La Verdad
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Autor: Alberto Aguirre de Cárcer
Deuda permanente revisable
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Alberto Aguirre de Cárcer | 18-02-2018 | 7:40| 0

Para llegar a un acuerdo y satisfacer a todas las comunidades, Montoro estudia convertir en perpetua parte de la deuda con el Estado de las autonomías. Mientras no haya solución, el Gobierno regional debería actuar con cautela

Cuando Montoro sentenció el lunes en la comida de los barones del PP que no habría quita para la deuda autonómica, López Miras, contrariado, resopló: «Algo habrá que hacer». Después de que se impusiera el criterio del gallego Núñez Feijóo y del castellanoleonés Juan Vicente Herrera, la frase del presidente murciano sonó como aquella advertencia celebérrima del economista Keynes: «Si yo te debo una libra, tengo un problema; pero si te debo un millón, el problema es tuyo». En otras palabras, que el Gobierno regional no está de entrada por la labor de devolver los préstamos por valor de 6.700 millones recibidos del Estado desde 2012, una cantidad que representa el 80% de la deuda pública murciana. Alega, como es totalmente cierto, que la Región ha estado infrafinanciada, al igual que la comunidad valenciana o la balear, desde que se instauró el actual modelo en 2010. Con los mercados financieros prácticamente cerrados y una prima de riesgo en cotas estratosféricas, Montoro creó en su momento los fondos de liquidez autonómica y de pago a proveedores para rescatar a las comunidades autónomas, pero ahora que llega el momento de ajustar cuentas, como paso previo a la negociación del nuevo modelo de financiación, la batalla territorial entre las regiones cumplidoras e incumplidoras del déficit amenaza con estallar incluso en el seno de las distintas formaciones políticas. Montoro, que conoce bien a Keynes, sabe que con el 56% de la deuda autonómica en manos de la administración central tiene un verdadero problema. Sobre todo ante Bruselas. No puede aceptar la condonación solicitada por la Región de Murcia, Valencia y Cataluña, porque mandaría un mensaje muy negativo sobre el cumplimiento de las reglas fiscales. Pero tampoco puede obviar la realidad de que una gruesa parte de los números rojos de esas comunidades incumplidoras se debe a la insuficiente financiación, aunque no toda, ni mucho menos, en el caso de la Región. Una solución que el ministro estaría barajando sería la eliminación del pago de intereses. Entre otras razones porque es discutible que, en su calidad de prestamista, el Estado obtenga ingresos de las asfixiadas autonomías. Otra consistiría en aplazar ampliamente los vencimientos de la deuda de las comunidades con el Estado, llegando incluso a plantearse, como adelantaba ‘La Vanguardia’, que una parte sustancial se convierta en perpetua, es decir, sin obligación de devolución ni vencimientos. Una especie de deuda permanente revisable. Dicho eso, lo que finalmente sucederá es imprevisible porque Montoro apunta cada día en una dirección diferente.

Pocos asuntos públicos son más áridos y aburridos pero a la vez tan importantes como el debate de la financiación autonómica. Tanto como el pacto educativo o el pacto del agua. La consecución de un acuerdo territorial en materia de financiación autonómica es crucial para asegurar la sanidad, la educación y el resto de prestaciones públicas básicas, que se comen prácticamente los presupuestos de las comunidades autónomas. Desde el inicio de la crisis, la deuda pública española, incluida la de la Administración central, se ha triplicado y alcanza ya los 1,14 billones de euros. El pasado año marcó un récord tras repuntar 37.424 millones, el mayor ritmo ascendente desde 2014. Ya representa el 98,08% del PIB nacional. Una auténtica barbaridad, aunque se encuentra en el límite fijado por Bruselas, gracias al crecimiento de la economía. Pero los bajos tipos de interés no durarán siempre y la compra de deuda pública española por el Banco Central Europeo empezará a paralizarse este mismo año. Entonces, el peso de la deuda se convertirá en un serio problema para todos los contribuyentes.

