La Verdad
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Autor: Carlos Escobar
El violinista dialogante
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Carlos Escobar | 18-02-2018 | 6:16| 0

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La interpretación musical es una forma de conversación entre músicos y público. Un diálogo al que todos estamos invitados dado el carácter internacional del idioma que se comparte. Esto ha sido y siempre será así, pero la verdadera interacción entre solista y orquesta sólo aparece tras el Barroco de la mano de autores como, por ejemplo, Wolfgang Amadeus Mozart que con tan sólo diecinueve años compone una joya artística como es el Concierto para violín número 3.

El hecho de que esta obra de estilo tan galante del genio de Salzburgo la programe la Asociación Promúsica es una feliz excusa para invitar a Música Inesperada a Antonio García Egea, un violinista de primer nivel que, tras comenzar sus estudios en su Cieza natal ha completado su formación en los conservatorios de Murcia, Mozarteum de Salzburgo y Royal de Bruselas.

Conozco a Antonio desde hace casi diez años y seguir su trayectoria me ha brindado muchas satisfacciones cada vez que ha sido justamente reconocido con premios como el de Promúsico del Año 2012, precisamente por la asociación que organiza el concierto de mañana.

A lo largo de este tiempo, García Egea ha sido dirigido por maestros como Valery Gergiev, George Prêtre, Riccardo Chailly, Vladimir Jurowski, Lorin Maazel, Zubin Mehta, Omer Meir Wellber, Nicola Luisotti o Plácido Domingo, entre otros. Desde 2010 hasta 2016 formó parte de la plantilla de la Orquesta de la Comunidad Valenciana del Palau de les Arts Reina Sofía y en agosto de 2015, gana por oposición la plaza de violinista en la Orquesta Sinfónica de Bilbao, donde desarrolla su carrera artística en el momento actual.

A pesar de todo este curriculum, me gustaría destacar la “buena madera” de la que está hecho este murciano en cuanto a humanidad y personalidad. Por ello es un placer hablar de música con él y descubrir aspectos del Concierto para violín número 3 de Mozart: “A los terrestres se nos escapa como una persona tan joven pudo componer esta obra. Hay que pensar que es una obra difícil para un violinista por el sonido, afinación y articulación y que por ello la piden en el proceso de admisión de todas las grandes orquestas del mundo”.

Antonio explica que la elección de interpretar este concierto entre los cinco que compuso en la misma época Mozart, la hizo Promúsica, “lo cual me pareció muy bien. Es una obra que los violinistas estudiamos en el último curso de carrera, como ocurre con la Partita número 3 de Bach y para interpretarlo con una orquesta detrás, se necesita mucha madurez profesional”.

En el escenario junto a García Egea estará Il Concerto Accademico, la excelente formación liderada por la experimentada violinista Margherita Marseglia. El papel de director musical en el concierto durante los fragmentos tutti  donde la voz solista no toca, la hará el propio Antonio. Para los que asistan a esta velada musical, él nos recomienda que estemos atentos a un momento especial: “En el primer movimiento, casi al final del desarrollo, pondré mi sello personal con unos ritardandi casi imperceptible que dan calma a la música”.

Hablando de improntas personales, este tercer concierto para violín de Mozart tiene dos cadencias al final de los dos primeros movimientos muy características del Clasicismo y que elige el solista: “Hay casi tantas cadencias como violinistas virtuosos, pero creo que se salen del espíritu de la obra. Por este motivo tocaré las dos de Sam Franko, que son las que, a mi criterio, más se acercan a Mozart”.

Desde estas líneas, les animo a redescubrir, una vez más, a Mozart. Regresar a la época del clasicismo de la mano de Antonio García Egea y de Il Concerto Accademico es disfrutar de una manera de vivir la música con frases de ocho compases, con melodías salpicadas con apoyaturas y trinos, con discretos vibratos de cuerda, pero, sobre todo, con una forma de acentuar y construir música sólo posible si asistimos a una conversación con el propio Mozart.
Lunes 19 de febrero, 20 h. Auditorio Víctor Villegas de Murcia. Música nocturna de Madrid de L. Boccherini, Concierto para violín y orquesta nº 3 K.216 de W.A. Mozart, Romanza en Do mayor Op.42 de J. Sibelius y Cuarteto nº1 “Sonata a Kreutzer” de L. Janacek. Il Concerto Accademico. Antonio García Egea (violín). Entrada 12 euros. Gratuita para socios de Promúsica.

