La Verdad

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Autor: Andrea Tovar
El curioso caso de los abstinentes sexuales
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Andrea Tovar | 11-12-2017 | 10:57| 0

'Friends', Netflix, Cap. 804- 'El de la cinta de vídeo'

‘Friends’, Netflix, Cap. 804- ‘El de la cinta de vídeo’

 

He observado un fenómeno en las calles.

No sé si podría llamarse así, aunque en una búsqueda en Google he descubierto que hay libros que recomiendan estas prácticas para conseguir todas tus metas: preservar energía, concentrarse en lo importante. Se conoce que suele recomendarse a deportistas y es imperativa en la vida contemplativa de los religiosos.

Para la aproximación a la abstinencia sexual voluntaria contamos con dos testimonios.

El primero es de mi amiga Ambrosia, nombre en clave de su elección. Dice que le encanta ese nombre. Pues bien, Ambrosia tiene que soportar nuestras burlas continuas porque hace dos años que no moja por decisión propia. Hasta ahora nadie había prestado atención al matiz último. «Por decisión propia». La gente, al oír algo así, suele pensar que eso es una trola mayúscula.

El otro día Ambrosia me contó que se había reunido para tomar café con otras dos chicas que llevaban igual o más tiempo que ella sin mantener relaciones.

Poco después, en otra charla con un amigo, esta vez varón -al que llamaremos Agapito para seguir con los nombres de anciano-, se repitieron argumentos. Él había pasado medio año en el dique seco.

—Estoy cansado de perder el tiempo con tías que no van a ninguna parte— confesó—. Prefiero concentrarme en mí.

«Aquí hay tomate», pensé.

Y efectivamente, lo había.

Ambrosia mantuvo un perfil activo en Tinder durante una temporada. Según cuenta, se divirtió mucho. Sin embargo, y paradójicamente, empezó a sentir que su autoestima se estaba dañando. Porque aunque en un plano físico, las redes sociales y las apps de citas elevan exponencialmente el buen concepto de uno mismo, en una faceta más profunda eso no ocurre.

—Te planteas, en el fondo, por qué ninguno habrá durado más. Después de repasar un catálogo tan amplio, ¿no hay nadie que se interese por mí?

Esta voluntad de «retener» es algo que se achaca generalmente a las mujeres, comentamos. Es el principal motivo por el que los hombres huyen rápido, o nos llaman «locas». Hay una descompensación inicial en las relaciones: mientras que el propósito y culmen de la cita para un hombre suele ser el sexo, la mujer tarda más en abrirse y confiar. Para cuando lo hace, el chico ya tiene ganas de pirarse.

Podría pensarse, por tanto, que esa sensación de «elígeme para tu equipo» digna de las clases de Educación Física de Primaria, es típica en mujeres. Muy al contrario, Agapito habla de ese vacío también. Conocer a hordas de mujeres que no encajen, dice, es algo frustrante. Aunque parece que él utiliza la voz activa para referirse a ello: «ninguna encaja conmigo», mientras que ella usa la voz pasiva: «no salgo elegida».

En otra cosa coinciden los dos: el tiempo que eso resta. Aunque Ambrosia sigue métodos digitales y Agapito es más del cara a cara, ambos señalan que el proceso de cortejo continuo es agotador.

—Es mejor saltárselo. Aunque con las tías eso es más difícil.

Por su parte, en cambio, Ambrosia lo niega:

—Cuando me cansé de las cenas previas, empecé a tirarles las llaves por la ventana para que subieran al piso directamente.

Se siga el método de ligoteo –qué baby-boomer ha quedado eso- que se siga, hay que considerar que siempre va a haber conversación previa por Whatsapp. «Y eso es cansadísimo», concluyen ambos.

 

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Me recuerda a la figura del tonel agujereado que se menciona en el Gorgias de Platón, que representa los deseos inagotables de los individuos: una continua búsqueda de la saciedad, cíclica, repetitiva, sin fin. Además, la presión social inclina hacia esa dirección, la del hedonismo colectivo: ¿por qué, si no, haríamos burla de Ambrosia, con su revalorización del pussy? Esta cultura Inditex, de usar y tirar, de cómpralo barato y devuélvelo si tiene taras, de cómpralo con taras a mitad de precio, también induce a un frenesí de experiencias múltiples y sin gran contenido.

—Lo peor, creo, es que al principio te crees que le importas a alguien. Cuando, claramente, no es así— dice Ambrosia.

Ella echa de menos ese tipo de contacto humano. Nos preguntamos si a veces no se produce una búsqueda de afecto envuelta en una petición de sexo, porque parece que la necesidad de este último ha llegado a ser menos difícil de confesar. Aun así, asegura estar recuperando el amor propio en estos años en que se ha mantenido alejada del mercadeo.

—Si te gusta alguien intentas gustarle tú también. Y para eso tienes que ir modificando cositas que te definen. Al final, si haces eso durante mucho tiempo, dejas de gustarte a ti misma.

Le pregunto si cree que encontrará alguna diferencia sustancial en su modus operandi cuando ponga fin al período de abstinencia.

—No creo— dice—, tengo la sensación de que aún no están asentados los cambios. Me pregunto si no es inevitable actuar siempre de la misma manera. Intentar complacer al otro, y llegado el punto, retenerlo.

Lo que sí señala es que no volverá a usar Tinder, porque la app se ha pervertido muchísimo, según cuenta. «Una vez incluso me ofrecieron dinero por ir a casa de un tío», suelta, asqueada.

