La Verdad

img
Categoría: acoso
Territorio violable

 

los-cinco-miembros-de-la-manada

No sé en qué punto ha fallado la educación para que la violación les parezca una alternativa de ocio a una manada de descerebrados. En la sociedad Occidental criticamos mucho el Islam porque las mujeres llevan burka, porque las casan sin su consentimiento cuando son niñas, porque viven para servir al hombre sin posibilidad de redención.

No miremos tanto afuera. Lo de aquí tiene su miga, oigan.

Atención al escabroso escrito de acusación contra los presuntos violadores, conocidos como La Manada: “bajaron la ropa interior de la joven y le obligaron a realizar felaciones a todos ellos, que también le penetraron, uno anal y vaginalmente, sin usar preservativo y “valiéndose de su superioridad física y numérica” y de la “imposibilidad” de la joven de “ejercer la más mínima resistencia”. Ah, claro, lo grabaron. Este detalle no puede faltar en cualquier agresión de nuestros días.

Por supuesto, le robaron el móvil para que no pudiera pedir auxilio. Los whasaps encontrados donde se especifican lo necesario para consumar la infamia no dejan lugar a dudas. Reinoles “baratos”, burundanga, cuerdas, “porque claro, querremos violar todos”.

Teresa Espuch me animó a escribir sobre esto. Difícil no repetirse a estas alturas. Sólo la reflexión final: cómo se trivializa la violación primero por los imputados y luego por sus amiguitos fieles: “follándonos a una entre los cinco, qué puta pasada de viaje”
—Os envidio, esos son los viajes guapos.

Después, la trivialización llega de manos de algunos comunicadores: La pregunta del periodista Nacho Abad en Espejo Público si “fue sexo consentido o violación” ya es el rizo que hizo estallar las redes sociales ¿Presunción de inocencia? Claro, lo que tu digas, machote.

No somos inocentes. Todos hemos violado a esa joven. Todos somos responsables. Hemos convertido la vida en un puto reality show donde las comidas con los amigos, los platos deliciosos y los encuentros sorpresivos con famosos se retransmiten. Cosificamos la vida. La vida no es nada, es un paisaje de fondo. Lo que cuenta es la foto de instangram o  el video que retransmitimos.

Yo que trabajo en esto, que no tengo más remedio que usar las redes y los medios de comunicación masivos y no masivos he optado por quitarme de la foto. Yo no soy la protagonista. No quiero serlo. Mi vida es algo muy privado y solamente me retransmito cuando siento la paz y el convencimiento necesario para ello.

Las cosas más importantes de mi vida no han pasado por cámaras, ni grabadoras, ni redes. Los mejores momentos están guardados en el corazón y acaso han logrado traspasar al campo de la palabra, o al relato oral donde todo es menos evidente. Quizá también les pase a ustedes.

La mirada de mi hijo recién nacido sobre mi regazo, el estertor del mejor polvo de mi vida, amanecer en el Caribe después de un día de viaje. Nada de eso está en la nube.

Cuando uno es pleno no necesita fotos. Lo del trabajo, obviamente, es otra cosa.

Estos jóvenes, culpables o no —no nos metamos encima en un lío por quitarles la palabra presunto del sujeto—miran en derredor y no ven a personas, si no sujetos anónimos a quién utilizar; territorios violables. Prefieren usurpar a amar. Qué triste. ¿No será más bonito que conquistes a la mujer que te gusta con risas y bromas y no con reinoles?

El corporativismo masculino es deleznable. Lo peor, es que está anclado en nuestro subconsciente. Para muchos, una mujer de sexualidad abierta es una puerta abierta para tu barbarie. Un estercolero donde tirar tu mierda. Un territorio violable, sí.

 

Ver Post >
La bestia sutil

 

 

acoso-sexual-3

 

Siempre sucede del mismo modo. Ellos son hombres poderosos, ellas mujeres vulnerables en pos de un sueño, metidas en carreras de máxima competitividad. Quien no haya sentido la viscosidad del acoso en sus carnes que levante la mano, porque a mi ya me faltan dedos de la mía. Ese superior responsable que te toca el culo, ese señor de altísimo rango que aprovecha cuando te sientas a su lado para tomar notas y deja caer su mano distraída pero férrea en tu pierna, aquel que te pide que seas su novia aunque seas treinta años menor y él más feo que una alpargata, o aquel que, ya que estás de viaje de trabajo, te llevo de vinos y te pido que me des un piquito una y otra vez, una  y otra vez, y te someto a una persecución persistente la semana que estás fuera de casa.

Esto ocurre a diario sin más, de un modo inexorable. Por eso la igualdad de la mujer en los puestos de trabajo sigue siendo una falacia. Porque nosotras queremos prosperar y ellos lo saben. Porque hasta Gwyneth Paltrow guardó silencio cuando Harvey Weinstein se propasaba en sus muestras de afecto. No quería perder su papel en Emma y, no sólo eso, el ogro le dio su rol protagonista en Shakespeare in love y ella lo recordó durante el minuto de agradecimientos cuando recogió su Oscar, así, tan digna. Porque algunas tienen claro que han de pagar un peaje por llegar a lo más alto. O incluso por sobrevivir. Porque ellos saben medir. Weinstein recibía en bata a sus estrellas, completamente desnudo, o las invitaba a un hotel para una reunión y lo que se terciara, pero con algunas llegó un poco más lejos: A Ashley Jud le pidió un masaje.  A otras las violó, como sucedió con Asia Argento. Fin del camino.

No me sorprende el caso de Weinstein, su frente lleva el letrero de “soy un puto acosador. Lo verdaderamente  chocante es el silencio cómplice que les ha permitido a personas como él jugar a ser los poderosos y tu la pringada. Así durante décadas.  Como si formase parte de una convención no escrita. Una regla subyacente en las relaciones labores de determinados hombres con mujeres.