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Acordes de fusión
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Carlos Escobar | 10-02-2018 | 4:40| 0

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Decir que Cammerata es una formación emergente cuando sus músicos son profesionales de primer nivel y formados académicamente en los grandes templos de referencia europea, es referirse a la capacidad de este grupo artístico para reinventarse cada temporada.

El próximo miércoles 14, la música clásica y el jazz tienen una cita íntima, como si de una velada de San Valentín se tratase, propiciada por Cammerata y en la que participan músicos excepcionales en el arte de improvisar movimientos entre acordes, como son los miembros de la Pablo Martínez Jazz Band y el chelista Barnabas Hangony “Batio”.

Hemos tenido la oportunidad de conocer las impresiones de estos músicos antes del concierto y lo primero que llama la atención es su vinculación al mundo del jazz habiendo completado los estudios superiores de música clásica, gracias a la influencia que tuvo aquello que escucharon en casa desde pequeños. Así el trombonista Pablo José Martínez Hernández (Bullas, 1989) nos cuenta que: “En la adolescencia comenzó mi afición al jazz de la mano de mi padre, que también es músico. Estudié jazz de forma autodidacta durante unos años y al terminar los estudios superiores en música clásica, me trasladé a Amsterdam para completar sendos máster de jazz en trombón tenor y en trombón bajo”. Por su parte Batio (Eslovaquia, 1974), desde niño, ya escuchaba jazz: “Mi madre es una gran aficionada que ponía los LP’s casi a diario mientras organizaba la casa. Cantaba con naturalidad, facilidad y perfecto ritmo todas las improvisaciones de cada músico o cantante. La admiraba y me gustaba mucho. Hoy le tengo que agradecer haberme abierto el tercer oído (sonríe)”.

Batio, además de tocar el violonchelo en la Orquesta Sinfónica de Madrid y la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, es miembro de la Orquesta BandArt y ya ha hecho muchos conciertos de fusión: “Me encanta. De hecho me dejan improvisar en una obra de Mozart la que tocamos con la BandArt”. Pablo además de dedicarse a la docencia, a la composición y a dar conciertos con la Pablo Martínez Flamenco-Jazz Band por toda Europa, colabora actualmente con la Orquesta Metropole de Holanda, formación mixta entre orquesta sinfónica y big band de jazz de gran prestigio y única en el mundo. No obstante, nos advierte que en el concierto con Cammerata “en realidad no habrá ninguna fusión a nivel estilístico, ya que vamos a tocar temas del repertorio estándar del jazz estadounidense acompañados por esta orquesta de cuerdas, pero será jazz a fin de cuentas”.
El programa propuesto por Cammerata tendrá dos partes, una con temas del propio Batio y otra de temas del repertorio estándar del jazz americano con el Pablo Martínez Quintet. Los temas seleccionados van a ser fácilmente reconocibles para el público y el propio Pablo señala que “el objetivo es que tanto público como músicos, pasemos una velada agradable, siempre buscando la belleza en la música”.

La armonía del jazz es una extensión de la armonía clásica, nos recuerda Pablo: “Una extensión en cuanto a que se ha llevado a otros terrenos estilísticos, pero no en cuanto a evolución. Los músicos de jazz no inventaron ningún acorde que no existiera anteriormente, hay doce notas y de ahí sale todo, la diferencia está en cómo se usen esos recursos”.

Es sorprendente que al transcribir las piezas de repertorio barroco, clásico o romántico en acordes propios del jazz, descubrimos que los compositores de estas épocas ya escribían música con alteraciones que consideramos modernas. “Es más, -aclara Batioen las partituras del Barroco, la línea de bajo está escrita con notas y una serie de números que se corresponden con grados (intervalos) de una escala o un acorde y que daban toda la libertad de improvisar al músico que las tocaba”.

Finalmente, les pido a Pablo y a Batio que nos sugieran las piezas que consideran ideales para improvisar. Los dos coinciden en que todas son ideales dependiendo de nivel y conocimiento de intérprete, pero que no hay nada como el blues para empezar.