¿Y Agapito?

¿Qué tal va Agapito con su abstinencia?

Le llamo por teléfono y parece muy relajado, mucho más que estas últimas semanas.

—Eso de no hacerlo es una tontería— me cuenta—. Al final, si pasas de las tías ni te concentras en ti ni nada, porque estás salido como un mono.

Dos caras de la misma moneda.

 

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Cuando cumplir años ya no mola: the wrong side of 20’s
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Andrea Tovar | 04-12-2017 | 10:25| 0

Cap. 06x06 'Girls' HBO (Full Disclosure)

Cap. 06×06 ‘Girls’ HBO (Full Disclosure)

 

El miércoles pasado cumplí veintiséis años, muy a mi pesar. Cuando soplé las velas, el deseo fue volver a los veinticuatro. Dicen que si lo cuentas, no se cumple, así que acabo de cargarme la última esperanza que tenía.

Como no sabía qué regalo elegir, me pareció buena idea optar por unas gafas de sol de diva trasnochada. El dependiente, que era el genio de la lámpara antes de conceder los deseos materiales, los posibles, especificó:

—A ver, tú lo que quieres son unas gafas estilo Sunset Boulevard. De las de huir de los paparazzis. De las de estar destrozada en rehabilitación.

—Sí. De las de entrar en Mercadona con un chándal y con ellas puestas, como si los focos me molestaran.

—Tengo lo que buscas— sacó un par de gafas y yo las compré.

Decidí que seríamos mejores amigos para siempre por esa conexión fluida que tan necesaria resulta, pero además me hizo descuento, por lo que estuve a punto de casarme con él, y así mato dos pájaros de un tiro y una cosa menos de cara a los treinta.

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Rituales de apareamiento del homo-fucker
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Andrea Tovar | 27-11-2017 | 10:51| 0

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—Oye, por cierto, ¿qué tal te va con ese tío?

—Nada, fatal. Ya me está haciendo la del desgaste.

—¿De verdad?

—Sí. Además me he enterado de que está conociendo a otra.

—Entonces te ha hecho la liana, no la del desgaste.

 

Existen una serie de estrategias que el homo-fucker despliega habitualmente en sus actividades amoroso-festivas. Y, aun a riesgo de ser reduccionista, me he atrevido a clasificarlas y citar paralelismos con el mundo animal, todo ello con ánimo pseudo-científico y cierto cachondeo psico-social.

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Carta a los lobos de ‘La Manada’: si queréis ser hombres, primero sed personas
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Andrea Tovar | 20-11-2017 | 10:43| 0

Vía Tumblr (fuente: shithowdy)

Vía Tumblr (fuente: shithowdy)

No os conozco. Lo único que sé de vosotros es lo que las noticias de vuestros procedimientos judiciales desvelan: un conjunto de hechos probados y vuestros comentarios al respecto, a través de un grupo de Whatsapp. No me cargo la presunción de inocencia, ni yo ni nadie que opine sobre lo que ya se sabe. No hay que esperar a la sentencia de un juez para escamarse con la brutalidad de vuestro modus operandi.

Sé que, antes de protagonizar los incidentes de los Sanfermines, metisteis en un coche a una chica inconsciente. Que grabasteis un vídeo manoseándole el pecho y que os mofasteis de ello en ese chat que recibe de título ‘La Manada’. Sé que tan culpables de aquello sois vosotros como los amigos que os animan a actuar así desde sus respectivos teléfonos móviles. Sé que, aunque tenéis rostro humano, os consideráis lobos. Y eso sois, lobos. Vosotros y todos aquellos que os disculpan o que desvictimizan a quien recibe esas conductas animales.

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Tu habitación habla de ti (y no dice cosas buenas)
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Andrea Tovar | 13-11-2017 | 10:56| 0

Vía Tumblr (fuente: iononsononessuno)

Vía Tumblr (fuente: iononsononessuno)

 

Siempre he tenido una relación muy estrecha con mis habitaciones, casi de cordón umbilical. De hecho, en algún momento empecé a llamarlas «el útero». Decía «me voy al útero» cuando el mundo me sobrepasaba y sentía la necesidad de ponerme horizontal sobre el colchón. Podía pasar allí hasta dos días (sábado y domingo) y medio (viernes), haciendo muchas cosas y nada en concreto, mientras la mesa se llenaba paulatinamente de envases de yogur, tazas de té con el poso ennegrecido y, en fin, platos llenos de migas o restos de salsas pegadas. Era una maravilla. Creo que cualquier persona de entre 18 y 30 años sabrá de qué hablo. Los menores se quejarán porque aún no han podido hacer tal cosa por los pesados de sus padres, y los mayores se alarmarán porque… en fin, porque les da asco vivir así. Por eso no dejan que sus hijos lo hagan.

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Sobre el autor Andrea Tovar
De momento, veinticinco primaveras o un cuarto de siglo, según se mire. Me resulta complicado pitar cuando conduzco, así que vuelco esa ira sobrante aquí. Sin embargo, me gustan más cosas de las que me disgustan: me gusta gesticular cuando hablo, la gente que se sienta en el suelo y los helados de Stracciatella, por ejemplo. El pelo me cambia de color según los posts que escribo. Puedes leer mis relatos en la web de la revista literaria RSC (Relatos Sin Contrato). Para más info de lo que hago, sígueme en Instagram: @atovv

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