Hemos conocido recientemente las 368 víctimas de acoso sexual de gimnastas rítmicas en Estados Unidos. Las atletas Jessica Howard y Jamie Dantzscher o Mac Kayla Maroney contra Larry Nassar. O el de la gimnasta ucraniana Tatiana Gutsu violada por el campeón olímpico Vitaly Sherboa alos 15 años, quien asegura haberse sentido en una cárcel los 27 que ha permanecido callada.

Este es un círculo vicioso interminable. Dudo que alguna vez llegue a su fin. Tú me necesitas para subir, así que harás lo que sea necesario, y yo pienso sacar tajada de ello. No me vas a denunciar porque no tienes pruebas, pero como me has rechazado una y otra vez, te voy a joder todo lo que pueda el resto de tu vida.

Ellos son culpables, por supuesto, pero hacer la vista gorda es aún peor. De hecho, me sonrojo al recordar algunos casos vividos y me siento incapaz de hacer daño, no al agresor, sino a sus familias. Me digo, total no fue nada, una tontería.

El agresor listo es una bestia sutil, conoce los métodos para que parezca, efectivamente, que no es nada, que es una tontería pero ¿Por qué hemos de aguantar aún semejantes situaciones? ¿Qué culpabilidad o complejo de inferioridad subsiste en nosotras para todavía  tolerar palabras y manoseos fuera de tono ?

 Mujeres del mundo, despertad. El peaje a pagar sólo está en vuestra cabezas.

Ver Post >
Monstruos

Una semana de mierda. Eso es lo que hemos vivido.

Al delito de odio se podría añadir sin empalago el delito de la estupidez que es infinita, como decía Einstein. A esa maldad verde, putrefacta, asquerosa, estéril, inmunda; Al estiércol de bocas y de teclados hay que agregar la estulticia, el desocupo total de aquellos que no tienen mejor cosa que hacer que insultar desde el anonimato, verter mierda sobre el cuerpo de una fallecida, violar el dolor de aquellos que la han perdido para siempre.

Al delito del odio se le adhiere la cobardía de una panda de inútiles que se ensañan con una chica tirada en el suelo y le dan patadas como a un balón de goma. Me trae sin cuidado si era buena, si era mala. Si se lo merecía o no. Así no se lucha contra los chulos acosadores,  de oficio “sus rencores” sin beneficio para nadie. Si ella era una impresentable, una acosadora, una linchadora, lo suyo son las leyes y la cárcel si la merece. Y que se pudra entre barrotes porque los moratones se borran de su piel pero el aislamiento quizá la haga reflexionar.

Me cabrea esa madre que disculpa al inconsciente de su hijo que conduce un autobús escolar con coca en la sangre. No señora. No todo el mundo se droga los fines de semana.

Me horroriza ese chaval que se ha ensañado con cinco chicos de su clase, navaja en mano, porque no aguantaba más el acoso, las descalificaciones y que se metieran con él por ser el empollón del aula.

Ah, casi olvido a ese imbécil de Youtuber que se hace llamar Reset y que le da a un mendigo una galleta rellena de pasta de dientes. Y lo graba. Todo vale para conseguir visitas. Y los desocupaos de turno le ríen la gracia. Y ese pobre señor, que bastante tiene con vivir en la calle, se convierte el hazmereir de una pandilla de descerebrados capitaneados por un mocoso maleducado sin corazón. Me pregunto qué estarían haciendo sus padres mientras esta basura humana perpetra sus videos infectos.

Algo estamos haciendo mal, muy mal. En la época de las comunicaciones, los dedos y el teclado han sustituido al diálogo real y eficaz. La sociedad pantallizada facilita el hecho del odio no abre puertas al conocimiento si no a la destrucción. No enriquece la vida de los usuarios, la envilece.

Gracias a las redes es más sencillo quedar para machacar a una persona ya sea a patadas o con palabras. Los insultos  y vejaciones se vierten con velocidad de vértigo desde los dispositivos viscosos de sus propietarios viscosos que nada respetan. Ni la muerte ajena, ni la vida de los otros. Sus vacíos, sus miedos y su cobardía tumefacta encuentran eco en este caos de gilipollas sin fronteras.

La pantalla no nos devuelve un mundo feliz sino el resentimiento y rencor de mil años que les sale por las orejas a chavales de 15. Ellos, que deberían estar en la meliflua felicidad del que tiene todo por experimentar. En vez de sorprenderse con la vida o descubrir el amor optan por la existencia en diferido, mediatizada por un cristal y una luz que ciega sus ojos por juegos que embotan sus mentes y por líderes de pacotilla, cuyas proezas se ceban con los más débiles.

Pues no. Estos mierdas no pueden salirse con la suya. Han de pagar con dinero, con prisión, con trabajos a la comunidad sus delitos, su depravación y su detestable aportación a esta sociedad.

Yo sólo quiero ver monstruos en las pelis de terror.

 

 

Ver Post >
Sobre el autor lolagracia
Periodista y escritora. Responsable de la empresa de Comunicación G Comunicación Creativa, gestora cultural columnista de La Verdad de Murcia y colaboradora de Onda Cero Murcia

Últimos Comentarios

mesasilla 18-11-2017 | 08:30 en:
Histeria
mesasilla 27-10-2017 | 06:14 en:
La bestia sutil
lolagraciaexpo 27-06-2017 | 10:10 en:
La lista de Katy
mesasilla 20-06-2017 | 16:46 en:
Despatarres
mesasilla 20-06-2017 | 16:44 en:
La lista de Katy

Categorías

Etiquetas

Otros Blogs de Autor