¿No saben todavía qué regalar en San Valentín? Yo les sugiero adquirir un par de entradas para un concierto donde el jazz y la clásica compartirán una prometedora velada. Nunca se sabe hasta que punto una fusión tan apasionada es contagiosa.

Miércoles 14 de febrero, 20 h. Auditorio Víctor Villegas de Murcia. Cammerata, Pablo Martínez Jazz Band y Batio.

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Reencuentro vienés
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Carlos Escobar | 06-02-2018 | 11:47| 0

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El programa que está preparando la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia (OSRM) para el próximo viernes es de excepción y eso se nota en el fenomenal ambiente que hay en los ensayos. Nuestros músicos están en forma y los refuerzos que complementan la plantilla se contagian rápidamente de este espíritu de trabajo tan necesario para afrontar una de las grandes obras del repertorio sinfónico.

La ampliación de plantilla afecta a varias secciones y el viernes tendremos en escena a cinco flautas, tres oboes más un corno inglés, cinco clarinetes, cuatro fagotes, cinco trompas, tres trompetas, tres trombones, una tuba, timbales, percusión, campanas, campanas de rebaño, guitarra, mandolina, dos arpas y la nutrida cuerda, además del bombardino que tocará un miembro de la Orquesta Nacional de España y que sustituye a la trompa tenor (tenor horn) de la familia de las tubas, que tan difícil es de encontrar en estas latitudes.

Uno de los atractivos del programa es la presencia de Kristina Suklar, concertino de la ORF-Orquesta Sinfónica de la Radio Vienesa y una de las mejores violinistas en su puesto en Centroeuropa. Formada en la Universidad de la Música y las Artes de Viena con el profesor Werner Hink y en la universidad homóloga de Graz con el profesor Tibor Varga, ha obtenido numerosos premios como el del concurso Fidelio, el Anton Bruckner de la Orquesta Sinfónica de Viena o el prestigioso Gradus and Parnasum en la capital de la música.

Kristina ha sido concertino en la Pacific Music Festival Orchestra de Japón, en la Filarmónica de Zagreb, en la UBS Chamber Orchestra y en la Vienna Chamber Orchestra. Ella no tiene problemas para tocar en distintas orquestas ya que la ORF-RSO es la más internacional de Austría, con un repertorio muy variado y de distintos estilos como el clásico, romántico, operístico, de películas, contemporáneo…

Cuando le pido a Kristina que cierre los ojos y me cuente cómo sabe que no está a frente de su orquesta, realmente la pongo en un aprieto del que no rehuye: “Es una respuesta difícil de dar ya que depende mucho del repertorio que se toque en ese instante. En general, la ORF-RSO tiene el típico sonido vienés especialmente en las cuerdas, que podríamos definir como dulce y equilibrado en su conjunto, aspecto que está dentro de la tradición musical del país. Personalmente, estoy impresionada con el nivel de los músicos de la OSRM y, en especial, con la calidad de la sección de viento.”

Kristina Suklar está preparando con nuestra OSRM la Séptima Sinfonía de Gustav Mahler, a la que considera un reto para cualquier músico de orquesta: “Los movimientos primero y último son muy diferentes a los tres centrales. Para un músico es una obra difícil de entender al principio y requiere de un tiempo para lograrlo. Tengo que reconocer que no es mi sinfonía favorita entre las de Mahler, porque para mí es algo caótica si la comparamos con las demás”.

PROMS, Viena 2009

PROMS, Viena 2009

Muchos de los lectores se preguntarán cómo es que una violinista del nivel de Suklar está esta semana en Murcia: “Hace 18 años, estudiando en Viena, me dirigió Virginia Martínez en un concierto del diploma interno en el que yo interpretaba el concierto de violín de Beethoven. Después volvimos a encontrarnos en los Proms de Viena, donde toqué bajo su dirección el concierto para violín eléctrico de Adams. Me ha llamado para tocar con la OSRM y aquí estoy, encantada. Virginia tienes todas las cualidades de una gran directora y me gusta mucho trabajar con ella”.

Nacida en Serbia en el seno de una familia de músicos, Kristina nos cuenta que empezó en la música cuando con cuatro años le dieron un violín para ver que hacía y, al parecer, lo cogió tan bien que le dijeron que debía estudiar el instrumento.