Algo habrá que hacer, como dijo López Miras. Por la parte que le toca al Gobierno regional, lo primero debería ser actuar con prudencia. Como lo están haciendo muchas familias y empresas murcianas, según se desprende del bajo incremento del crédito bancario, algo inusual en momentos de crecimiento económico. Quizá por la percepción de que el despegue no se ha consolidado, las familias se decantan por el consumo y el ahorro (aquellas que pueden) y las empresas por invertir parte de sus beneficios. Pero apenas se endeudan. El ministro Montoro ya ha advertido que el fondo de liquidez autonómica tiene los días contados, de forma que las comunidades deberán volver a los mercados financieros. Siete de ellas ya lo hicieron en 2017. Especialmente ahora, cuando aún se desconoce cómo será la reforma tributaria que anuncia el Ministerio para sustentar el nuevo modelo (Montoro habla de armonización fiscal del impuesto de sucesiones justo cuando se ha dejado aquí al mínimo posible), o cuánto dinero recibirá la Región si hay acuerdo para un reparto más equitativo, el Ejecutivo regional debería actuar con suma cautela. Más aún al no estar ni siquiera asegurado un pacto imprescindible con el PSOE de Pedro Sánchez.

En este incierto contexto solo el hecho de que estamos en año preelectoral explica que López Miras y su equipo hayan arriesgado tanto anunciando que bajarán el IRPF en el plazo de un año. Hace solo unos días, el consejero Andrés Carrillo añadía que «Murcia será la región donde menos impuestos se paguen», pero «lo haremos de manera paulatina y responsable, siendo conscientes de lo que supone mantener los servicios públicos esenciales». Son mensajes que suenan a música celestial en los oídos de los votantes, aunque no dejan de tener un timbre inquietante en la región campeona del déficit público cuando cada año el Tribunal de Cuentas nos recuerda el ‘agujero’ existente en las cuentas del Servicio Murciano de Salud o nos alerta del rampante gasto farmacéutico. La buena noticia de que la economía regional lideró el crecimiento en 2017 no debe llevar a la precipitación o a suscitar desmesuradas expectativas.

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Auctoritas y potestas
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Alberto Aguirre de Cárcer | 11-02-2018 | 1:42| 0

Miras acierta con un congreso abierto para ganarse su liderazgo. Fue probablemente Ballesta quien le hizo ver la diferencia entre el poder moral basado en el reconocimiento y el prestigio, y el poder político impuesto desde arriba
A principios de semana me llegaron señales de que el presidente López Miras iba a mover ficha. Se especulaba con cambios en el partido o en el Gobierno regional. En ámbitos empresariales próximos al PP ya circulaban incluso algunos nombres de potenciales damnificados, aunque no pasaban de ser meras elucubraciones sobre una posibilidad con razones de fondo para ser ciertas: la perentoria elección de varios ‘caballos de refresco’ en el Gobierno para dotarlo de mayor perfil político de cara a lo que resta hasta las elecciones del próximo año. Pero Miras no soltaba prenda ni siquiera a sus colaboradores más cercanos. El mismo miércoles por la tarde se negaba desde San Esteban a este periódico la posibilidad de que hubiera cambios inminentes. Tampoco en el PP regional se sabía el motivo de la convocatoria urgente de su Junta Directiva. Lo que solo había hablado con Rajoy y Cospedal acabó trascendiendo en la tarde del jueves para sorpresa de todos los suyos, excepto para el alcalde de Murcia, José Ballesta, que estaba en el ajo: la convocatoria de un congreso extraordinario para el 18 de marzo, el primero en la historia del partido a nivel nacional sin compromisarios y donde el presidente regional será elegido bajo la fórmula de un afiliado, un voto. Miras daba un golpe de efecto con el que empieza a purgar el pecado original que arrastra, la designación a dedo de forma apresurada por su antecesor, Pedro Antonio Sánchez, e intenta movilizar al partido para darle la vuelta a los pronósticos más pesimistas. Si todo transcurre como parece, López Miras dejará de ser simplemente Fer y se habrá ganado el liderazgo de los suyos para renovar el ideario del partido, hacer cambios profundos de modos y personas en el interno del PP y establecer una relación más estrecha con la sociedad murciana en base a nuevos objetivos programáticos.

