La Verdad

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Autor: Inma
Los días grises
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Inma | 10-12-2017 | 2:56| 0

 

En Bilbao son especialmente bellos. Este color es un continuum en toda la ciudad. Se vincula a su pasado industrial. Sobre todo al acero que tanto bienestar económico trajo consigo.

De tiempos pasados quedan aún huellas. Una es la chimenea rodeada de una explanada de hierba, muy cerca del centro histórico justo donde estaban las industrias Echevarría, que dan hoy nombre al parque. “Antes eran tres chimeneas. Dejaron una a modo de memoria y homenaje”, me contaba un señor mayor que bien conocía esta zona de primera mano.

Seguimos en modo grisáceo

Y el mismo color gris nos lleva al presente. Y todo pasa por la planificación urbanística de la ciudad tras unos años de crisis. El foco se puso en una proyección futura de Bilbao vinculada a la cultura.

Aunque al principio este objetivo se antojaba difícil por ser algo intangible, hay muchos lugares que dan fe bien visible (ver para creer) de haberlo logrado.

Muchos edificios que fueron industrias, hoy tienen una nueva vida, un uso destinado a temas culturales. Una buena muestra es “La Alhóndiga” (Centro Azkuna). En él queda el despacho de su director tal y cómo estaba cuando era un almacén de vino. En este centro aquel sabio lema latino “mens sana in corpore sano” lo cumple a rajatabla: una piscina en lo alto (se la recomiendo, está abierta al público hasta altas horas de la noche); cómoda biblioteca (de esas para leer en un sillón orejero); terraza (también para detenerse)… Ya les digo una parada de esas que uno sale como nuevo, en cuerpo y alma.

Del acero al titanio

niebla1redSi en el pasado el gris lo protagonizaba el acero, hoy esta tonalidad la tiene el titanio que rodea el Museo Guggenheim. Y nos vamos a quedar en su exterior, embelesados en este color.

Ya saben que este museo es rompedor. Sí, literalmente sigue la estrategia de “trasvasar muros”, pues tiene varias piezas de arte fuera de su recinto construido. Una de las más populares es “Puppy”. Hay un chiste local que dice que el perrito llegó antes y que, ya luego, le construyeron su “casita” detrás.

Una parada a lo Marilyn

En otro de sus rincones exteriores podemos emular la famosa escena de Marilyn jugando con el vapor del subsuelo neyorquino; Pero aquí –que estamos en Bilbao-, ¡a lo grande! No sólo a ras de suelo entre las piernas, sino que este vapor recorre todo nuestro ser, de arriba abajo.

Se trata de la pieza de arte extramuros -también de tonalidad gris- conocida como “la escultura de niebla”. Deben prestar mucha atención porque puede llegar a ser “invisible”. Sólo se puede ver y sentir a las horas punta. Luego ya, pasados unos minutos, a eso de y diez, se desvanece.

A mí me encanta porque es la sensación de poder ir caminando dentro de una nube. El mejor lugar para sentir este gran abrazo de aire es paseando por la ría, cerca de la araña “Mamá”.

Una obra de arte que “te acaricia”

niebla3redSu autora es una artista japonesa muy graciosa: Fujiko Nakaya. Su padre era físico, todo un experto trabajando con hielo y nieve. Contaba con un buen maestro en casa a la hora de hacer los deberes. Yo me la imagino haciendo experimentos entre el congelador y el horno con su padre, los dos mano a mano.

La idea de crear obras de arte con vapor le surgió porque en una exposición universal uno de los edificios le pareció muy soso y no le gustaba. Se las ingenió para poder “hacerlo desaparecer” por completo. Una forma sui generis de transformarlo en arte, ¿verdad?

Aquí también en algunas ocasiones el espesor de esta bruma artística puede llegar casi a ocultar el edificio. Me contaba un trabajador del museo que cada día la obra es diferente porque juega con las condiciones meteorológicas y se crea un microclima con un toque muy intimista, según cómo empuje el viento o penetre la luz solar. Ése era el propósito de la artista: “esta obra es una reflexión sobre el cambio”.

Porque Bilbao ha sabido cambiar aquella fuerza motora de la industria por otra dirigida hacia la cultura. Ha ganado el premio a “la mejor ciudad europea para 2018”. He aquí mi felicitación por este “casi Nobel urbanita”.

Sabido es que después de la niebla siempre sale el sol. Por eso los días grises en Bilbao nada tienen que ver con la tristeza. Y sí mucho con la belleza. Y también con el arte.

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Aeropuertos, ¡qué lugares!
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Inma | 24-11-2017 | 7:10| 0

 

El mundo está de nuevo dividido en dos grandes bandos y, no sólo futbolísticamente hablando. ¿Cuáles son las catedrales en el siglo XXI? Unos –los del balón- lo tienen claro: los estadios. La respuesta para otros: los aeropuertos. Como les digo, he ahí la cuestión urbanística que los enfrenta.