En Viena, Kristina vive cada semana de una manera distinta según el plan de trabajo de la orquesta. Además de compartir el tiempo libre con su novio, le encanta bailar salsa, cocinar, aprender idiomas y viajar: “Bueno, y disfrutar de la compañia de mi perro”, añade la violinista.

Realmente, somos muy afortunados por vivir en una ciudad de ambiente musical como Murcia, pero la presencia de Kristina Suklar capitaneando a la OSRM, es un motivo para sentirnos orgullosos de nuestra orquesta y de la gran directora que la hacer crecer día a día.

 

Viernes 9 de febrero, 20 h. Auditorio Víctor Villegas. Séptima Sinfonía de Mahler. OSRM. Virginia Martínez (dirección musical). Charla preconcierto a las 19:25h.

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Una fiesta para los oídos (y IV)
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Carlos Escobar | 04-02-2018 | 11:18| 0

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Un atardecer de Maiernigg, 15 de agosto de 1905. Gustav Mahler entra en casa tras un intenso día dedicado a la composición. Se dirige a la terraza, donde Alma está sentada observando como juegan sus dos hijas, María (Putzi) y Anna (Gucki). Advierte que el rostro de su mujer refleja cansancio y cierto enojo.

Gustav.- ¡Hola familia! ¿Qué tal ha ido el día? (Besa de manera paternal a Alma en la mejilla y se dirige hacia las niñas para hacerles cosquillas y abrazarlas).

Alma.- (Con semblante serio). Te hemos esperado para comer.

G.- (Mientras retira una pequeña hormiga del vestido de María). Lo siento. Estaba enfrascado en mi trabajo.

A.- (Con tono sarcástico). Menos mal que en unos días volvemos a Viena. Cada día me aburro más aquí en Maiernigg.

G.- Pero Almita,… Esta casa, el bosque, el lago,… Mira cómo disfrutan las niñas. El otro día lo comentábamos paseando con ellas…  ¡Somos unos afortunados!. Y además, aquí tengo la tranquilidad necesaria para trabajar liberado del yugo de la dirección de conciertos y óperas …

A.- Si al menos, pasaras más tiempo conmigo. Estoy todo el tiempo sola en este caserón. Nadie viene a vernos porque todo el mundo sabe que no quieres recibir visitas. Tan sólo se atreve a asomar fugazmente la cabeza algún músico impaciente por conocer tu opinión sobre su trabajo … No me extrañaría nada que apareciese un día de estos ese Schönberg que acabas de conocer y que tanto te admira…

G.- (Quitándole importancia a la conversación). ¿Para qué necesitamos las visitas? Aquí estamos los cuatro muy bien. Ya llegaremos a Viena y saldremos a hacer vida social.

A.- (Con aires de ofendida). ¿Vida social? Las últimas veces que hemos sido invitados a cenar, no hablaste ni comiste nada. Ni siquiera contestabas a las preguntas amables de los demás comensales. No me extrañaría nada que este otoño nadie nos vuelva a ofrecer su casa…

G.- (Tumbado en el suelo manteniendo a Gutzi en el aire con los brazos extendidos). Tonterías, solo me comporto así cuando la gente insinúa que mi manera de dirigir es extraña. Esos estúpidos hablan de la tradición vienesa para referirse a la pereza y dejadez de los músicos. ¡Son unos idiotas!

A.- Pero Gustav, ¿no te das cuenta que los músicos son parte de nuestra sociedad y que no puedes hablar mal de ellos en público?

G.- (Dejando a la pequeña Gucki en su sillita y acercándose a cuatro patas hacia Putzi). Esos cretinos son unos mediocres. Piensan que la música es la vaca lechera que les da de comer y necesito una orquesta que se implique más. Además, hablar de ellos me da dolor de cabeza…

A.- Ves, otra vez con tus jaquecas. Pasas todo el día en tu caseta del bosque y ahora te duele la cabeza. Eso cuando no estás leyendo ensimismado, ese odioso libro que siempre llevas encima. Todavía recuerdo el día que nació Gucki. No se te ocurrió nada mejor que leerme en mitad del parto tus Críticas de Kant. No sé si eran peor los dolores del parto o esas parrafadas tan horribles….

G.- (Mirando a su bolsillo y comprobando con satisfacción que el libro permanecía allí). Almita…

A.- Y eso cuando no te ríes a carcajadas cuando lo lees. No sé que te hacía tanta gracia anoche…

G.- (Justificándose en un intento de calmar a su mujer). Estaba leyendo el Quijote de Cervantes. ¡Qué divertido es el capítulo de los molinos de viento! Si quieres te lo recito esta noche….

