho el tiempo que tengo antes y después de las clases para preparar los conciertos, ¡si no llevo tocando ya ese día diez horas!”

Marta Liébana fue una de las 12 pianistas seleccionadas entre 160 de todo el mundo para la edición de 2011 del Concurso Internacional de Piano de Santander Paloma O´Shea. Una tarjeta de presentación así, la hace merecedora de esta invitación para tocar con un cuarteto de la categoría de Saravasti.

No sean tan inocentes como para perderse este concierto…

 

Jueves 28 de diciembre, 20 horas. Haydn, Cuarteto de cuerda en Re mayor Op.33 nº6. Beethoven, Cuarteto de cuerda en La mayor Op.18 nº5. Brahms, Quinteto con piano en Fa menor Op.34. Cuarteto Saravasti. Marta Liébana (piano). Entradas: 12 euros, Estudiantes: 6 euros.

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De la mano de pianistas (y III)
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Carlos Escobar | 14-12-2017 | 22:42| 0
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Federico Chopin (1810-1849) fue uno de los grandes músicos de la historia que se dio a conocer en Centroeuropea a los diecisiete años con una obra muy del gusto de la época. De la mano de Don Giovanni y Zerlina, dos interesantes personajes creados por Mozart, el compositor polaco escribió las Variaciones sobre Là ci darem la mano para piano y orquesta opus 2, del célebre dueto del primer acto de la ópera Don Juan.

Chopin escribe esta obra siguiendo un patrón muy clásico y la estructura en introducción, tema, cinco variaciones y finale, pero emplea la tonalidad de Si bemol mayor, es decir, eleva medio tono la original de la ópera de Mozart.

El estilo brillante del compositor nacido cerca de Varsovia está presente en cada compás de la partitura, aunque ya nos adelanta muchas cosas de las que veremos en el Romanticismo. De hecho, Robert Schumann quedó tan impresionado por la obra que publicó en la Berliner Allgemeinen Musikzeitung su famosa exclamación: “¡Señores, descubrámonos, un genio!”.

La obra se estrenó el 11 de agosto de 1829 en el Theater am Kärntnetor de Viena con el propio Chopin al piano. La primera variación tiene un carácter brillante, mientras que la segunda es rápida y tiene un movimiento regular y constante. La tercera variación es realmente un estudio para piano solo y la cuarta debe ser interpretada con bravura, dando la impresión de que Chopin la hubiera escrito para violín en lugar de piano. Tras un fragmento orquestal aparece la quinta variación que es la única escrita en modo menor. Este adagio va seguido en attaca por el finale donde los ritmos de Mozart adquieren un toque de polonesa, llena de brillantez y bravura.

La pianista Galina Zhukova interpretará esta obra en el concierto de ClaMo Music y nos llevará de la mano entre los dos extremos en los que se mueve la ópera original de Mozart: la alegría y lo demoniaco. Como decía Jachimecki: “Cualquiera que conozca Don Giovanni, comprenderá perfectamente lo que Chopin deseó expresar aquí.”

 

Viernes 15 de diciembre de 2017, 19 horas. Variaciones de “La ci darem la mano” de Chopin, Concierto para piano opus 16 de Grieg, Concierto para piano número 3 y Variaciones sobre un tema de Paganini de Rachmaninov. Galina Zhukova y Konstantinos Destounis, Marina Kan Selvik y Vivianne Cheng (pianistas).  Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia. Gonzalo Berná (director). Entradas: desde 10 a 30 euros.

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