Hace poco el arquitecto de la famosa T.4 desvelaba todos los secretos del proyecto. Uno de ellos, bien bonito, era la utilización del bambú, planta flexible y resistente a la vez. Pero sincero, Richards Rogers reconocía la excesiva amplitud del espacio interior. Vaya que a nada que uno se descuide con su café y libro, puede llegar a perder el avión, aunque su puerta de embarque esté… ¡en la misma terminal!

El día que todo cambió

Hubo un momento crucial en el que todos los aeropuertos sufrieron un “giro copernicano”.  Fue toda una acrobacia de marketing. Les cuento cómo fue la voltereta, digo, la estrategia. Estos edificios ya contaban con todas las tiendas abiertas. Pero había un problema. Los pasajeros que llegaban, iban directos a las cintas para recoger sus maletas y en cuestión de unos diez, quince minutos máximo, ya las tenían y, camino al hotel o a casa.

aeroredLa idea fue: “tenemos que lograr que todo este grupo de pasajeros de llegada, pase sí o sí por la zona de tiendas para que puedan comprar o tomar algo en los restaurantes”. Primaba hacer caja. Poca compasión con su prisa por abrazar en destino. Tampoco con el sufrimiento del jet-lag. Y sólo después de “haber hecho el paseíllo del consumo”, ya sí, permitirle que recoja sus maletas. Compasión tardía la del nuevo diseño de los aeropuertos, como ven.

Así las cosas, sin apenas darnos cuenta, vamos siguiendo cual rebaño estos recorridos de flecha por aquí y por allá y, los que vienen como los que van ahora pueden encontrarse en el trasiego de la zona comercial del aeropuerto. Sálvese quien pueda.

Y el día que me perdí dentro de un aeropuerto. Y eso que era de los pequeños.

Yo que me estudié concienzudamente este cambio de ecuación se ve que no hice bien los deberes, pues en un aeropuerto pequeño de Portugal, recién llegada, cómo será que llegué a perderme en todo el trajín de tiendas. Gracias a la ayuda de la señora de la limpieza pude escapar y dar con la salida. Me veía ya como el protagonista de “La Terminal”. No vayan a pensar que soy demasiado peliculera por favor.

Pero siempre hay un toque humano.

Dentro de este laberinto comercial sutil de los aeropuertos, hay también recovecos humanos. Uno de ellos es una iniciativa reciente denominada “Relatos de Aeropuertos”. Sus creadoras empezaron observando a las personas que allí estaban e imaginaban qué historia habría detrás de cada una. Yo creo que todos alguna vez nos hemos visto inmersos en este juego de la observación en los lugares de tránsito. Se dieron cuenta de que podían rescatar esas historias, y pasaron de mirar a charlar con estos pasajeros. Unos días del mes se van a la T.4 con su cámara, se acercan y los entrevistan. Trocitos de estos ratos de conversación los cuelgan en su página web.

(..) Tan gratos para conversar.

Y en este recorrido humano por los aeropuertos, siempre nos quedarán los abrazos de Carlos del Amor que llegan cada año unos días antes de Navidad con sus reportajes en la puerta de llegada para compartir ese momento del encuentro de familiares y de amigos que llevan meses largos –a veces hasta años- sin verse y que a más de uno nos han hecho llorar.

(..) No hay como el calor del amor ‘al llegar’.

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Playas verticales versus Costa Rica
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Inma | 14-11-2017 | 2:32| 0

 

Hace poco tuve la oportunidad de conocer a dos chicos costarricenses que durante los fines de semana de todo un año, aprovechando que no tenían que trabajar, han realizado un inventario de las playas de su país. Compartíamos nominación, junto con Chile, a un premio turístico en la categoría <<originalidad>>. Al final, este curioso catastro de las playas de Costa Rica triunfó.

El día que la economía se coló en una charla

playavertical2redAl terminar la ceremonia de entrega de premios y, una vez superados los nervios que aprisionan el estómago cuando se oye aquello de: “Y el ganador es…”, me acerqué a felicitar a los dos autores de este bonito proyecto. Nada más conocernos, todos confesamos muy sinceros que habíamos seguido –casi de forma intuitiva- muchas de las reglas de economía. La más popular: “vigila y analiza a tu competencia”. Vaya que sí, que sin tapujos reconocimos que habíamos estado inspeccionándonos en secreto.

Hay otra máxima también de economía, quizás más difícil de poner en práctica, según la cual “comparte y acrecienta el saber con los que están en tu mismo sector”, que también de forma espontánea, la seguimos en nuestro duelo turístico Costa Rica versus España. Les cuento cómo la economía se coló en nuestra conversación inicial.