Las palabras del exvicepresidente Juan Bernal en ‘La Verdad’, cuestionando a principios de enero no tanto la idoneidad de Miras como su discutible designación a la búlgara, no cayeron en saco roto. No eran pocos los destacados militantes populares que compartían esa opinión, aunque ninguno se atrevía a expresarla, bien por considerarla políticamente inconveniente o por desidia, comodidad, temor a ser señalado o sencillamente por cobardía. «El presidente debe ser elegido por todos los militantes del partido -aseveró Bernal-. Es un hecho clave que no admite discusión en los tiempos actuales. El presidente no puede resultar elegido en un proceso de nombramiento a dedo sin saber muy bien por qué y cómo se ha hecho. Esa no es la forma en la que queremos tener a un presidente del PP. Si deseamos que realmente transmita ilusión y confianza, tiene que ser alguien que pase un proceso de elección dentro del partido». La entrevista a Juan Bernal agitó el avispero popular, aterrado por el vaticinio que figuraba como corolario de sus declaraciones: «El PP lleva camino de perder las elecciones». Aunque Miras dijo al día siguiente que no había leído las declaraciones, una solemne torpeza porque no resulta creíble, tuvo el buen tino de quedarse con lo mollar, a diferencia de algunos de sus colaboradores, empeñados en desentrañar una conspiración inexistente, ocupación muy habitual en los cenáculos de la política murciana en su ala más pacata. Probablemente fue José Ballesta quien le hizo ver a Miras la diferencia entre la ‘auctoritas’ y la ‘potestas’, el poder moral basado en el reconocimiento o prestigio de una persona y el poder político que se impone por la fuerza desde arriba. Elegido de la misma forma que Pedro Antonio Sánchez, Miras goza hoy de ‘potestas’, pero tiene que ganarse la ‘auctoritas’ ante quienes le ven demasiado bisoño y falto de cuajo político como para llevar a buen puerto un partido desgastado por tantos años en el poder, más desmovilizado que nunca desde 1995 y, en muchos aspectos, desfasado en relación a los vertiginosos cambios sociales que vivimos. Nadie, en definitiva, terminaba de creerse aquello del ‘nuevo PP’. Apostar por un congreso abierto, inédito en los populares, es una decisión valiente, inteligente y acertada de López Miras, que le hace recuperar iniciativa política y ganar enteros, fuera y dentro del Partido Popular. Su eventual elección por los militantes sintoniza con una corriente mayoritaria en la opinión pública, que apuesta por partidos con democracia interna y dispuestos a primar la meritocracia para poder llevar a los mejores a la política. El ‘aggiornamento’ del PP, no obstante, debe ser profundo porque por primera vez sus votantes tendrán en 2019 otras opciones que no les suscitan reparos ideológicos (Ciudadanos y la formación de Alberto Garre). Ahora se le abre al PP una oportunidad única para, de una vez por todas, asumir un discurso creíble sobre regeneración democrática, igualdad y medio ambiente…, y proyectar una visión de futuro para la Región que no incluya solo el agua y las infraestructuras.

Es muy probable que esa renovación de ideas y de caras vaya seguida de un inmediato anuncio de los candidatos para las municipales, al menos en aquellos lugares donde no gobierna, y de una remodelación, parcial o profunda de la composición del Gobierno regional, para impulsar el nuevo relato político que surja del congreso extraordinario. Después de cuatro presidentes en cuatro años al frente del Gobierno regional, los populares han tenido que verse al borde del precipicio para reaccionar y tomar una decisión sensata. Nada tienen garantizado de antemano, pero al menos se han caído del guindo a tiempo para intentar enderezar un rumbo que les conducía al desastre. Políticamente, el asunto empieza a ponerse interesante.

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Carles, déjalo ya
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Alberto Aguirre de Cárcer | 05-02-2018 | 12:20| 0

«Esto se ha terminado», confesó Puigdemont. Y pese a todo persiste el bloqueo institucional en el Parlament para hastío de la resquebrajada sociedad catalana y del resto de España, ahíta de cansera por el omnipresente ‘procés’

