La Verdad

img
Autor: Lola Gracia
 Saturno
img
Lola Gracia | 17-09-2017 | 8:05| 0

 

4ca85a8078ecffeb4e8258f3635451a2

 

Tu historia es mi historia. Las vidas se parecen tanto las unas a las otras que se sorprenderían. Y todo el mundo quieren que cuenten la suya. Cuántas personas se han acercado a mi y me han dicho la famosa frase: si te cuento mi historia, escribes un libro. Y con algo de cinismo y mala leche les contesto que no es menester.

En los últimos siete años me han despedido injustamente de un trabajo que me encantaba, han muerto familiares que quería, ha fallecido mi mejor amigo, me han traicionado personas que amaba y me he divorciado. Les ahorro los detalles porque, efectivamente, daría para escribir un libro, pero, sobre todo, porque mi biografía y la de casi cualquiera es semejante y más con el terremoto de la crisis a nuestras espaldas.

 

Escucho la nueva canción de Pablo Alborán, “Saturno”, y pienso que vaya una suerte que tenemos los que contamos con una vena creativa porque el desamor nos viene de perlas. Cualquiera que haya sufrido una o varias rupturas puede deducir que esa canción cuenta, efectivamente, su vida. Los cadáveres del abandono, de los amores rotos, siempre son los mismos: los hijos que no se tuvieron, los lugares que no se visitaron juntos, tantas y tantas fotos que quedaron por hacerse, la casa que se hubiese compartido.

El aborto del amor es el más cruel de los destinos. Es matar a un niño no nacido. O sea, matar la esperanza, el futuro. Aunque claro, como canta Pablo: “tuve tantos momentos felices que olvido lo triste que fue darte de mi alma, lo que tú echaste a perder”.

Si vives en misma ciudad que te enamoraste y te despreciaron todo es un recordatorio permanente: aún se oyen los gritos de amor, no en Plutón, sino en el viejo barrio, en una playa; besos en la calle o en la ladera de un monte…Uno quiere pasar página pero hay demasiados cadáveres aún calientes por todos los rincones.

 

Alborán dice que se interesó por la leyenda de Saturno, el que se comía a sus hijos. Las historias de desamor tienen eso en común: en ocasiones sientes como alguien monstruoso te desolla las entrañas para comerte crudo. ¿A quién se come Saturno? a su propio hijo no nacido.

Los rompeamores son Saturnos. Unos monstruos sin corazón.

No empieces algo si no estás convencido de ello. No utilices.

 

Por otro lado, todos los que somos del signo Sagitario hemos tenido al puto Saturno retrógrado durante 3 años haciéndonos la puñeta. Con todas mis amigas Sagitario lo comento: hemos sufrido debacles increíbles. Unas más que otras. Aún cruzo los dedos para llegar a final de año con vida.

 

Los astrólogos, sin embargo, coinciden en señalar que Saturno es el maestro del Karma: el pasado que regresa a tu vida, conflictos no resueltos y la imperiosa necesidad de ejecutar lo que tantos años atrás has ido posponiendo. Los procastinadores perecen. Saturno te obliga a ordenarte, estructurarte y te da lecciones imposibles de olvidar.

Saturno te pone a los pies de los caballos y a los pies de tus citas a esos tipos que no te convienen —una amiga los denomina follapavas —para que aprendas a esquivar de una jodida vez ese pedrusco.

Todos hemos sufrido“saturnos” en nuestra vida. Esas vivencias que dejan cicatrices en vez de huellas. Todos hemos querido perdernos en la galaxia de los futuros hermosos y hemos dado con los pies en el polvo, sin una ilusión con fundamento que llevarse a la boca.

Lo dicho: tu historia es mi historia y con todas, efectivamente, se escriben muchos, muchos libros.

 

Ver Post >
Fallos de concordancia
img
Lola Gracia | 11-09-2017 | 7:27| 0

fallos

Y la esperanza explota como una olla a presión. Hay caminos de no retorno. Noticias de no retorno. Uno puede sobrevivir a ellas, sobrellevarlas, aprender los días sin esa ilusión que brotaba del corazón. Es inútil que todos te digan: tranquilo, todo pasará. Porque no pasa. O si, pero uno ya no es el mismo.

En la vida todo es cuestión de tiempos, de ritmo y también de concordancia. Un fallo de concordancia es que tu corazón se incline al lado derecho de tu cuerpo. Tu corazón se mete donde no le toca y el resultado es la vida en un puño. Sabes que tarde o temprano algo dentro de ti se resquebrajará.

Un fallo de concordancia es que los habitantes de un mismo pedazo de tierra denominen patria a tierras supuestamente distintas. Un fallo de concordancia es que uno ame y no lo amen. Que uno aporte y los otros no, que tu mente vaya por un lado y tu cuerpo por el suyo: terco y desobediente.