Comenzamos platicando, como no, sobre playas. Su inventario es de esos que te deja con ganas de visitar de inmediato el país (premio merecido por este “factor llamada”, ya lo creo). Pero en este debate amistoso a uno le sale -también de manera inesperada- la vena patriótica y, si se deja llevar, se suma la vecindad civil; Vaya que me subí a lo más alto, porque les hablaba de algunas de nuestras “playas verticales” del Mediterráneo formadas en unos casos por la recopilación de la sal que generosamente nos regala el mar y que hace las veces de montañas y espejismos. Y otras, formadas por arena, que atestiguan el paso del tiempo en sitios donde muchos años antes era fondo marino.

playavertical1redEllos quedaron asombrados porque no conocían por su tierra estas formaciones en altura. No sé si me pasé a la hora de presumir de “mis playas”, pero coincidencias o no, el caso es que uno de ellos vendrá pronto a España y tomó buena nota para visitarlas. ¿Será también el “efecto llamada” desde este otro lado del océano?

También les hablé de las de “arena negra” que tenemos en algunas de las Islas Canarias, donde la lava llega hasta el mismo mar. Y como no, de algunas de la costa levantina -como las de Altea- en las que los de fuera nos quejamos de “las piedras” y, los residentes insisten en tono de humor en que son de arena, pero “gorda”.

Y, después de la economía, se coló también la amistad

Ellos me contaban que en su país, la seña de identidad es que la vegetación llega rozando casi el mar: del verde se salta al agua. A muchas de aquellas playas sólo se puede acceder con un 4×4 (“no hay peligro de masificación”, me tranquilizaban). Y les contaré que en la inspección secreta que yo llevé a cabo antes de conocerles, hay unas de agua transparente donde las tortugas se pasean tranquilamente que… Vaya que yo también he tomado nota de las suyas. Viva la sana competencia que nos enriquece allende y aquende la mar.

Porque una de las cosas bonitas de esta contienda dialéctica playera que les cuento es que terminó transformada en una charla de amigos porque nos dimos cuenta que teníamos algo que nos unía: la grandeza del mar.

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Te invito a “mi” piscina
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Inma | 24-10-2017 | 6:22| 0

 

Sí, con el posesivo en singular. Y no habremos mentido, faltaría más. La verdad que camine por delante. Incluso podemos completar la frase en plan generoso, con aquello de: “Ven cuando quieras”. Esta oración gramatical, así conjugada, la podemos pronunciar “con toda propiedad” en muchos lugares donde “nuestros invitados” quedarán sorprendidos y, por supuesto, a buen remojo.

Las hay a pie de playa

mipiscinaredEn muchas ocasiones es la mano del hombre la que delimita su vaso. Y lo hace a la usanza del tradicional cuadrilátero. Una, con este diseño, nos lleva hasta la Bretaña francesa, al pueblo costero de Saint Maló.

Estas piscinas pueden presumir de aguas tranquilas y sin sobresaltos, aptas para todos los públicos: los que aún necesitan flotador; quienes se pasaron a la colchoneta y los que dominan los cuatro estilos de natación.

Cuando yo estaba en “mi” piscina, vi a una pareja de dos chicos jóvenes chinos que iban caminando por el muro que la separa del mar abierto. Él se subió al trampolín. Yo pensaba que iba a hacer un triple salto mortal para impresionarla. Pero allí, en lo alto, se quedó un rato dubitativo y, volvió a bajar por la escalera. Ella lo abrazó. Y es que las piscinas son tan amorosas, ¿verdad? O, ¿Acaso serán las influencias de David Honey?

Y sí, a veces, aunque sus aguas estén quietas en su interior, ver las grandes olas tan cerca, impone un poco. Tal vez esto le ocurrió al chico. El abrazo fue bien largo.

Otras, por todo lo alto

piscina2redHay otra piscina de esas del posesivo singular con una nota atípica: se encuentra en las alturas. En una cuarta planta. Se esconde dentro de un edificio precioso: el Centro Azkuna “La Alhóndiga” (Bilbao). Mucha gente camina “por debajo del agua” y no se da cuenta de que tiene sobre su cabeza una piscina.

Cuando yo entré, pensé que la luz del techo era natural. Tardé lo suyo en saber que era una piscina. Les hago esta pequeña confesión para que a Vds. no les vaya a pasar.

Como les decía, que es de esos edificios que de tan bonitos, uno a los dos pasos se puede despistar. La planta baja ya es espectacular. El edificio está apoyado en 43 columnas, cada una diferente. Representan las culturas del mundo. Se han realizado con materiales locales de cada una de ellas. Este recorrido por la planta baja viene a ser como dar una vuelta al mundo entero entre “bosques” de mármol, ladrillo, madera y bronce. Y al ir absortos, es fácil caminar bajo la piscina y no advertirlo. Lo digo a modo de excusa, lo sé.