En las antiguas misas de coronación papal, el maestro de ceremonias pronunciaba en tres ocasiones la frase ‘Sic transit gloria mundi’ (Así pasa la gloria del mundo) mientras en un brasero ardía fugazmente un fragmento de estopa. Una liturgia que ilustraba al sucesor de Pedro la fragilidad del poder humano y lo efímero de nuestra existencia. Ya antes, cuando los generales de la antigua Roma que volvían victoriosos desfilaban por la ciudad, un esclavo del séquito les susurraba a cada paso ‘Memento mori’ para recordarles que eran mortales y no dioses que puedan hacer un uso del poder que sea arbitrario o contrario a lo dictado en las leyes. Hasta esta misma semana nadie aparentemente musitaba en las filas independentistas de Puigdemont sobre la irrefutable evidencia de que en un Estado de Derecho es imposible investir como presidente de Cataluña a un prófugo de la justicia. Fue el propio Puigdemont, admitiendo descarnadamente su derrota política en mensajes privados enviados a un colaborador, el que en contra de su voluntad ha abierto los ojos a sus pretorianos ante lo que a todas luces es una infructuosa huida hacia adelante en busca de impunidad personal. «Esto se ha terminado. Los nuestros nos han sacrificado», escribía el expresident, abocado tarde o temprano a prisión por orden judicial como consecuencia de un presunto delito de rebelión. No hay otro desenlace previsible para esta efímera república virtual catalana que duró lo que un trozo de lino sobre unas brasas. Y sin embargo persiste un bloqueo institucional en el Parlament para hastío de la resquebrajada sociedad catalana y del resto de España, ahíta de cansera por el omnipresente ‘procés’. Los Presupuestos del Estado, la negociación del modelo de financiación autonómica, el pacto nacional por el agua, el de educación, la reforma de las pensiones… La aritmética parlamentaria ya pone cuesta arriba trenzar acuerdos para avanzar en reformas, pero para colmo de males hasta el más mínimo paso adelante parece bloqueado por la ausencia de un Gobierno catalán legalmente constituido que ponga fin a la aplicación del artículo 155 de la Constitución. España es un clamor: Carles, escucha lo que ahora balbucean los tuyos y déjalo ya. ‘Sic transit gloria mundi’, mindundi.

Viento de cola

Los resultados de las últimas elecciones autonómicas fueron el particular ‘Memento mori’ del PP regional. Recuerda que eres mortal, dijeron los votantes murcianos a una organización política que acumulaba veinte años de aplastantes victorias y parecía imbatible. Lejos de tomar convenientemente nota, entró en una espiral de errores políticos que acentuó su inestabilidad y vulnerabilidad ante una oposición que no deja de poner en evidencia su debilidad en la Asamblea regional. La aprobación de las enmiendas a la ley del Mar Menor demuestra la impotencia del partido mayoritario en una Cámara legislativa donde solo ha llevado tres proyectos de ley en el último año para evitar el vapuleo de sus rivales. Para espantar el fantasma del fin de ciclo que aterroriza en sus filas, los populares se aferran al viento de cola que impulsa la economía y al desbloqueo de las infraestructuras de transporte que ha emprendido Rajoy. La situación dista mucho de ser idílica, pero por primera vez en muchos años el Gobierno regional puede sacar pecho del dinamismo económico. En un año de récord en turismo extranjero, que benefició a todo el arco mediterráneo, la Región de Murcia fue la comunidad autónoma cuyo PIB creció más en 2017, junto a la Comunidad Valenciana y Baleares. Cierto es que estamos lejos en muchos parámetros (nivel de renta, empleo…) de la media nacional, pero es innegable el repunte de una economía murciana que crece con un patrón mucho más sólido que antes de la crisis. No todos los huevos, afortunadamente, están ya depositados en una única cesta. La mayor parte del mérito procede de las empresas, que han sabido buscar y afianzar los mercados exteriores, y de los trabajadores, que con sus sacrificios salariales dotaron de competitividad a sus empleadores. El acierto del equipo económico del Gobierno regional consistió en desplegar adecuadamente las velas y en asumir como ineludible la necesidad de avanzar en la simplificación administrativa, una tarea en la que sí han encontrado el apoyo de Ciudadanos, como sucedió igualmente con la aprobación de los Presupuestos regionales. La cuestión es si el PP regional sabrá aprovechar los vientos favorables para hacer todos los deberes económicos pendientes, que son muchos, empezando por facilitar que la recuperación, en términos de renta y empleo, llegue a las economías de los hogares más castigados por la crisis.

Una ley integral del Mar Menor

Los últimos análisis muestran una sensible mejoría en la turbidez del agua respecto al año pasado por estas fechas, lo que indica que el control de los vertidos de nitratos agrícolas es la estrategia adecuada. Pensar, sin embargo, que el Mar Menor hoy está a salvo sería caer en una imprudencia catastrófica porque el daño medioambiental persiste y ha sido mayúsculo. Convertidas en ley el conjunto de medidas urgentes, toca velar por su cumplimiento y ponerse a trabajar en una ley integral que, con el mayor consenso posible, blinde a la laguna contra todas las amenazas que comprometen su futuro. Va a ser muy difícil en año preelectoral, pero es un mandato social ineludible para nuestros representantes públicos.