A.- (Observando como Gustav imita a un perro que empuja con el hocico a María). Eres incorregible. Quizás por eso me casé contigo en contra de los consejos de mi familia (sonriendo para ella misma) … y de la tuya.

G.- (Intuyendo que el temporal doméstico amaina). Por cierto, hoy he terminado de componer la nueva sinfonía.

A.- (Se levanta y se acerca a su marido, al que abraza de una manera efusiva). Oh, Gustav. Eso es fantástico. Estoy deseando escucharte tocar al piano los fragmentos del scherzo.

G.- (Cogiéndola por la cintura ante la mirada atónita de María). No se si te va a gustar la pequeña burla sobre el vals vienés que salpica el movimiento….

A.- Creo que no hay nada en ti que no me guste…

G.- (Tras un beso apasionado). Almita, ¿me ayudarás mañana con las partituras?

A.- Claro que sí. Sólo tienes que servirme un rico desayuno en esta terraza.

G.- ¿Un desayuno romántico con vistas al Wörtersee en el ocaso del verano….? No sé…. ¡Tengo tantas cosas que contarte! La próxima temporada será apasionante con la celebración del 150º aniversario del nacimiento de Mozart.

 

Mahler terminó la composición de la Séptima Sinfonía el 15 de agosto de 1905. La obra se estrenó tres años más tarde en Praga. En Murcia, tendremos la oportunidad de escucharla el próximo viernes 9 de febrero en el Auditorio Víctor Villegas. Quizás estemos ante el acontecimiento musical del año.

 

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Una fiesta para los oídos (III)
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Carlos Escobar | 01-02-2018 | 9:03| 0

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El verano de 1905 fue uno de los más felices para los Mahler. Desde la llegada a Maiernigg en junio, justo el día del primer cumpleaños de Anna Justine, la familia disfrutó de los encantos de la villa construida a orillas del lago. Gustav era poco amigo de recibir visitas con el fin de preservar la intimidad durante las vacaciones estivales. Los paseos vespertinos con Alma y las dos niñas llenaban de momentos dichosos al matrimonio, de manera que no echaban de menos a nadie.

Una de las mañanas en las que Gustav jugaba en la terraza con Maria Anna, cayó en la cuenta de lo diferente que transcurría el veraneo con respecto al año anterior. En aquel momento, Alma estaba convaleciente tras un parto laborioso y decidió quedarse en Viena para cuidar del bebé y recuperarse con tranquilidad. Mahler se marchó solo a las orillas del Wörthersee durante esas siete semanas de junio y julio de 1904 para componer con tranquilidad los Kindertotenlieder sobre poemas de Fiedrich Rückert, la Sexta Sinfonía y dos movimientos nocturnos (Nachtmusik) de lo que sería, más adelante, su Séptima Sinfonía.

Durante su retiro en Maiernigg, el maestro imaginó su nueva obra con cinco movimientos de los cuales los tres centrales escribiría de una forma libre y tendrían un claro carácter nocturno. La ironía sería el ingrediente común de los tres, especialmente del punzante, demoníaco y provocador scherzo, que aunque todavía estaba sin componer, llenaría de sombras al canto a la noche.

Para escribir la primera de las Nachtmusik de la Séptima Sinfonía, Mahler se inspiró en una pintura de Rembrandt que había visto en una visita al Rijksmuseum de Amsterdam. El cuadro era conocido popularmente como “La ronda de noche” y representaba una escena de una compañía de arcabuceros. A Gustav le impresionó el aire grotesco de unos personajes marcadamente desdibujados y que parecían desfilar al ritmo de su canción “Revelge”, que él recreaba interiormente como una danza rústica donde se entremezclarían cantos de pájaros y cencerros de vacas.

En Mahler, un compositor cuyo tiempo estaba por llegar, la ironía tan presente en esta Séptima Sinfonía retornaría a las salas del Rijksmuseum cuando se restauró “La ronda de noche”. La limpieza del oxidado barniz del cuadro, testigo del paso del tiempo, devolvió a la pintura su luz original que realmente evocaba una escena diurna.
continuará….

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