Los humanos somos distópicos y discordantes y ese es nuestro encanto, nuestra magia, salvo cuando esa discordancia conduce al caos.

En los últimos días he visto ejemplos de separatismo por todos sitios; con las amistades, con los compañeros, con las sociedades y con ese parlament que dice representar a todos los catalanes.

Soy la primera a la que le cuesta tomar partido por determinadas personas, por determinadas causas. Me encanta vivir en mi neutralidad y, en todo caso, trazar puentes y conseguir esa meta tan absurdamente ambiciosa de que todo el mundo se lleve bien. Pero hay puntos de no retorno, como el que vive nuestro país estos días. Pase lo que pase, ya nada será como antes.

Hay momentos en los que es obligatorio elegir, tomar partido. Has de apostar por lo que te salva o te destruyes.

La discordancia mata al ser humano. La incoherencia le vuelve loco, bipolar, ansioso. La inconsciencia produce binomios tan antipáticos y sobrecogedores como el de Trump-Kim Jong Un; Por cierto, lean los dos apellidos en voz alta ¿No suena a mascletá? Las palabras son sabias.

Conviene de vez en cuando apearse de nuestro ego, de esas certezas que apenas son ilusiones que —lejos de darnos paz— siembran nuestra vida de vallas insalvables. La cabezonería nos estalla en el corazón, igual que la esperanza. Pero somos nosotros los artificieros suicidas de semejante ruina. Acabemos ya con el terror psicológico heredado, con el auto boicot. Abandonemos esa mecha encendida, la cuenta atrás, la que nos desconcierta, la que nos provoca el insomnio, el estrés, las enfermedades autoinmunes, los miedos inventados. Los miedos que son la trampa mortal más peligrosa que existe.

Nos empeñamos en hacernos listas: para ser feliz, para tener una vida sexual saludable, para adelgazar, para comprar lo imprescindible;tips de ahorro, de limpieza, de belleza; listas de lo que hay que ver, leer, comer. Apps que nos miden el consumo calórico, los pasos andados y los pensamientos perdidos. Para qué tanto. Queridos, en esta vida hay que elegir. Es imposible llegar a todo, no somos súper hombres ni falta que hace. No tiene porque caerte bien todo el mundo y, por supuesto, hay que perder esa manía de decir que sí a todo. Un “NO” ahorra muchos fallos de concordancia con uno mismo y nos pone más guapos y contentos.

Es estupendo querer agradar a los demás pero siempre sin perder de vista la propia coherencia y esa famosa frase de Sam de Sexo en Nueva York: Te quiero mucho pero me quiero mucho más a mi.Esa es la única concordancia imprescindible.

Ver Post >
¿Qué hacías en el 92?
img
Lola Gracia | 31-07-2017 | 7:43| 0

barcelona-juegos-olimpicos-okok

Esta semana se ha conmemorado el 25 aniversario de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. Aquel año fue glorioso por muchos motivos. España brillaba en el panorama Internacional lejos de las futuras FILESAS y MALESAS. Además teníamos la Expo, todos los murcianos regresaban emocionados de los chufletazos de agua que les tiraban en Sevilla para apaciguar el calor. Cuanta modernez y cuanta cola. Todavía éramos inexpertos en Parques Temáticos. No existía Port Aventura, ni Eurodisney, así que eso de las colas para  ver pabellones nos parecía un justo sacrificio en pos del enriquecimiento cultural. Hoy día, sin montaña rusa o waikiki splash no nos esforzamos tanto pero recordad cuando hasta para ver una exposición de Velázquez la gente esperaba pacientemente ¿Qué ha quedado de esa España inquieta y brillante?

Yo por mi parte ni visité la Expo ni las Olimpiadas, trabajé de becaria cubriendo festivales de Flamenco con gloriosas entrevistas a Tomatito, José Mercé, Enrique Morente y mi adorada Merche Esmeralda. El apasionante mundo del periodismo cultural, de noches sin dormir en La Unión. No existían los teléfonos móviles, ni las cámaras digitales. Siempre estaban las socorridas cabinas, aquel tipo del bar que se solidarizaba contigo y no sólo te hacía de cuartel general sino que te invitaba a comer. Incluso si se retrasaba mucho un evento podías dictarle tu crónica a una teclista. Los gallos cantaban al alba y los días eran un tumulto de páginas, personajes y taxistas.

No creo que cualquier tiempo pasado fuera mejor, sin embargo, estoy convencida que la marca España debería rescatar ese espíritu del 92, ese empoderamiento de querer y poder ser los mejores; superar marcas y crear nuevos retos. Hemos de salir del engandulamiento generalizado que percibo en quienes persiguen sus sueños. Lo quieren todo, lo quieren ya pero que trabaje otro. Millenials, os diré un secreto: el éxito fácil es un badulaque de secretos y mentiras. Como viene, se va.