Como nota curiosa les contaré que nunca falta el sol en esta piscina, aún cuando esté lloviendo a cantaros ese día. “Se cuela” siempre en el edificio. ¿El truco? Nada más entrar, en lo alto, hay una fotografía real gigantesca del sol (tomada desde un satélite) que ilumina el hall.

Y, también, tierra adentro

Pero si rizamos un poco el rizo en este recorrido también hay playas que juegan a convertirse en piscinas. Y, sin la ayuda del hombre. Hay una que sabe hacerlo con mucho arte: la famosa playa de Gulpiyuri (Asturias). Por las rocas se cuelan cachitos de mar que se transforma en algo mágico.

El dato sorprendente aquí es localizarla a través de un buscador porque la visión desde el satélite no lo es junto a la costa, sino que señala la ubicación de esta playa… ¡tierra adentro! Ya les digo, mucha magia. Uno puede llegar a pensar que el buscador erró. A mí también me pasó. Y van ya dos confesiones.

Allí la generosidad también puede brotar. Y podemos invitar, pero ahora ya con aquello de “vente a mi playa”.

Y si los sociólogos dicen que una de las frases que todos queremos pronunciar en voz alta es una invitación a una piscina privada, en esta ruta, la generosidad les desbordará. Y ya, la barbacoa la dejamos para una próxima escapada.

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Un paseo con el teniente Colombo
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Inma | 06-10-2017 | 12:56| 0

 

Buscamos siempre lo más grande. Una catedral, un palacio, un estadio… Y a menudo en estas ansias, tal vez por la inclinación del cuello o por la facilidad con la que sucumbimos ante la magnitud de un inmueble, lo más pequeño nos los saltamos. Vaya que ni lo vemos.

¿Y si hacemos un viaje por estos diminutos lugares del mundo? Les aviso que el recorrido va a ser al estilo del teniente Colombo, todo un experto en resolver grandes enigmas con sólo un dato obtenido de los más pequeños detalles. Será nuestro guía pues.  ssred1

La hija

En San Sebastián las barandillas de la playa La Concha constituyen todo un icono de la ciudad. Como dato curioso, la ONCE en una de sus series, la dedicada a representar ciudades con tan solo una imagen, fue esta barandilla la elegida. Pero a mí me seducen también las de esos pequeños parterres en los jardines de otra playa vecina, Ondarreta que parecen casi sus “hijas pequeñas”. De verdad que no exagero, el parecido con “su madre” es asombroso: mismo color, diseño circular, hechas del mismo material… Aquello de mater semper certa est no falla en  estas barandillas.

La hermana pequeña parterre2ss

En París todo el mundo habla de las famosas terrazas. La verdad es que atrapan porque invitan sutilmente a sentarse un rato y ver la vida pasar. Pero, yo ahora –en este interés casi detectivesco por las menudencias de los sitios- soy más de aceras.

Y es que hay algunas que se pasan de atrevidas. Quieren ser también terrazas y ya sólo con las sillas y mesas ocupan todo el espacio. Al final para poder seguir el paseo tienes que jugarte la vida y seguir caminando por la calle. Y claro, en este empeño de parecerse a “sus hermanas mayores”, las terrazas, y con el riesgo añadido de que nos pueda atropellar un coche, vaya que nos tenemos que sentar en ellas queramos o no. Aunque sólo sea por evitar un accidente de tráfico.

El tatarabuelo terrazasred

En Murcia, hay un famoso cruce de caminos donde se encuentran las calles Platería y Trapería que confunde a más de uno, sea residente o turista. En este punto es fácil dudar si seguir de compras, acercarse a la zona de bares, seguir de paseo hacia Alfonso X… Pero si los pies se dirigen hacia la Catedral (que se intuye ya al fondo la fachada y es la cuarta opción de todo cruce), entonces a la altura del Casino merece la pena detenerse para conocer en su fachada a quien ya es casi uno más: “el habitante más longevo de Murcia”. Está a la altura de los ojos, pero al estar adosado a la piedra, calladito, muy escondido, fosilizado… vaya que yo creo que hasta el mismísimo Colombo habría tenido bastante difícil dar con él en Murcia.

Cuánta razón tenía Ramón J. Sender cuando describía el mundo desde la mirada de un turista y decía: “a fin de cuentas los humanos somos una gran familia”. Y es que recorrerlo en su versión XS es casi como estar en familia. 

fosil1No sé si también les pasa a Vds. pero estos “pulgarcitos” casi invisibles del mundo son para coleccionarlos. Se les va cogiendo un cariño… Porque el mundo es grande pero a la vez, es pequeño. Es la gran paradoja. Y bien bonita además. ¿Verdad?

Yo ya, de tan adicta que soy, llevo gafas para ver de cerca. Y sí, Vd. también puede ser un detective. Dicen que este otoño se vuelven a llevar las gabardinas.

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