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Y sin embargo se mueve
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Alberto Aguirre de Cárcer | 29-01-2018 | 10:25| 0

Si parece un pato, nada como un pato y grazna como un pato, entonces probablemente sea un pato. No hay duda de que aquello fue una arenga clientelar. Pero antes de aclarar qué hay entre lo dicho y lo hecho, el PSOE ya acudió a la Fiscalía

Un par de meses después de que el Santo Oficio le sometiera a juicio por mantener, como Copérnico, que la Tierra no es el centro inmóvil del Universo sino que gira alrededor del Sol, y no al revés, Galileo Galilei se vio obligado a leer de rodillas un texto de abjuración para salvar el pellejo. Cuenta la leyenda que en algún momento posterior Galileo susurró: «Eppur si muove» (Y sin embargo se mueve). Parece poco probable que pudiera decirlo públicamente, por la cuenta que le traía, aunque se sabe que nunca dejó de pensar que la Tierra se desplaza en el espacio. Lo dijera o no, ‘Eppur si muove’ aún se utiliza como frase para expresar que, aunque se niegue la veracidad de un hecho, este es totalmente verídico. La carta de renuncia dirigida al alcalde Ballesta por el exconcejal Roque Ortiz, tras un proceso político sumarísimo, es la antítesis de un texto de abjuración. Niega la mayor, persiste en que todo fue un «desafortunado error verbal» y arremete contra sus supuestos inquisidores, esa «nueva política» que, dijo, «retuerce fácilmente la realidad» y aprovecha la «mentira que se difunde en el anonimato de las redes sociales». Tras cinco días achicharrándose en las nuevas hogueras digitales, Ortiz entonó un «me voy» que deja al alcalde sin uno de los planetas más cercanos del sistema heliocéntrico que conforma con sus más estrechos colaboradores. Sabiendo que está más solo y que la crisis es producto del fuego amigo, Ballesta afrontará ahora el desgaste de una comisión de investigación en el Ayuntamiento. Es lo que toca y procede por cuestión de higiene democrática. Para aclarar qué hay entre lo dicho y lo hecho. De lo primero no hay duda. Aquello sonó como lo que fue: una arenga caciquil y clientelar. Si parece un pato, nada como un pato, y grazna como un pato, entonces probablemente sea un pato. Pero para ir a Fiscalía, a donde ya acudió el PSOE únicamente con lo puesto, faltan los hechos que demuestren una vulneración de la ley. En juego está la alcaldía del municipio que dará la llave de San Esteban en 2019, y la oposición no soltará fácilmente esta presa. Aun a costa de caer en la contradicción de elevar una moción a la Asamblea sobre lo ocurrido en Murcia, como ha hecho el PSOE, y disculpar a su exalcalde de Calasparra, que se jactaba hace siete años en un vídeo conocido ahora de enchufar a un edil de IU, con el argumento de que solo pidió que Esamur contratara para una depuradora a gente del pueblo. Se ve que esa cosa marrana del clientelismo y el caquicismo es una paja que existe solo en el ojo ajeno. Y sin embargo se mueve. Por muchos municipios de todo signo en la Región.

Corredor saturado

¿Se mueve el AVE, ese tren con pico de pato, a alta velocidad o a velocidad alta desde ese centro del universo ferroviario llamado Madrid? Depende. Porque lo que marca la diferencia no es el tren sino el trayecto, las vías y el tráfico compartido. Desde esta semana, los castellonenses tardarán 35 minutos menos en llegar a la capital de España, aunque ahorrarán tiempo (y dinero) si su destino es Valencia y optan por un tren regional o el Euromed en lugar del AVE. Son las paradojas de este carajal de tramos, anchos de vías y saturado tráfico ferroviario compartido que es hoy el Corredor Mediterráneo. Por distintas razones lo que vemos hoy en Castellón, lo veremos con el AVE en Murcia a finales de 2018 o principios del 2019. De Madrid a Alicante (Monforte, por precisar) tendremos alta velocidad y a partir de ahí velocidad alta hasta Murcia. Porque aunque no habrá un rudimentario tercer hilo, como de camino a Castellón, los 62 kilómetros finales están plagados de motivos para pisar el freno. Desde el nudo de Monforte, que se atraviesa a 50 km/h., y tres largos túneles a varias curvas pronunciadas y el tobogán para superar el canal del Trasvase… Sin contar una parada en Elche de seis minutos y otra en Orihuela si hay demanda suficiente… Se ahorrará mucho tiempo, qué duda cabe, en llegar a Madrid en el AVE, pero el tramo Murcia-Alicante se hará a trompicones. Todavía será peor para los cartageneros, pendientes de su tercer hilo, y no digamos para los usuarios de los cercanías que se mueven en dirección a Alicante, obligados desde 2020 a 2023 a efectuar transbordos en San Isidro. Ellos pagarán parte del pato de un Corredor Mediterráneo abocado a su congestión en un par de años.