Hay que recuperar ese poderío de Freddy Mercury y Caballé. Como dice Víctor Küper, pon a brillar tu bombilla, enciéndete y lúcete, España. Ya está bien de tanta crisis, que el mundo nos mire y exclame de nuevo: ¡Ole y ole!.

Ver Post >
Come prima
img
Lola Gracia | 24-07-2017 | 7:09| 0

castle-86069_640-1

 

El verano es la estación del descubrimiento. El primer beso, el primer baño, el primer churro, la primera picadura de medusa, tus primeras quemaduras solares, el primer biquini.

Los que tenemos la suerte de vivir con el mar cerca apenas tenemos memoria de esa primera vez que contemplamos un horizonte por la mañana, con el azul en calma y las gaviotas surcando el cielo. Va en nuestro ADN: “porque yo, nací en el Mediterráneo”

El olor a bronceador de coco despierta jornadas memorables con mesas plegables, conejo con tomate y tortilla de patatas. Esa primera vez que no veraneas porque no hay posibilidad y descubres la grandeza de esas reuniones familiares con sombrillas sembradas por la arena que crean la urbanización efímera de los tuyos. Después llegará el otoño y las lluvias pero las risas flotan por siempre en el éter de esa felicidad compartida.

Las nuevas prohiciones playeras, me temo, lo cambiarán todo. Lo de hacer pipí en el agua no es bonito, lo sé, pero tampoco tan grave: el orín mezclado con la mar salada se convierte en otra sustancia química. Alquimia natural, vamos. Ninguna tragedia ¿Cómo detectar a los que perpetran tal delito? Fácil, observa a aquellos que se meten con el agua hasta la cintura y sonrisa de alivio. Me pregunto si las autoridades costeras piensan crear una política batiscafa que vigile los bajos de la gente y alguna lista de sospechosos reincidentes.

Plantar la sombrilla al amanecer para guardar sitio tiene también su punto entrañable. Es lo más cerca que muchos estarán de una verdadera competición en su vida pero ¿Prohibir los castillos de arena? eso sí que no. Es como  prohibir la infancia, como prohibir soñar.

¿Recuerdan la satisfacción del constructor? Aquella primera edificación con cuevas, almenas y vasos comunicantes que llenábamos con espuma de mar y decorábamos con chapinas, piedrecitas y algas?

Esas primeras veces: castillos, besos, bronceador, biquini y picnics vintage deberían ser declaradas patrimonio inmaterial de la humanidad. Esas primeras veces insobornables llenas de verdad, ilusión y brisa nos representan, nos definen. Igual que ese verano sin veraneo jugando a los “Clicks” en el caluroso balcón de tu casa.

Ver Post >
Relaciones no monógamas
img
Lola Gracia | 24-07-2017 | 7:04| 0

Harry, Hermione and Ron are spotted by Deatheaters. They hide and Harry sends Patronus. Hogsmeade. (SC210)

El padre de mi amigo Juan siempre le decía: “hijo mío, esta vida es un saco de cuernos y cuanto antes lo asumas, mejor”

Esta frase sin duda pertenece al último siglo XX, incluso al antepenúltimo siglo XIX. Hoy la cosa es distinta.

Los estudiosos del mundo relacional del siglo XXI proponen un mapa de relaciones a la carta en la que cabe el engaño pero en un grado muy mínimo. El planteamiento general es el siguiente: esto de la monogamia consecutiva suele acabar en divorcios consecutivos, así que, para qué narices nos vamos a complicar la vida con contratos y reglas inmovilistas.

Como en todas las relaciones, la base de esta nueva forma de intercambiar fluidos, pieles y sentimientos (o no) tienen como base un pacto, incluso una definición o una etiqueta.

Hoy día tenemos estructuras familiares antiguas como el sol: la poligamia religiosa (soy mormón o soy el líder de una secta y como tal tengo derecho a un harén) y la poligamia social (se muere mi hermano y me quedo con la propia y con la suya, que no se diga que dejamos tirada a la familia). Pongamos también que a mi me disgusta el Sado Maso pero a él le apasiona, pues yo, como soy tan moderna, le permito que tenga una ama —siempre y cuando le dé latigazos y patadas en la espinilla por ser tan gilipollas— que esa pene sólo se mete en un lugar, en mi lugar para ser exactos. Que yo podría ser ama, pero el latex, el cuero y las fustas me dan repelús.

Luego pasamos a un término que se ha puesto muy de moda en los últimos tiempos: las relaciones abiertas, dentro de este apartado encontramos el ya conocido y polémico poliamor. ¿Para qué vivir con el remordimiento de la infidelidad? Es una inutilidad. Apostemos por la honestidad caníbal:

“Hola Hermenegildo, resulta que me he enamorado de Tomás, pero que os amo a los dos por igual y él me quiere tanto que no le importa compartirme. Además, si en el fondo tenéis muchas cosas en común ¡¡verás que bien lo vamos a pasar los tres!!”. Aquí no hay cuernos, aquí no hay engaño. Eso sí, hay que tener un estómago del Cañón del Colorado para afrontar la situación, e incluso la convivencia  ante semejante panorama. Lo reconozco, debo ser muy antigua, porque si fuera a la inversa, si Hermenegildo me presenta a Sarita puede que la integridad física de ambos peligrase.

Vamos, que los puedo asesinar con un destornillador si es que no encuentro otra cosa más a mano.

Dentro del PoliIamor, como en toda estructura consensuada, hay de todo. De parejas que admiten a un tercero pero asumiendo que es algo muy secundario en su estructura original, a tríadas en las que todos tienen la misma categoría y que pueden ser heteros, homos o bis. Hay estructuras de Poliamor más o menos rígidas, a las que se pueden ir sumando componentes y los hay que lo practican sin orden ni concierto. Sin pactos ni obligaciones.

Dentro de las relaciones no monógamas los hay que “salen con gente” y aquí no media ningún tipo de exclusividad ni compromiso. Pero también hay parejas establecidas en las que se tolera cierta libertad sexual: “tú no me cuentes, que no yo te pregunto”;  En otras se acepta la conocida regla de los 200 kilómetros: “si mi marido se va de viaje tengo permiso para un escarceo”; aquí también podríamos incluir la infidelidad o el sexo de convención. Fíjate tú, hombres y mujeres solos, de viaje de trabajo en enormes habitaciones de hotel con camas dobles.

Entramos en el apartado de los swingers, que son aquellos que apuestan tácitamente por el intercambio de parejas. Los hay que acuden a sofisticadas y carísimas fiestas, como las que organiza la amiga íntima de Kate Middleton dentro de su empresa “Matando gatitos”  (Killing Kittens)  y los hay que practican sexo en lugares de intercambio de parejas pero sólo con su partenaire habitual.

Lo más común, dentro de lo infrecuente, es el denominado swinging cerrado. Cuernos consentidos con una pareja amiga, quizá siempre con la misma; O tríos con compañeros de trabajo e invitados especiales (elementos exóticos que quizá acudan al ágape carnívoro a cambio de emoluentos, o sólo por curiosidad). En este estilo de vida puede pasar cualquier cosa: “como soy tu macho dominante te presto a mi amigo Paulo”;  “O te llevo para que te intercambies con otros mientras yo te observo”

El swinging también se da en el mundo gay,  por supuesto, e incluso en el mundo bi: “Papi se escapa los fines de semana a saunas”. Esto incluso puede entrar en la categoría de “No me cuentes, que yo no te pregunto” .

Están las famosa play partys tematizadas al gusto de cada cual: bondage, sado o felaciones en grupo, como las denominadas fiestas del arco iris, donde chicas con los labios pintados de colores buscan a los machos para darles placer.

Para los solteros empedernidos y amantes de su soledad está la solución de siembre. Y no, no me refiero a la masturbación (que lleva camino de convertirse en una sofisticada práctica, sólo tenéis que echar un vistazo a la cantidad de vibradores y dildos masculinos y femeninos que prometen y logran orgasmos intensos y repetidos), sino al tradicional y casi vulgar sexo esporádico, a los amores de barra y al “si te he visto no me acuerdo”. Esto se está quedando casi tan demodé como la frase del padre de mi amigo.

Hoy se lleva quererse mucho, quizá no de un modo intenso —alejados de los dramas dieciochescos y de pasiones otelianas — pero quererse de buen rollito y compartirse, casi igual que los niños se intercambian los cromos a la hora del recreo.

 

Como soy una mala pero una mala antigua me niego a repartir, a ceder a mi chico para que otra lo domine. Porque para eso ya estoy yo. El único trío o relación de poliamor que mi mente admite es con dos macizos locos por mi, heteros hasta las trancas y dotados física e intelectualmente. A esto le denominaría yo el paraíso de la mala.

Ver Post >
Sobre el autor lolagracia
Periodista y escritora. Responsable de la empresa de Comunicación G Comunicación Creativa, gestora cultural columnista de La Verdad de Murcia y colaboradora de Onda Cero Murcia

Últimos Comentarios

lolagraciaexpo 27-06-2017 | 10:10 en:
La lista de Katy
mesasilla 20-06-2017 | 16:46 en:
Despatarres
mesasilla 20-06-2017 | 16:44 en:
La lista de Katy
mesasilla 15-05-2017 | 06:53 en:
Ciberataques y exhumaciones
mesasilla 01-05-2017 | 14:55 en:
Todo está conectado

Etiquetas

Otros Blogs de Autor