Mar Menor, eficacia y premura

En dos horas se puede recorrer caminando el sendero circular de Tallante (Cartagena) en torno a su Cabezo Negro. Un paseo muy recomendable por un paisaje trufado de almendros, que algunos empezaban a florecer el pasado domingo. Apenas se ven regadíos en este paraje incluido en la zona 3 de protección en el decreto ley de medidas sobre el Mar Menor, aunque está junto a la rambla de la Azohía que vierte a la bahía de Mazarrón. No tengo dudas de que el vertido de nutrientes, en especial los nitratos agrícolas del Campo de Cartagena, es la causa directa del proceso de eutrofización de la laguna. Y que la primera medida y más urgente debe ser eliminar por completo los vertidos antes de que la catástrofe sea irreversible. Pero veo los almendros secos de esas pequeñas fincas, y dudo de la utilidad, para frenar el deterioro del Mar Menor, de colocar setos que habrá que regar -¿con qué agua?- en unos terrenos de secano tan alejados de la laguna. Da la impresión de que se ha ido demasiado lejos en las enmiendas al decreto con la aplicación obligatoria de iguales medidas en todas las zonas. Ocurre, sin embargo, que, al transitar por la ribera del Mar Menor y ver cómo está, este mismo paseante piensa que toda prevención parece poca. Por eso, diagnosticado el problema, las soluciones deben ser técnicas y científicas, no basadas en impresiones o posiciones personales, e implicando en su búsqueda al sector agro. Parece que no lo hizo el Gobierno ni la oposición. Tampoco sabemos qué científicos han sido oídos y en qué estudios se basaron el decreto y sus enmiendas. Mal asunto porque hay que actuar pronto y con eficacia.

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Miedo escénico
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Alberto Aguirre de Cárcer | 14-01-2018 | 7:20| 0

Si la rebaja del IRPF se lleva a efecto y no queda en un recorte testimonial, Fernando López Miras dispondrá de una baza electoral importante. Pero si no cumple con las expectativas anunciadas, el batacazo será monumental

El miedo a la prisión ha quebrado el bloque independentista y ha dejado solo a Puigdemont con su lunática idea de gobernar Cataluña por vía telemática o, en su defecto, a través de un hombre de paja con boca de ganso. El denostado plasma pero llevado a su paroxismo, esta vez vía Skype.

El miedo a dar la cara tras el vapuleo a Podemos en Cataluña ha mantenido fuera de todo foco durante tres semanas a Pablo Iglesias, que al elegir la calle de en medio entre el constitucionalismo y el independentismo llevó a su partido hasta un callejón de difícil salida en el conjunto del país.

El miedo a un ‘sorpasso’ nacional de Ciudadanos entre los barones del PP ha provocado una cita, mañana en Génova, para fijar un plan de reactivación que detenga la hemorrágica herida infringida en las elecciones catalanas antes de que infecte a todo el cuerpo electoral. A ese encuentro llegan los dirigentes populares sin hacer autocrítica y con el pavor en el cuerpo por la primera encuesta que sitúa a Ciudadanos por encima del PP en intención de voto. Y del PSOE de Pedro Sánchez, que a la vista de las catalanas y los nuevos sondeos, temeroso, ya no reclama a Rajoy un adelanto electoral.

Y es el miedo a que al mordisco electoral de Cs se sume el de la formación de Alberto Garre lo que ha provocado, en buena parte, que el presidente López Miras anunciara esta semana una rebaja del IRPF con casi un año de antelación de su hipotética entrada en vigor. Excepto para Ciudadanos, que vive su momento más dulce, el panorama político secreta todo tipo de hormonas del miedo en vísperas de unas elecciones autonómicas y municipales que están a la vuelta de la esquina.

Dieciséis meses son un suspiro en términos políticos. Especialmente en una región como la nuestra donde los liderazgos políticos son más líquidos que sólidos y todo indica que nos encaminamos a una fragmentación aún mayor del arco parlamentario. La posibilidad real de que el PP pierda el poder (por el desgaste de tantos años de gobierno, no pocos errores de bulto, la circunscripción electoral única y el posterior proceso de alianzas) ha llevado a quien será su candidato autonómico a apostar fuerte con el anuncio de esa rebaja del tramo autonómico del IRPF. Una reducción fiscal, en línea con la bonificación del 99% del impuesto de sucesiones y donaciones, que está en consonancia con el ideario liberal en lo económico que Pedro Antonio Sánchez y ahora López Miras querían imprimir para dinamizar la economía, ahora que crece por encima del 2%, y recuperar de paso, así, el afecto de las clases medias de cara a las urnas. Pero no deja de ser una medida de alto riesgo y polémica porque la Región sigue necesitada de ingresos en sus arcas públicas y va a ser la única comunidad autónoma que incumplirá el objetivo de déficit en 2017. Un año más, el Tribunal de Cuentas nos acaba de recordar cómo fue necesario en 2015 aportar más de 400 millones adicionales a los presupuestados para mantener las prestaciones del Servicio Murciano de Salud.

Es verdad que buena parte de la infrafinanciación estatal procede del injusto modelo autonómico, y que existe una promesa política de reparar esa injusticia para con la Región a lo largo de este año, pero a día de hoy ni están aprobados los Presupuestos Generales del Estado de 2018 ni hay garantías de que el nuevo sistema autonómico de financiación se apruebe en cuestión de meses. Tampoco de que el Gobierno central acepte la propuesta de mutualizar la deuda de la Región derivada del fondo de liquidez autonómica. Y, entretanto, no serán pocas las comunidades que en el proceso de negociación del nuevo modelo echarán en cara al ministro Montoro que la región que más incumple los objetivos de estabilidad presupuestaria vuelve a bajar los impuestos.
Si esta apuesta política le sale bien y la rebaja del IRPF no queda en un recorte testimonial para el bolsillo de todos los murcianos, Miras dispondrá de una baza electoral importante porque prácticamente coincidirá la entrada en vigor de la reforma fiscal con la llamada a las urnas. Si, por el contrario, el presidente no cumple con las expectativas anunciadas, el batacazo será monumental. Cuentan en San Esteban que la propuesta del IRPF tiene el visto bueno de Rajoy (no sería de extrañar que entre las medidas que el PPnacional ponga sobre la mesa haya una reducción de impuestos), pero lo cierto es que hasta que no se aprueben los Presupuestos Generales del Estado todas las comunidades autónomas van a tener una merma mensual en sus ingresos. Y eso aumentará el riesgo de incrementar la morosidad de la administración regional en el pago a sus empresas proveedoras, lo que en nada ayudará a la dinamización económica. Al contrario.
López Miras ha precipitado su anuncio de manera plenamente consciente. Reconoció que aún no se han hecho los estudios necesarios para saber cuándo y cuánto se reducirá el IRPF. Pedro Antonio Sánchez anticipó con meses de antelación que suprimiría el impuesto de sucesiones y López Miras cumplió después con ese compromiso. Por tanto, si se hizo con anterioridad, esta nueva promesa fiscal puede volver a concretarse. Pero esta vez el objetivo es mucho más comprometido porque el Gobierno regional actuará sobre el tramo autonómico de un impuesto estatal que puede sufrir variaciones en Madrid, bien por decisión política del Gobierno central antes de las elecciones o bien durante la negociación del modelo de financiación autonómica. Precisamente, una de las hipótesis sobre la mesa apunta a una mayor cesión de lo recaudado por IVA e IRPF a las comunidades autónomas. De ahí que el objetivo político marcado por el presidente regional sea mucho más complicado que la eliminación del impuesto de sucesiones y donaciones. Miras sabe que tiene poco tiempo para consolidarse y ha decidido jugar fuerte, intentando marcar agenda política desde el arranque del año. Esta es, de hecho, su primera apuesta personal de cierta entidad. Ocurre que el riesgo de una decisión equivocada o precipitada no solo afecta al futuro político de quien hoy está al volante de la Comunidad, sino al conjunto de la sociedad murciana. Es de esperar que esté suficientemente meditada. Lo contrario sería para echarse a temblar.

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